Y dijo un cronopio: "Una idea, una certeza que jamás es siquiera rozada por la incertidumbre es una idea muerta". El resto de cronopios lo miraron incrédulos, jamás habían visto algo parecido, o quizás sí, pero en otros como, por ejemplo, los famas. Los cronopios hicieron un nido donde cobijaron al que profería palabras tan extrañas. No se preocuparon mucho, porque ellos saben que estas situaciones son pasajeras y suelen deberse a los cambios de tiempo y a las corrientes de aire. Calentito y arropado por sus inefables compañeros, el cronopio volvió a tararear las melodías del enormísimo cronopio y todo quedó en un mero incidente sin importancia.
Cuando los cronopios van de viaje, encuentran los hoteles llenos, los trenes ya se han marchado, llueve a gritos, y los taxis no quieren llevarlos o les cobran precios altísimos. Los cronopios no se desaniman porque creen firmemente que estas cosas les ocurren a todos, y a la hora de dormir se dicen unos a otros: "La hermosa ciudad, la hermosísima ciudad". Y sueñan toda la noche que en la ciudad hay grandes fiestas y que ellos están invitados. Al otro día se levantan contentísimos, y así es como viajan los cronopios.
Historias de cronopios y famas, Julio Cortazar
CINE / LA FURIA, DE GEMMA BLASCO
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