Ella dijo: me voy. Él contestó: ¿a dónde?, e inmediatamente, sin vacilar, le susurró al oído: voy
contigo. Sus cuerpos se fundieron en un mismo gemido saturado de tiempo denso, el mismo que
anuncia la inminencia de una recíproca convulsión o el éxtasis diferido y
prolongado. Otros lo llaman orgasmo.
La inteligencia artificial y el fin del arte (1)
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Este es un ensayo honesto y excelente…con el que no estoy de acuerdo. Es
ensayo en la forma ágil de abordar el tema, a ratos distendida, otras veces
ma...
Hace 5 horas

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