All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


martes, 9 de junio de 2026

Pecio 1000: Soledad y/o Compañía

Soledad y/o compañía 

 

Non, je ne suis jamais seul avec ma solitude

(Georges Moustaki) 

 

Lo leí o lo escuché, no lo recuerdo. Es lo de menos. Leí o escuché que hay dos situaciones realmente insoportables para el ser humano: la soledad y la compañía. No es más que un susurro, la seductora voz de la soledad. No es más que un imperceptible impulso a romper los lazos que nos unen al mundo y a los otros, una fuerza invisible más potente que la necesidad biológica de saciar el hambre o la sed. Muestra su rostro y sus rasgos son definitorios: la soledad es el hambre del alma y la sed del espíritu, una ficción saturada de realidad, origen de la vida y destino de toda existencia, vampiro insaciable que nos desangra con sus caricias. La soledad: cara y cruz, revés y derecho, acción y reacción, atracción y repulsión, tan necesaria como despreciada. Estar solo y sentirse acompañado, sentirse solo y estar acompañado. Qué necesaria la compañía, sin otro no hay yo. Decía el filósofo: el infierno son los otros. Y quizás se precipitó en su sentencia al no reparar en el infierno que representa el yo. La cuestión es si se comparte el infierno o cada uno tiene el suyo particular y propio. Valga la reflexión para caracterizar la otra incógnita de la ecuación: el cielo.