All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


miércoles, 10 de junio de 2026

PECIO 0628: FICCIÓN (YO interior o exterior)

FICCIÓN: EL YO INTERIOR O EXTERIOR

 

Una canción sin alma (una fabulación)
Un alma sin canción (una fabulación)
Es el mundo en calma (una fabulación)
Era nuestra ilusión (una fabulación)
...
Mi propia canción (es una fabulación)
 
(Nacho Vegas) 

  

DIGO “yo” y creo que he fijado la solidez de lo que soy en una palabra, olvidando el carácter fetichista del lenguaje. La metáfora espacial del yo recoge el rédito que le proporciona su circulación en el mercado de las ideas y los desvaríos. Se habla de un yo exterior (ego), superficial, máscara de nuestro ser social alimentado por convenciones y protocolos. Y se habla de un yo interior, profundo, verdadero, solo accesible a la aletheia fruto de la introspección. Como si este “yo” (o yoes) que se me impone e impongo no fuese más que una ficción que inventa la noche y sus sombras, las que gritan y las que callan, las que esperan y las que sellan pactos o alianzas con la memoria y el olvido, la realidad y la ficción, la inmediatez del presente y la incertidumbre del futuro. Ficción que no cesa de interrogar a un interlocutor ausente. La respuesta que no llega, apurada la copa, nos marchamos o nos echan de una realidad que se evapora, de un drama irresoluble o una comedia con visos de tragedia. Eso sí, hay ocasiones en que la alegría se sirve en un vaso bajo con dos cubitos de hielo -recuerdos del DYC cuando nos bebíamos la vida, aunque la copa estuviese vacía. Ficción resuelta en el imponderable azar y en la radical contingencia: invisible presencia e implacable ausencia. Decimos yo como si fuésemos inmunes a su disolución en los ojos de la mujer que amamos, del amigo con quien confraternizamos o del desconocido que aceptó sin violencia la moneda que dejamos caer sobre su miseria. Ficción que se proyecta sobre las delebles huellas inscritas en esa extraña gramática de la existencia que se alimenta de los ecos definidos por la conjunción de las expectativas, los deseos y las renuncias. Nuestro alimento es lo cotidiano, el detalle, el momento, el instante…aquello que expresó, mejor que yo, el poeta: “Benditos sean los instantes y los milímetros, y las sombras de las cosas pequeñas”. Las manos-caricia, los dedos-rostro, el tacto de tu espalda, alma-cuerpo o carne marcada en la que se escriben historias, sin apenas percatarse de que está escribiendo la suya propia. Y en ella están tus ojos que rompen en mil pedazos mi mirada para crear nuevos universos y nuevas vidas en los que la luz se filtra a través de tu pupila para iluminar la ficción que soy y la realidad que me atrapa. Y cuando tus ojos se cierran, cesa la luz, acaece el silencio. El torpe silencio de tu ausencia, el que se muestra avergonzado por su incapacidad para invocar tu presencia.