La chispa 2
How I wish you were here
We're just two lost souls
Swimming in a fish bowl year after year
Running over the same old ground
What have we found?
The same old fears
Wish you were here
(Pink Floyd)
Llevó su tiempo, pero ocurrió sin que se diesen cuenta. Al principio, fue ese extraño, o más bien diferente, sabor en la boca cuando sus labios rozaban su cuello. Después, una cierta perplejidad generada por el tacto: el roce ya no motivaba un contacto más intenso. Más adelante, ¿adónde fue a parar ese olor tan suyo del que solo queda el recuerdo? ¿Y los gestos? Brazos que ofrecen y reclaman abrazos, manos que trazan rutas en otras manos, bocas que gritan por unos labios, su pierna rozando tu pierna mientras el camarero sirve la cena, los ojos ciclópeos sobre tus ojos borrando el entorno hasta dejaros solos. Un abrazo en la oficina de objetos perdidos solicita audiencia para alojarse en un cuerpo. Un beso olvidado en un tren de cercanías compra un billete para una boca, aunque sea de metro. Una piel ajada sobre una roca de una playa desconocida busca el barco que la lleve mar adentro. Un gemido adherido a las cuerdas de un piano quiere integrarse en la sinfonía, pero el director de la orquesta ha decidido romper el ritmo y la melodía. Nada que lamentar, se dijeron. ¿Acaso no siguen existiendo las bocas, los labios, los cuellos, el tacto, la memoria, los abrazos, los cíclopes, los ojos, la música…? ¿Qué se hace con ellos? Llevó su tiempo, tardaron en darse cuenta de que una chispa podía desactivar los viejos miedos.
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