All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


viernes, 5 de abril de 2024

Aforema 911 Cuestión de preposiciones

 

Aforema 911        Cuestión de preposiciones

 

La vía de la contingencia de Tomás de Aquino remite a una clara dicotomía ontológica: la existencia de un Dios necesario frente a la de un mundo (lo creado) contingente. Solo hay un ser que no puede no ser y el resto de lo existente no pasa de ser un mero accidente: aquello que siendo, podría no ser.  Esta dicotomía no sería operativa en el marco de un planteamiento de corte panteísta, por ejemplo, plotiniano –no hay inicio de lo creado sino que este emana del UNO constituyendo la Gran cadena del ser- o spinoziano: “Por Dios entiendo el ser absolutamente infinito, es decir, la sustancia que consta de infinitos atributos, cada uno de los cuales expresa una esencia eterna e infinita.” Nada hay fuera de Dios, bien porque emana de Él, bien porque lo contiene en su absoluta infinitud.

Evito incursionar en la teología y me remito a lo más cercano, la vida, lo contingente por antonomasia, aquello de lo que habla la filosofía mundana utilizando dos instrumentos literarios que me son muy gratos: el microrrelato y el aforema. Y lo hago al hilo de una cita extraída de un texto de Javier Gomá (precisamente titulado Filosofía mundana):  

“Hay, por un lado, la contingencia de lo que es de una manera pero podría ser de otra…por otro lado, la de ser pudiendo simplemente ‘no ser’." 

 Dicho de otro modo, está la contingencia de la existencia (o no) de un ser o la contingencia de las condiciones que posibilitan el modo de existencia de un ser.  Centrémonos en la importancia de las preposiciones: existe la contingencia DE la vida humana (el azaroso encuentro de dos células haploides, los gametos masculino y femenino) y la contingencia EN la vida humana (el azaroso concurrir de circunstancias y actos que pueden o no cristalizar en un hecho). Por la primera contingencia, somos o existimos; por la segunda, nos definimos o estamos en tránsito de hacerlo (depende de qué nos interese más en un momento concreto). Por consiguiente, lo necesario se opone a lo contingente y este se nutre de lo azaroso. De ahí que el ideal de todo poder no sea otro que domesticar, colonizar o desarticular el elemento azaroso que enmarca nuestra existencia.

Y termino con Spinoza. El filósofo no contrapone libertad y necesidad, sino, más bien, “lo libre” y “lo necesario”. En el escenario que dibuja el entorno en el que actuamos, 

“Se llamará libre aquella cosa que existe por la sola necesidad de su naturaleza y se determina por sí sola a obrar. Necesaria, en cambio, o más bien coaccionada, aquella que es determinada por otra a existir y a obrar según una razón cierta y determinada.” 

Repárese en el carácter aparentemente paradójico de la definición y reflexione, si así lo desea o el tiempo se lo permite, sobre ello. 

 


 


 

lunes, 1 de abril de 2024

Aforema 1716 Un James Joyce de Corvera morando en Aljucer

 

Aforema 1716

Un James Joyce de Corvera morando en Aljucer

The Piano has been drinking, not me

(Tom Waits)

 

¿Qué pretende quien intenta contar algo de un modo “exacto” -cuando la exactitud y la narración siempre mantienen las distancias, las cortas y las largas? Veamos: “Contaré los hechos sin añadidos dramáticos, sin literaturas…” Multipliquemos las contradicciones y abonemos el terreno para que germinen las paradojas. Ir a los hechos como si estuvieran allí, incólumes e impolutos, inmaculados en su presunta objetividad, al margen de la mirada del storyteller, del contador de historias que desde una atalaya privilegiada, transcendente a la realidad observada, se dispone a ¿construir? un ¿relato? sin aliños subjetivos o perspectivas distorsionadoras de objetividades idealizadas. Es decir, hilar sin hilo, unir sin bridas, enlazar sin lazaos o anudar sin nudos. ¿Acaso el autor se siente inmune a la ilusión óptico-moral que implica todo acto de escritura o de lectura? Pero es astuto, taimado, me busca como lector del escritor que se dirige a sus potenciales lectores exigiendo mi/su complicidad, mi/su connivencia a-crítica con aquello que se dispone a relatar. Me lo imagino alzando la vista, contemplando el horizonte de posibilidades, fijando el punto narrativo que disminuya la distancia entre lo exacto y lo narrado, entre el hecho relatado y el hecho tal y como se dio, y, finalmente, iniciando la trama serpenteando por el haz de paradojas que ha forjado su pretensión. ¿Connivencia? Sin lugar a dudas: “No me obligues…no me empujes…No me engañes…” Da la impresión de que el autor está obligando al lector a renunciar precisamente a aquello que va a presentar en su narración: crear un personaje, “cuadrar las circunstancias”, “detallar los pormenores”, “describir”, etc. Quizás nos alerta o fabrica un señuelo para justificar el contenido de su relato, porque este no puede renunciar a aquello que el autor desaloja de su artefacto literario: la presentación, el nudo y el desenlace. ¿Acaso hay otra manera de narrar, de construir una secuencia de causas y efectos que conjuren el poder azaroso y amenazante de lo real? El escritor juega un juego imposible al comunicar al lector que pretende contar sin narrar,  al buscar en el lector un cómplice al que acaba de enmendarle la plana y al que desaloja del espacio literario: “sin concederte importancia, sin acceder a tus demandas…” Así este último es emplazado a ocupar el mismo lugar del que es desconvocado. Ser leído, ¿no es acaso el dulce mal del que intenta eximirse el autor de “Cierto sabor en la boca”? 

 




 

martes, 19 de marzo de 2024

Aforema 2057 Los cronopios y la frustración

 

 Para Isabel, por si sirve de algo.

 Aforema 2057            Los cronopios y la frustración

 

    Es de dominio público, porque aparece en todos los informes elaborados hasta el momento, que los cronopios no conocen la frustración, esa afección del alma que se nutre del fracaso tras el esfuerzo realizado para satisfacer un deseo, alcanzar un objetivo o cumplir una expectativa. Y ello porque los cronopios, a diferencia de los famas, nunca han desarrollado esa otra afección del alma, tan extendida entre el ser humano, que responde al nombre de esperanza. Los cronopios no se desesperan ya que nunca esperan (Hope), para ellos no tener esperanzas no implica que se viva instalado en la desesperación.  Cuando un cronopio no consigue el objetivo que persigue o no satisface el deseo que lo lanza, no se resigna ni se frustra, sino que ensaya diferentes formas de olvidar cuanto antes que hubo objetivo, deseo, camino o senda, expectativa o promesa de epifanía. 

    Mi amigo Arcadio, el dueño del Cluny, que desde hace tiempo forma parte del prontuario de enormísimos cronopios, ha recopilado las diferentes estrategias cronopiotipicas de poner tierra por medio con respecto a la frustración. Yo, que no soy un cronopio, pues me falta valor y audacia para ello, suelo utilizar la siguiente: en completa oscuridad, pongo en el giradiscos el KOLN CONCERT de Keith Jarret para deslizarme en sus notas hasta donde me lleve mi silencio. Otra es la de disfrazarme de miembro de los Village People y bailar MACHO MAN con la coreografía apropiada -Aunque esta última solo cuando estoy demasiado jodido, pues no es conveniente abusar de ella. Dicen que crea adicción.