Rotura de fibras en el isquiotibial (4): Catarsis
No discuto el orden de las palabras, ni el orden de las cosas. Discuto la racionalidad a toda costa, la voluntad de análisis, la tiranía de la palabra, la pasión argumentativa...cuando pretende hacer transparente el alma: por naturaleza opaca, laberíntica e inmune a los protocolos establecidos por las leyes, axiomas o teoremas científicos o sociológicos.
Yo quiero mirarte, pero sólo veo objetos inanimados, cosas inertes, inmóviles, sin vida, pero que, sin duda, me sobrevivirán. Objetos exánimes y por ello casi eternos, mucho más duraderos que la carne en la que habito.
Yo quiero hablarte y hablo a los objetos inertes, pero los objetos o son mudos o dicen demasiado. Estáticos, los objetos, se dejan mirar, sin protestas ni quejas, los protege su indiferencia ante mis inquietudes, su apatía concentrada en la madera, o en el metal, o en el plástico en que se resuelve su existencia.
Yo quiero tocarte y mis brazos se pierden tras un velo de ausencia. Me refugio en los objetos: un trozo de papel sobre el que vomito mi soledad o un libro que me vomita la soledad que un día perteneció a otro.
Y no quiero pensar en mirarte, ni en hablarte, ni en tocarte, porque la melancolía acecha disfrazada de nostalgia. Celebro y desespero de los objetos, tan quietos ellos, tan quietos.
Y es que en el fondo (y en la superficie) lo real es tan caótico como sublime el intento racional de someterlo a un cierto orden, es decir, de convertirlo en realidad. De ahí mi sorpresa cuando, en ciertas ocasiones, constato que, al llegar a casa, la llave encaja en la cerradura, la sala se ilumina cuando pulso el interruptor o el agua sale al girar el grifo monomando. Entonces, pienso que he domesticado el caos, que el orden se impone. No obstante, mis entrañas se rebelan contra cualquier presunción de proporción, equilibrio o regularidad. Y cuando digo “mis entrañas” estoy diciendo mis sentimientos, mis emociones, mis pasiones, mis deseos y todo el entramado psíquico del que me ha dotado la implacable y despiadada condición humana (Human Nature by Miles Davis)
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