No se conoce, entre los cronopios, ningún caso de crimen pasional ni de suicidio por un amor frustrado. El concepto de “amor platónico”, tal y como funciona en el lenguaje cotidiano, es absolutamente desconocido. Cuando un cronopio dice “estoy enamorado”, un silencio sepulcral se instala en su lúdico y mágico mundo. Sus iguales se miran entre sí, incrédulos, pero sin mantener la mirada más de unas décimas de segundo. Sin mucho ruído levantan las alfombras y fingen que no ha pasado nada y que cualquier cosa que pudiese pasar podría se escondida en ellas. Después, comienzan a cantar en diferentes lenguas, unas existentes y otras inventadas, hasta que el estribillo, que es el mismo para todas las canciones y para todas las lenguas, provoca en el cronopio afectado un sentimiento tal de ridículo que le lleva a abrazar uno a uno al resto y a unirse al coro de voces que le reprendía por sus excesos. Entonces, todos los cronopio continúan cantando y baliando toda la noche como si no hubiese pasado nada.
CINE / LA RESIDENCIA, DE YANN GOZLAN
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Curiosa coincidencia en las salas cinematográficas del excelente documental
sobre Orwell, *Orwell: 2+2=5*, y la francesa *La residencia*, y más
curios...
Hace 1 hora
