All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


miércoles, 7 de enero de 2026

Gatos y arañas cuánticos. Aforema 0724.

 

Gatos y arañas cuánticos

 

La sensación de que algo me roe las entrañas no procede de mamífero alguno. Ningún gato habita mis intestinos, ningún peludo de largos bigotes ha hecho de mi estómago su morada, quizás porque soy alérgico a su tacto y su presencia me conduciría inexorablemente a un estado permanente de irritación rinítica nada agradable, ni para mí ni para aquellos que, en un gesto que les hace acreedores al título de Santos Pacientes, aún me soportan. No, ningún gato maúlla en mi interior porque no soporto la estructuras capilares de estos, para otros, magníficos animales, y me aparto de su camino, atendiendo al consejo del viejo filósofo, como si de formales y tiesos sistemáticos se tratase. Yo no tengo felino semejante succionando mis jugos gástricos, pues mis vísceras digestivas son inmunes a ellos, en su estructura existe un dispositivo que imposibilita su entrada. Mis respuestas fisiológicas a estados de ansiedad o malestares psíquicos varios no proceden ni del hígado, ni de los pulmones, ni del páncreas, ni del intestino grueso, ni mucho menos del duodeno. Mi respuesta física implica un complejo mecanismo que excluye a los gatos y que se inicia justo en el interior de mi cavidad craneana, allí donde anidan los temores y las dudas, los miedos y las frustraciones, las paradojas y las contradicciones, los amores y las decepciones, los vicios y alguna que otra virtud. Una palabra, un gesto, una confesión, una confidencia, un insulto, una injuria o humillación y el mecanismo se dispara, los diferentes resortes y engranajes comienzan su singular e imparable cotilleo neurofisiológico. Se inicia con una especie de espasmo que implosiona y se extiende, no de un modo continuo, sino a golpes, como un proceso que se asemeja a los estados cuánticos de la materia. Entonces, noto como se va extendiendo por mi cuerpo una sensación de debilidad nerviosa, de trémula fragilidad que se adueña de mis piernas y de mis brazos, que altera mi respiración y la hace más pausada, aunque paradójicamente el interior de mi cuerpo se agita al ritmo de cada centímetro cúbico de aire que respiro. No, esto no es un gato, sino más bien una especie metafísica de araña que va tejiendo su red con el material que le proporcionan mis interacciones mundanas. Al mismo tiempo, una extraña sensación de cansancio físico se apodera de mis ojos, hasta el punto de que la pesadez de los párpados me obliga a cerrarlos durante unos segundos, y en ese momento en el que hago desaparecer el mundo, sobreviene el vértigo, una alteración del equilibrio que me obliga a abrirlos de golpe, como si mi vida temiese ser consumida por la oscuridad y el aturdimiento, por esa araña que quizás no sea otra cosa que mi propia alma. 

 


 

 

lunes, 5 de enero de 2026

Despropósitos de Año Nuevo. Aforema 1203

 

 Despropósitos de Año Nuevo

 

Por el recuerdo de una mirada y la sorprendente irrupción de la dicha

Por el ritmo de una canción que nos acarició mientras desalmábamos el poder tiránico del tiempo

Por el sutil movimiento del espíritu que cobija el alma en un haz de sentimientos

Por las elipses que describen tus caderas cuando entablamos nuestros singulares y rayuelianos cuerpo a cuerpo

Por el lugar que presenció nuestro primer beso

Por la conciencia de la fragilidad de nuestros anhelos

Por las metamorfosis del deseo y su persistencia a pesar de las heridas y los golpes que le va propinando la vida

Por tus labios que vuelan libres hacia donde no hay fechas ni tiempo

Por el grito que se rebela cansado ya de sufrir la mordaza de lo correcto

Por las comedias que representamos para llevar los hechos a “nuestro terreno”

Por los actos sinceros que nos sacan de nuestra mediocre hipocresía y de ciertas transgresiones de la ironía

Por la playa en la que creíamos haber perdido la llave de nuestros desencuentros

Por la mano que nos tendemos para sentir el aleteo fugaz del sexo

Por una sonrisa al comenzar el día y la promesa de un nuevo encuentro

Por los secretos revelados y los que permanecen ingrávidos al acecho

Por el olor de tu pelo y el sabor de tu piel cuando no te tengo

 


 

viernes, 2 de enero de 2026

Vaya noches. Aforema 2300

Vaya noches 

 

Hay noches vacías en las que las puertas de mi casa son muros tan pétreos y compactos como la irreductible dureza de una oportunidad perdida. Muros tan altos como el abúlico transcurrir del tiempo cuando pasa sin que nada pase. Y pasando se nos va la vida tras los vestigios de momentos que ya no obedecen a las leyes que pone en juego ese procedimiento tan humano denominado re-actualización de la nostalgia. Hay noches vacías de aguijón en la espalda de heridas en la boca que sangra semen desesperado sobre tu boca ausente. Hay noches de deseo inmóvil que paraliza el tiempo y se vierte en la memoria para rescatar aquel gemido que dibujó una sintaxis ingrávida sobre la piel quemada de tanto anhelo y tanto sueño y tanto alcohol y tanto miedo. Hay noches en las que la noche sin ti es una serpiente devoradora de certezas, las traga lentamente sin masticar y las tritura y las vomita al amanecer sobre los ojos insomnes de quien las forjó pacientemente durante algún día y tantas noches. Hay noches vacías en las que la vida es un muro impenetrable de ausencia. 

 

 


La línea recta: REVISITED. Aforema 2244

 

La línea recta

 

Entre dos puntos, y siempre en el marco de las geometrías euclidianas, sí, precisamente esas que afirman que por un punto exterior pasa una y sólo una paralela, digo, pues, que entre esos dos puntos, entendiendo el punto como un ente matemático adimensional, sin largo ni ancho ni alto, y por tanto, quizás más una quimera o una irrealidad que un referente empírico situado en una de las posibles cartografías descriptoras del vasto universo, repito e insisto en ello, que entre esas dos marcas geométricas llamadas puntos, que no son puntos de cruz ni “cállate y punto”, ni el punto que delimita el final de un párrafo, ni los dos puntos de la lengua escrita, ni siquiera el punto y coma y mucho menos el “coche de punto”, reitero pues que entre dos puntos, que no son la nota de un examen ni siquiera la cima de la tercera vocal de nuestro abecedario, y no te me canses por mi mala retórica porque te estoy viendo, o más bien imaginando la sonrisa que se dibuja en tu cara acompañada de un “este tío no tiene remedio”, prosigo entonces y voy al grano, que no es el grano del granero ni el que mancilla un rostro, sino el quid de la cuestión o la esencia de lo que yo al iniciar este despropósito pretendía comunicar, que no era otra cosa que entre los dichosos puntos, y son dos, no lo olvides, como no debes olvidar otras tantas cosas que ahora no te voy a recordar, el camino más corto, y aquí no divago para no despertar odios, sembrar antipatías o generar aborrecimientos, te digo, ya para finalizar que es precisamente, la línea recta, la cual no es sino una sucesión de puntos, y no volveré sobre el punto, sean dos, tres o más, digo que tal línea es la distancia más corta entre esos impertinentes puntos. Y sí yo hubiese sido consciente de la validez de tal enunciado, siempre que no nos adentremos en las geometrías hiperbólicas o elípticas, no habría tenido que esperar varios años para comunicarte lo que pretendo, pues habría procedido siguiendo las normas más elementales al uso y los cánones establecidos. Pero ya estoy cansado, otro día te lo comento.