El beso
I just want your extra time and your kiss
I want to be your fantasy, maybe you could be mine
(Prince and the Revolution)
En el principio fue un beso, un beso profundo. Un beso profundo diagrama un espacio imposible de localizar, un tiempo que ya no se mide en horas, minutos o segundos. No hay fenomenología, noesis o noema que pueda desvelarlo. Quien lo probó, lo sabe. Después, la entropía lo transformó en otro tipo de beso. Un beso en el que los labios se encuentran como ocurre en la cita de la ITV o en una consulta médica: cita obligada por las condiciones que impone la DGT o las disfunciones del cuerpo. Un beso cuyo único sonido es un tétrico y desolador silencio. El silencio que impone el hábito de besar sin beso. La implacable sumisión a la praxis protocolaria de juntar los labios cuando la ocasión lo exige sin una pizca de cuánto te echo de menos. Un beso entrópico ya no es un beso esférico o un beso-verso o un beso escrito digno del final de un buen verso. Un beso en el que ya no se sabe qué sabor tiene un beso. Un beso entrópico exilia al beso ciclópeo que fundía la mirada hasta cerrar los ojos para gozar con intensidad del instante en el que se cancelaba el mundo y solo existía el profundo beso.
