A medianoche, algunos cronopios se ponen melancólicos y sentandos en el suelo y con la cabeza entre las piernas dicen cosas como: “amo tu ausencia” o “me gusta cuando hablas porque entonces no estás presente”. Después, se dejan llevar por sus propias palabras y se sumergen en un estado de embriaguez mística que preocupa al resto. Como lo cronopios jamás se recriminan cosa alguna, comienzan a hacer gestos que han copiado de las películas mudas de Buster Keaton y Charles Chaplin. Durante un tiempo sólo se oye el sonido del silencio, el ruido que producen los movimientos de las manos y de la cabeza, hasta que el cronopio sale de su estado y los mira y sonríe como siempre, como si no hubiese pasado nada. Se celebra una fiesta a la cual se invita a los famas y a las esperanzas. Los famas llegan a la fiesta preguntando qué ha pasado y pidiendo explicaciones. Es su forma de ser, piensan que el mundo es “fámico o no es”. Las esperanzas siempre ejercen de sí mismas y esperan que la situación se resuelva por sí sola. Saben que en realidad nunca pasa nada, que sólo son palabras y que las palabras son como el humo: se dicen y desaparecen.
Publicación del libro “Gestos en la noche. Historias de represión, erotismo
y sociabilidad LGTB+ (1971-1979)”, escrito por Javier Fernández Galeano,
miembro del HUM-536
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