Comenzaré con un exabrupto: la felicidad es proporcional a la desesperanza
que se es capaz de soportar. Y quisiera precisar que estar desesperanzado no se
identifica con estar desesperado. El desesperado es aquél que confundió sus
propios deseos con la realidad. Y se equivocó al adoptar dicha actitud. No
tener esperanzas no significa estar desesperado, sino, más bien, no vivir presa
de la ilusión existencial que conduce a una interpretación errónea de la
realidad. No tener esperanzas es síntoma de lucidez, apunta a una visión optimista de la vida y
configura un modo “cronópico” de mantenerse ligado estrechamente a la realidad.
La expectativa es más real que la esperanza, la cual se anuda a una distorsión
del presente ordenándolo a un futuro improbable. La expectativa, sin embargo,
nace de una relación sagital con el presente. La esperanza “espera”, la
expectativa nos lanza hacia el futuro sobre la base de una acción que excluye
la ilusión y se mantiene firme en la conciencia de la viabilidad de lo probable
ante la impostura de lo imposible. Ya no me gusta hablar de cosas imposibles
porque de lo posible se sabe demasiado. Me temo que se debe abandonar el
terreno de lo imposible y explorar todo aquello posible que una vez abandonamos
por cobardía, temor o, simplemente, pereza. Me temo que aquí el poeta también
se equivocó. Yo, por mi parte, no sé si acierto. Hace tiempo que decidí formar
parte de ese grupo de “junta-palabras”, admiradores de Albert Camus, que admiten
como única norma el considerar que, se diga lo que se diga, siempren creen no
tener razón.
La metamorfosis de los pájaros
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Bodegones del recuerdo, imágenes de paso, árbol de la madre, plantón que
hace de vela firme en el mar de la memoria poética, las metamorfosi...
Hace 50 minutos