De los caprichos de la memoria y el olvido
He ahí tus caderas en una danza que emula el aleteo de una mariposa sobre mi sexo, la imposible geometría de un movimiento que se derrama sobre mi cuerpo. He ahí tu pecho que quema la tristeza de ser y no ser en el entramado azaroso que dibuja la vida. He ahí tu sexo, el muro contra el que se estrellan mis inquietudes teñidas de desasosiego. He ahí mi sueño, perdido en el laberinto de tus besos, en aquel gemido instalado en mis entrañas que luego fue grito, grieta, huella imborrable de tanto amor y tanta sombra y tanta lágrima en el llanto que no cesa, y tanta lágrima de alegría inmensa. He ahí tus ojos que me hablan de la felicidad, fugaz como un orgasmo: su presencia es la aurora de su inmediata ausencia. He ahí los ritmos y las rimas en el desván donde se cubren de polvo los recuerdos, en el sótano donde fueron a parar los labios huérfanos de besos. Coincido con el poeta: "Somos tristeza, la hazaña es la alegría".
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