ESPAÑA 1 - (Portugal 0)
No hay una piedra en el mundo
Que valga lo que una vida
Y a nadie le di permiso
Para matar en mi nombre
El mismo suelo que piso
Seguirá, yo me habré ido
Rumbo también del olvido
Y no hay pueblo que no se haya
Creído el pueblo elegido
(Jorge Drexler)
No participo de los “ismos” al uso. Ni siquiera del nacionalismo tan extendido en nuestros días. Las instituciones evolucionan o involucionan, se desarrollan o se estancan, se regeneran o se destruyen. Como todo lo que existe, no son inmunes al paso del tiempo. La institución “ESPAÑA” es una de ellas. En estos asuntos me declaro utilitarista: acepto el modo que mejor funcione, es decir, que mayores beneficios económicos y culturales aporte a ese ente ilocalizable e inefable denominado “PUEBLO”. Las grandes palabras que forman parte del entramado ideológico nacionalista me importan bien poco: orgullo, patria, identidad…Comparto con un célebre profesor de literatura contemporáneo que la ideología es el refugio de los pobres. Los ricos no tienen ideología, tienen dinero. Así, me adhiero a la sentencia de un no menos célebre literato anglosajón: “Patriotism is the virtue of the vicious”. Y siempre tengo presente la frase apócrifa atribuida a Blas de Lezo: “Todo buen español debería mear siempre mirando hacia Inglaterra”.
Dibujado el contexto, paso al comentario. He releído IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA de María Elvira Roca Barea: un libro que solo los necios podrían considerar irrelevante. Un libro necesario que desmonta el conjunto de tópicos que pesan sobre España y los españoles. Roca Barea no escatima en referencias de todo tipo - historiográficas, literarias, pictóricas y cinematográficas- para mostrar la intensidad con la que ha operado la voluntad política antiespañola que nació con el Imperio español y continúa en la actualidad. Es el libro de Roca Barea un texto esférico, es decir, finito en su composición e ilimitado en su proyección. Es un libro que invita a una relectura constante por su contenido y por su capacidad de concitar adhesiones y ahuyentar desafectos. La leyenda negra hispanofóbica –me anticipo a la crítica y asumo el pleonasmo- ha generado una imagen de España caracterizada por los siguientes rasgos: intolerante, inquisitorial, retrasada, tiránica, bárbara, genocida, lúbrica, voluptuosa, demoníaca, tenebrosa, pícara, traidora, incapaz, lujuriosa, etc. Los adjetivos no son gratuitos, proceden de las acusaciones que históricamente han sido vertidas sobre los españoles desde la atalaya que brinda la historia falseada y la gran máquina propagandística de los países de mayoría religiosa protestante: modelos falaces de tolerancia y libertad universal.Desde el principio, la autora deja clara su posición contra las posiciones imperiofóbicas. Y quizás no exageraría si calificase su punto de vista de imperiofílico. La eclosión de los imperios tiene a su juicio una justificación antropológica y socio-política, pues establece una relación directa entre el éxito evolutivo de la especie humana y las estructuras jerárquicas de organización sociopolítica. Es lo que llama ley de gravedad social. La premisa es discutible, pero no los resultados que obtiene en la investigación que lleva a cabo en el libro. La hispanofobia o leyenda negra consiste en un conjunto de opiniones –disfrazadas de cientificidad- infundadas contra España que manifiestan la inferioridad de los españoles frente a otros europeos que se consideran mucho más civilizados. Es, a juicio de la autora, opinión infundada antiespañola. Es una clase de racismo vinculado a la época imperial que se ha mantenido en el tiempo camuflado de verdad y de respetabilidad intelectual. Los prejuicios antiespañoles no nacen de los hechos, sino de la voluntad de proyectar los primeros en los segundos para distorsionarlos y falsearlos.
(Continuará)
PD
A todo esto, de nuevo recurro al celebre profesor de literatura mencionado al inicio para acabar este pecio. Todas estas elucubraciones son secundarias frente a la certeza (quizás una de las pocas que tengo) de que invertir en salud y en amor es siempre más rentable que hacerlo en otras cosas, pues el amor es el único idealismo que el ser humano se puede permitir.

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