Riso con polpo
And they stood upon the lawn and listened to the silence
It's the wind in the willows and the piper at the gates of dawn
(Van Morrison)
Es una de las conjunciones existenciales que los Hados ignoran, las Moiras desconocen y las Parcas desatienden. Es una aproximación de caracteres o personalidades que tienen en común una cierta tolerancia a la ironía, al sarcasmo o, como dice uno de ellos, a la burla y el escarnio. En sus almas se encuentra inscrito un mismo bolero, aquel que dice algo así como “si tú me dices ven, lo dejo casi todo”. Es una intersección de tres historias sin concesiones al agotamiento, la evasión o la decepción. Frente a un arroz con pulpo, la conversación sigue las pautas de una pieza de jazz. Ahora es el saxo el que busca un hogar para los sueños que aún perduran, los otros ya se quemaron. Después, una nota del trompetista se suspende en el aire e inicia un acercamiento a otra, afilada como una daga, que ha brotado de un trombón olvidado en algún rincón del Tremé. Tres notas en caída libre sobre los comensales, una invitación a seguir con el ambicioso proyecto de vivir de un modo implacable, sin concesiones a la nostalgia o a la autocompasión. Las notas penetran hasta lo más profundo de las entrañas, se introducen en el flujo sanguíneo y retoman el ritmo improvisado de la pieza de jazz en cada sístole y diástole del extraño músculo que las anima. Un latido rítmico impulsado por un piano que no cede en su empeño de imponer un cierto orden entre tanto desvarío, entre tanta alegre improvisación. Es la nota trágica de todo encuentro y de toda relación. La tensión constante entre orden y caos, entre lo real y lo ideal, entre pedir o no otra botella de vino. El piano cede en su empeño, sus notas no han podido evitar la presencia de un nuevo “Protos” sobre una mesa en la que no se dirime ninguna cuestión, no se arbitra ninguna solución y no se negocia ninguna tregua. Art Tatum jamás se rindió, ahora participa en el evento y reinventa la idea de que el caos no es sino otra de las formas que adopta el orden. El trío jazzístico acaba de convertirse en un cuarteto: el etimólogo que, como el rayo, no cesa; el peciósofo que, como Sísifo, no descansa; y el perspicaz que, como el flautista de Van Morrison, siempre toca en las puertas del alba. ¿El cuarto? El instrumento de cuerda que marca el ritmo de la pieza que pone música a la amistad.
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