Ceuta
Todas estas cosas
Había una vez
Cuando yo soñaba
Un mundo al revés
(Paco Ibáñez)
Ceuta es hoy el lugar físico y metafórico en el que se dan cita las ideologías, los intereses partidistas y electoralistas y la masa dispuesta a manifestarse contra quien toque y armada de banderas e insultos. Todo sea por la democracia, que, como París, bien vale una misa. Como si de dos grupos de fanáticos de equipos históricamente enfrentados se tratase, los políticos y sus acólitos (ignorantes de a pie, periodistas a sueldo e “influencers” de mucho morro y pocas neuronas) clavan su pica en el enclave norteafricano (pero tan español como el barrio de Santa María de Gracia en Murcia, evidencia que insiste en repetir diariamente la ministra de turno) hablan, mienten, tergiversan, distorsionan la realidad y las palabras de su adversario. Mientras tanto, el amigo marroquí reivindica lo que nunca fue suyo y amenaza sin palabras con provocar otra oleada de migrantes sin papeles, sin camisetas y sin dignidad, pues ya se ocupó el monarca autoritario de despojarlos de todo rastro de humanidad. Los ministerios se enfrentan sin que se les caiga la cara de vergüenza, la oposición aprovecha para hacer efectivo el “en río revuelto, ganancia de pescadores, los neonazis aprovechan para sacar su violencia castrada por la falta de autoestima y los complejos de inferioridad y los wokes proclaman su cosmopolitismo con el lema “papeles para todos” mientras toman sus cócteles (no molotov) en sus chaletes de la sierra. Vaya atajo de sinvergüenzas no ha tocado vivir. Aquí ni unos ni otros asumen su responsabilidad. En la playa de El Trampolín se dan cita los inmigrantes, los ceutíes, los policías, el ejército, los periodistas y algún que otro político para celebrar el advenimiento de la estupidez, la inoperancia y el desatino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario