All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 24 de mayo de 2018

Aforema 2259 AMISTAD



Las palabras y las cosas, el lenguaje y los hechos, vocales, consonantes, y más palabras, frases, discursos, libros, bibliotecas, y más allá, o más acá, permanece indiferente el mundo, el universo hecho de tantos fragmentos, de trozos de tiempo quemado, de piedras, de calles, de cuerpos, de sueños, de ideas y pensamientos. Y más allá ese otro orbe, el mundo de los otros, de todos y cada uno de los otros que no son ni tú, amigo mío, ni yo. Y más acá, pero siempre cerca, estamos, tú, amigo mío, mi amigo, y yo, siempre transitando los laberintos de nuestra frágil identidad, reconstruyendo cada día una existencia endeble con fragmentos de sueños que se evaporan al contacto con la realidad, recreando una vida que comienza ya a ser más de renuncias que de conquistas. Y entre lo hallado y lo incierto, amigo mío, nuestra amistad, la mirada amable al anticipar un descalabro, el gesto que capta una disonancia en el devenir de los afectos, una copa improvisada a ritmo de Jazz, de Blues, de Soul, o la libertad de abrir el alma y evitar su caída en los momentos de desconcierto. Amigo mío, mi amigo, desde aquellas experiencias ubicadas en las aristas de nuestras vidas, un sonido se eleva, etéreo hacia el cielo. Nos reconocemos en el espacio diagramado por una voz, una sonrisa o un abrazo. Esos instantes densos en los que la eternidad penetra el presente para evitar someternos a la tiranía del tiempo. Las mil y una variaciones en la melodía, las rupturas, las suturas, los cambios, las improvisaciones, los meandros que describen nuestras vidas no pueden cancelar el valor de nuestro mutuo aprecio, respeto, cariño y devoción.


miércoles, 23 de mayo de 2018

Aforema 1025. El encendedor



EL MECHERO O ENCENDEDOR

No es lo mismo intentar encender un cigarrillo

Que prenderle fuego a un corazón

Aspirar el humo en el juego que establece 
cada sístole y cada diástole de este extraño  y
esdrújulo músculo que desconoce la quietud

En el que cada calada se acompasa al laberinto

De emociones que emanan del movimiento rítmico

De los dedos al manipular ese pequeño artefacto

Llamado mechero o encendedor

No es lo mismo intentar encender un cigarrillo

Que suscitar una llama en la mirada

O incendiar el alma que se oculta en su interior



lunes, 21 de mayo de 2018

Aforema 1941 Revisited



Words for my paredro

Me senté frente a ella, que en esos momentos leía abstraída, y observé todos y cada uno de sus gestos: la mano que apenas roza el papel al terminar de leer una página, la caída de los párpados sobre la claridad proyectada por la luz que penetra a través de la amplia ventana que da al jardín, sus ojos intentando descifrar el silencio que contiene cada frase y cada verso. Me abismé en la profundidad de sus ojos, en los laberintos de su piel, en el pelo rizado que descansa sobre su nuca invitándome a un beso o a una caricia. Me senté frente a ella y pensé en algo que había dicho horas antes sobre las relaciones humanas y las manipulaciones recíprocas que las constituyen y le dan forma, también sobre el sentido de la vida o más bien las razones que tenemos para otorgar sentido a nuestros actos, y me di cuenta de que mi metafísica de escuela pseudo-existencialista no resistía la verdad que proyectaba su mirada sobre el horizonte en el que se barruntaban las líneas forjadas por nuestros acordes y desacuerdos. Me senté frente a ella, la miré, la admiré, y continúe amándola.  





Manuela



“Manuela” es la forma femenina de Manuel. En la Biblia se nombra a Jesús de Nazaret como Emanuel: “emmanu-El”, con el significado de “Dios estará con nosotros”.

“Madre” quizás sea una de las palabras más bellas que ha producido el lenguaje. Siempre recuerdo las palabras de Rudyard Kipling: “Dios no podía estar en todos sitios y, por tanto, hizo a las madres.”

Manuela es mi madre, también es abuela y bisabuela. Manuela es de ese tipo de personas que con su presencia hacen que la vida sea más amable y fecunda. Su gran tarea siempre fue proteger a su familia. Fue herida en las mil batallas que sostuvo contra la adversidad y el destino, pero nunca fue derrotada y se mantuvo firme cuando los vientos del infortunio se aliaron para vencerla.

La vida le dio motivos para vivir en el resentimiento, para no contener la ira y dar rienda suelta a su cólera. Pero, Manuela, madre, abuela y bisabuela, respondió siempre a la desventura con amor, serenidad y templanza. Con esas armas, Manuela, mi madre, tiene asegurada la victoria. Con estas virtudes, es fácil querer a Manuela: madre, abuela y bisabuela. Ninguna persona puede hablar de felicidad si no integra en su vida el intento de hacer feliz a su madre. Cierto que, en ocasiones, parecemos distraídos y distantes con ella, pero ello es debido más a la torpeza que al desinterés o la maledicencia.  

Quizás la más terrible de las desgracias, el acto más bárbaro sea no amar a una madre. No obstante, por mucho que la amemos, nunca llegaremos siquiera a rozar todo el amor que ella nos ha dado, todo el amor que ha derramado sobre sus hijos. En cuestiones de amor, frente a una madre, no pasamos de ser meros aprendices.