All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


martes, 6 de octubre de 2026

PECIO 1208: REALIDAD

 Realidad 

 

Let me take you down
'Cause I'm going to Strawberry Fields
Nothing is real
And nothing to get hung about
Strawberry Fields forever
 
(The Beatles) 

 

    Es indudable que la realidad es una construcción social (en perpetuo proceso de reconstrucción) y la sociedad una realidad que se construye y se reconstruye. No es un juego de palabras, aunque lo parezca. Admito la distinción entre fenómeno y noúmeno de Kant. Sostengo una concepción fuerte de lo fenoménico y una débil de lo nouménico. No soy lo bastante narcisista como para pensar que lo real es una proyección de mi mente, por muchos cerebros y muchas cubetas que se presenten en el extraño mundo de los experimentos mentales. Ahora bien, a mi juicio, decir que la realidad es una construcción social no significa despojarla de valor ontológico, sino, más bien, defender que hay un conjunto de “hechos” sociales, instituciones y normas, implantadas y operativas, que funcionan como si fuesen algo objetivo e independiente del interés y conocimiento humanos. 

    Esto es fácil de observar en cuestiones vinculadas a la normalidad o anormalidad de una conducta moral, a los hábitos de vida o los gustos de la gente. La idea es que las sociedades (o quien ejerce el poder en las mismas) generan formas de realidad que adquieren un carácter objetivo, externo e independiente de sus condiciones de emergencia. Una forma emergente de conducta social se convierte en habitual, se institucionaliza y cristaliza en una práctica inscrita en la normalidad. De hecho, el proceso de socialización de todo individuo implica una fase de aprendizaje de prácticas sociales y otra de interiorización de las mismas. El objetivo es minimizar la presencia del azar en beneficio de un orden determinado. Así se garantiza la gestión de los conflictos en el marco de un orden social que tiende a distanciarse de su origen. Los roles sociales estructuran la voluntad identitaria de los individuos pues permiten actuar según unas referencias más o menos precisas. Pueden cambiar los modelos, pero siempre dentro de unos límites y unos términos que los designan. El modelo de familia se ha diversificado en los últimos años, a pesar de la extensión del referente, el término sigue siendo el mismo. Decir que la familia es un constructo social no es decir que sea algo fruto de la imaginación sin ningún referente empírico u ontológico. Es entender que su operatividad depende de instituciones, reglas y prácticas comunes. Igual ocurre con el dinero. La realidad, en cuanto constructo social, no es humo, es un entramado existente realmente conformado por ideas, creencias, relaciones sociales, instituciones y sistemas proveedores de significado. 

     ¿Qué ocurre con la ciencia? Veamos un ejemplo: el átomo. Se ha conservado, paradójicamente el término, pero ha cambiado aquello que referencia. Para Demócrito es una partícula indivisible; para Thomson una partícula divisible en núcleo y electrones. Rutherford describe un modelo planetario: los electrones giran alrededor del núcleo. Bohr añadió las órbitas circulares fijas o niveles de energía de los electrones. Sommerfeld propuso órbitas elípticas. Si hasta entonces los electrones eran considerados entes materiales, Schrödinger los describe como dualidades onda-materia. La referencia átomo se ha modificado sustancialmente, no obstante, se mantiene la palabra. La versión acumulativa de la historia de la ciencia diría que el conocimiento científico se va aproximando cada vez más a una descripción objetiva, verdadera y real del átomo. Pero ¿cómo sabemos esto? No sabemos si el modelo actual del átomo está más o menos cerca del presunto átomo real. Para saber que nos aproximamos, deberíamos tener una imagen detallada de aquello que se persigue. No la tenemos, ergo, la construimos.

Ian Hacking distinguió entre categoría (elemento gnoseológico estructurante de la realidad) y fenómeno designado por la categoría. De tal modo que lo construido sería la categoría y el fenómeno sería lo real. No obstante, conocemos el fenómeno mediante la categoría. Es más, la categoría es la que concede valor ontológico al fenómeno. Entonces, ¿qué se construye? ¿La categoría o esta y el fenómeno? Otros, como Bourdieu y Foucault, han centrado su atención no tanto en la cuestión de la construcción de la realidad como de quién tiene el poder de imponer una determinada concepción de la misma. Lo dejo aquí, estas cuestiones exigen un nuevo pecio.