
Mi compañero de café y conversación, en horas de hastío académico que pasan despacio en este cementerio de inquietudes, es un poeta. Su libro es el mejor testigo de mis palabras: LAS ALAS EN SU SITIO. Y lo firma Miguel Galindo Abellán. Ya se lo comenté una vez; no soy lector de poemas, me abismo en los versos, en la profundidad de sus símbolos, en la arquitectura de ese renglón que roba el espacio al silencio. Aquí os dejo algunas muestras de su arte y su ritmo, aquéllas que mi mirada secuestra ahora que es de noche y ya no hace tanto frío. Son fragmentos, sólo eso, ni más ni menos.
Un beso en tu frente, caricia temprana,
da vida a tu cuerpo de nácar y enero,
abriste los ojos...y amanecí.
He descubierto
que el tacto es la memoria
más amarga, cruel y duradera.
La sombra de una hormiga eclipsa el mediodía.
Y, de momento, mis favoritos:
Y ahora que la vigilia
duerme a mi lado
pinto en el techo
su nombre.
¡Que os aproveche!