All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


martes, 30 de marzo de 2010

LA FALACIA VICTIMISTA


Sufro.
Mi pueblo ha sufrido.
Mi sufrimiento es la herencia que me ha dejado mi pueblo.
Ni mi pueblo ni yo podemos ser juzgados como el resto de los pueblos o de los individuos. La historia avala mi certeza.
Las injusticias de las que fuimos objeto, yo y mi pueblo, yo por el sufrimiento de mi pueblo, justifican las injusticias que yo o mi pueblo cometemos en el presente o cometeremos en el futuro. Mi maldad es el efecto de todo el dolor que se me ha causado por el sufrimiento al que fue sometido mi pueblo. El mundo está en deuda conmigo (y con mi pueblo, de cuyo dolor soy usufructuario) y todas mis reivindicaciones se fundamentan en el derecho que me asiste por el dolor que se me ha causado. No exijo nada, pues a todo tengo derecho.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

"No pareciera haber crimen posible merecedor de sanción moral por parte de las elites progresistas y sofisticadas en occidente que un palestino pudiera cometer. Él puede disparar a matar a una niña de meses, hacer estallar en mil pedazos a estudiantes en una universidad, transportar explosivos en ambulancias, ocultar bombas en mochilas de escolares, apedrear a conductores en plena ruta, linchar a reservistas, asesinar a un ministro en plena capital, aplaudir misiles que aterrizan en Tel-Aviv declarar a los cuatro vientos que él exige Palestina desde el río al mar, y puede estar seguro de que las almas nobles de occidente siempre encontrarán una explicación apologista para su acción. Es lo que Pierre André Taguieff -autor de "La Nueva Judeofobia"- califica como el "neo y seudo palestinismo, condiciones en las que la denominación étnica 'palestino' funciona como un epónimo o seudónimo de toda víctima a la que se supone (o que se supone a ella misma) inocente". El confortable rol de víctima le da el derecho a odiar, matar y destruir, porque él es un desposeído, un oprimido, un humillado, y en consecuencia tiene derecho, es merecedor del buen trato de todos los corazones sensibles y de las buenas conciencias.

Este es el "pietismo hipócrita" de las elites snobs europeas que Oriana Fallaci critica con dureza en su magistral libro La Rabia y el Orgullo. Es el falso pietismo que el escritor francés Jean Genet epitomizó con su "todos somos palestinos" como muestra de afecto por los palestinos, al escribir:
"La elección que uno hace de una comunidad privilegiada... es una elección que se verifica por medio de una adhesión no razonada, no porque la justicia no tenga en ella su lugar, sino porque esa justicia y toda la defensa de esa comunidad se realizan en virtud de una atracción sentimental, tal vez incluso sensible, sensual; soy francés y, sin embargo, por entero, sin crítica, defiendo a los palestinos. Tienen el derecho de su parte, dado que les amo.".

El dramaturgo, hijo de puta, chapero y, posteriormente "homosexual delicado por dentro y rudo por fuera", fue enterrado en Larache (Marruecos)por voluntad propia -¡cuánto les tiran las chilabas a estos goytisolos!-.

El "todos somos palestinos" de Jean Genet también contiene un elemento de lo irracional, sólo que en sentido inverso. No es el repudio al "nuevo y mejorado" pueblo, sino una declaración publica de amor incondicional por quienes a esta altura ya se han convertido en el pueblo elegido de la neoizquierda fundamentalista.

La reversión de víctima y victimario es imperativa para el sostenimiento de la caricatura antinorteamericana. El imán de Bolonia ejemplifica con estas palabras el punto: "Fue la derecha norteamericana la que abatió las dos Torres Gemelas y ahora utiliza a Bin-Laden como tapadera. Si no fue la derecha norteamericana, fue Israel. En cualquier caso, Bin-Laden es inocente y el peligro no es Bin-La­den: es Estados Unidos". Al imán le preocupa una sola cosa, y no es la verdad, sino que quede bien claro que el peligro es Estados Unidos. (Al autor de este ensayo le tocó presenciar en Ginebra a una periodista palestina que, a los gritos, decía a un auditorio de periodistas y diplomáticos que Osama Bin-Laden no era musulmán... sino judío).

(Spitfire).

Paco Fernández dijo...

El argumento de Genet simplemente es una estupidez: "tienen el derecho de su parte, dado que les amo." El sentimiento no otorga derechos ni a los palestinos ni a nadie. Y quien justifica así su posición no merece que se le dedique ni un segundo de nuestro precioso tiempo.

Un saludo.

Anónimo dijo...

Pues no te comas de vista al imán de Bolonia ajustando a regla, cartabón y escuadra su escupitajo más repugnante en "falacia victimista": "Fue la derecha norteamericana la que abatió las dos Torres Gemelas y ahora utiliza a Bin-Laden como tapadera. Si no fue la derecha norteamericana, fue Israel."

(Spitfire).

Anónimo dijo...

La polaca Wislawa Szymborska -Nobel en 1996- ha publicado "AQUÍ" (Bartleby, 72 pp, 15€), 19 poemas de una mujer de 87 años. Y en uno de sus poemas propone, explicando, qué es un terrorista. Contra la especulación político-semántica, dice:

"Se pasan los días pensando
cómo matar por matar,
y a cuántos matar para matar muchos.
Fuera de eso comen con apetito,
rezan, se lavan los pies, dan de comer a los pájaros,
hablan por teléfono rascándose el sobaco,
se detienen la sangre cuando se cortan el dedo,
si son mujeres compran compresas,
sombras de ojos, flores para los floreros,
todos bromean un poco cuando están de humor,
beben zumo de naranja sacado de la nevera,
por la noche miran la luna y las estrellas,
se ponen los auriculares con música tranquila,
y duermen apaciblemente hasta el amanecer
-a menos de que eso en lo que piensan tengan que hacerlo de noche.....-"

Wislawa Szymborska nos advierte: son personas normales y corrientes; no los demonicemos: humanicémoslos. Sólo así cobraremos conciencia exacta del horror.

(Spitfire).

Anónimo dijo...

Flecos de la amplia e interminable "FALACIA VICTIMISTA" con rebaba de cemento armado.
Ultimísima notícia:

El dirigente palestino y miembro del comité negociador de la ANP Nabil Sha’ath ha calificado la orden para encarcelar o deportar a los residentes de Cisjordania que no tengan un permiso emitido por las autoridades de Israel de “LA PEOR MEDIDA RACISTA” adoptada por el Estado judío.

“Esto permitirá, por ejemplo, que el mando militar israelí considere infiltrados a palestinos que vivan pero no hayan nacido en Cisjordania, a niños nacidos en Cisjordania de padres de Gaza y a mujeres de residentes en Cisjordania”, denunció Sha’ath, quien anticipó que la ANP va a desplegar “una campaña ante la comunidad de naciones” para tratar de frenar en los foros internacionales la disposición israelí, revelada hoy por organizaciones humanitarias de ese país.

Según las ONG denunciantes, la nueva ordenanza militar israelí entrará en vigor el martes y su redacción es tan general que, sobre el papel, podría permitir las deportaciones masivas de habitantes de Cisjordania, donde viven cerca de tres millones de palestinos.

El jefe negociador palestino, Saeb Erekat, también condenó la medida en un comunicado en el que afirma que “son ordenes militares propias de un Estado de apartheid” y que suponen “una afrenta a los principios más fundamentales de los derechos humanos”.

Sírvanse sacar sus propias conclusiones.

(Spitfire).

Anónimo dijo...

De "VIVAN LAS 3 CULTURAS", autor: Serafín Fanjul.
(Publicado en "libertaddigital.com"


"Si usted, llevado del buenísmo o la desinformación, aun cree en esa ficción conocida por convivencia (exquisita) entre culturas, armonía de religiones o, últimamente, con la boba denominación "Alianza de Civilizaciones" prohijada por un oportunista sin escrúpulos, le sugerimos que vea la película Ajami (producción Israel-Alemania, 2009 y dirigida por el israelí Yaron Shani y el palestino cristiano Scandar Copti). Con ello no le estamos anunciando otra buena nueva (otra más) o incitándole a creer en una variante de catecismo para escépticos. Simplemente, el filme nos sitúa ante la crudísima realidad presente en cuanto nos zafamos de las declaraciones de los políticos y la búsqueda y trinque de becas y subvenciones de los antropólogos.

El escenario es un barrio (Ajami, pronunciado ‘Ayami) de la ciudad de Jaffa en el que sobreviven familias árabes, en conflicto permanente entre ellas mismas por motivos económicos, de delincuencia o de intolerancia religiosa y donde casi de manera tangencial y escasa aparece algún judío, con los inevitables choques de esperar, hasta en el plano personal. La película no es sólo una denuncia social –que lo es– sino, sobre todo, una fría exposición (pese a la emotividad y violencia de no pocas escenas y pasajes) de la entelequia nociva y arrasadora de vidas humanas que significa creer en tales embelecos: ni siquiera entre los árabes musulmanes hay convivencia exquisita.

Una explicación simplista y cómoda –muy del gusto de los políticos árabes y de quienes por acá les hacen coro– es achacar el origen de todos los males a la existencia del Estado mismo de Israel ("los judíos nos robaron las tierras", "los judíos nos expoliaron", "los judíos nos persiguen", etc.). Naturalmente, si los árabes se extorsionan y asesinan unos a otros es por culpa de Israel; si la mera posibilidad de matrimonios mixtos entre cristianos y musulmanes es una fantasía exótica que puede conducir a la muerte, también es cosa de Israel; si las mujeres palestinas aparecen cómo viven de hecho (aplastadas y escondidas, menos la chica cristiana que, al fin, termina padeciendo igual que las otras), por supuesto se debe a la presencia de Israel. Los árabes, como de costumbre, no tienen responsabilidad alguna en cuanto les sucede.

A través de varias historias, inconexas en principio pero que acaban confluyendo en el punto de máxima tensión (recordamos Crash), se desarrolla un argumento donde el conflicto israelí-palestino asoma como telón de fondo ineludible (el soldado asesinado en Cisjordania, la policía que se inhibe de cuanto ocurre en el barrio si no hay judíos por medio, el palestino rechazado por sus amigos por incurrir en la veleidad de enamorarse de una judía). Tan real como la vida misma: son así. Y todo inmerso en un panorama de relativa paz, sin necesidad de entrar en exterminios y matanzas masivas, como en Yugoslavia, Líbano, Iraq. Aterra la vida cotidiana. De verdad lo decimos: no sé de qué hablan los marchantes y propagandistas de la Alianza de Civilizaciones, del armónico al-Andalus de las Tres Culturas, del "carallo vinte nove", que dicen en mi tierra."

(Spitfire).