DESEO Y REALIDAD
The things you think are useless I can't understand Are you reelin' in the years? Stowin' away the time
(Steely Dan)
Qué puñetera manía la de confundir los deseos y la realidad. Como si dispusiésemos de una taumaturgia con el poder de plasmar en la realidad aquello que surge de la cosificación de nuestras carencias. La mente humana se ha especializado en postular hipóstasis y quimeras a fin de mitigar el absurdo, la contradicción y las paradojas que forman parte de la existencia humana. No es menos notorio su capacidad para construir ilusiones -que se transforman en alucinaciones, ideas peregrinas o falsas representaciones de la realidad. La mente humana es una máquina de producir supersticiones, de generar prejuicios o un cierto automatismo de las certidumbres que operan como sucedáneo del conocimiento y bloquean el acceso a la interrogación y a la duda. La credulidad es la norma, la duda, la excepción. De ahí la mala prensa del escepticismo. Toda la mecánica de la distorsión, de reproducción de representaciones ilusorias se fundamenta en las idea de sentido (objetivo) y en la indigencia material o intelectual que la nutre. Idea que cristaliza con la complicidad del lenguaje. La idea de sentido (objetivo) es el fruto de una proyección de nuestra conciencia o subjetividad en la mecánica del universo. Lo específico del ser humano es ser consciente de lo que le afecta, pero ignora el carácter multicausal de esa afección. Así, construye ilusiones que miden la realidad en función de sus deseos.