
Fuerza, expresividad, ritmo, blues y eternidad, brotando de las 88 teclas de un piano.
Comenzó coqueteando con los sonidos que conseguía arrancarle al viento, sujetando una trompeta que acabó por arrancarle de las manos la tuberculosis. Entonces, le puso los cuernos al viento y se lió con las cuerdas en un affaire que se prolongaría a lo largo de toda su vida, o mejor dicho, con los sonidos que inventaban Teddy Wilson y Art Tatum.
El piano de Peterson se lamenta e inmediatamente después se embriaga de su propia incontinencia. Peterson alza las manos y acaricia las teclas, entonces se produce un milagro: la música y el silencio.
Oscar Peterson o un guiñó a la improvisación, un ademán en el que se adivina el genio creador de sonidos, la elocuencia coqueteando con el virtuosismo.
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