All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


miércoles, 2 de septiembre de 2026

PECIO 0725: EL JUEGO DE LOS ESPEJOS

 El juego de los espejos

 

I'll be your mirror
Reflect what you are, in case you don't know

(The Velvet Underground) 

 

Desear al otro, y ser reconocido, deseado. Desear ser deseado. La perversión estriba en el deseo ajeno a toda forma de reciprocidad, en el deseo que exige el sometimiento. Sin lugar a dudas, hay un cara a cara de las conciencias -o inconsciencias, qué más da- deseantes. Es cierto que hay lucha, agón y conflicto. La relación se estructura a partir de dos universos subjetivos inconmensurables. La perversión estriba en la exigencia de rendición de una de las conciencias -o inconsciencias-, de la emergencia de una conciencia victoriosa, de que el vencido exprese que su temor fue más fuerte que su deseo. La relación erótica es dialéctica de un modo extraño. No admite la síntesis o superación de la tesis y la antítesis. Dicho de otro modo, es trágica. El amante desea el reconocimiento del amado, es decir, establecer el juego de los espejos y percibirse como amado. Igual ocurre con el amado. Así pues, no hay amantes ni amados, sino amantes/amados y amados/amantes. Y para no dar lugar a equívocos innecesarios, afirmo que no estoy hablando de sexo. Más bien de aquello que escribió L. C. bajo el seudónimo de P. F.:

“Si un día te pido que me entregues tu corazón, no me hagas caso. Casi seguro que morirías y yo no sabría qué hacer con dos. Quizás uno para las sístoles y otro para las diástoles, o mejor, uno para la sangre arterial y otro para la venosa, o tal vez, uno para el día y otro para la noche, o podría utilizar uno en invierno y otro en verano, o el tuyo, fuerte y generoso para mis días altruistas y el mío, algo más mezquino, para mis malas leches. Cómo no me decido y me urge tomar una decisión, mejor no me lo entregues, prefiero que siga en tu interior justo algo desplazado a la izquierda, latiendo sin pausa al ritmo improvisado de una pieza de jazz”.

 


 

PECIO 1702: ALEGRÍA Y DICHA

Alegría y dicha


 Te voglio bene assai
Ma tanto, tanto bene sai
E una catena ormai
Che scioglie il sangue dint' e vene sai

(Lucio Dalla) 

 

Anoche me encontraba extrañamente eufórico e incomprensiblemente optimista. Así que decidí trasladar al papel estas sensaciones a fin de generar en otros espíritus, aquellos que cometiesen la imprudencia de leerme, un sentimiento de reconciliación con el mundo, la vida y los otros. No se me juzgue (o sí, poco me importa), pues, por este arrebato de alegría y dicha, un efecto sin una etiología concreta. A veces, cuando no tengo una palabra o una frase que llevarme a la boca, me anima la idea de cambiarte esta falta por el temblor invisible de un abrazo pleno, por el ritmo inefable del movimiento de tus caderas, por tu mirada honesta o lasciva -la que no me salva, la que no me condena-, por el goce en tu boca del silencio y la trama, por la tentación de ser contigo el verso imperfecto, por la rima asonante que conforman tus ojos y mis inquietudes, por los hilos que tejen nuestros olvidos y por los enredos en los que se confunden nuestros recuerdos, por tu luz y tus sombras, por el gesto que reveló los efectos que se avienen cuando sin alharacas mostramos nuestros sentimientos. Sin una palabra que llevarme a la boca, sin una frase escrita, te propongo un ir y venir de caricias que se citan en cada esquina de nuestras almas con la mirada de un cíclope que se confunde, de nuevo, con el silencio, con el tacto exento del lastre diario de mis laberintos.