Nébulos y cenobios: la rayuela y la verdad
Oh, I want the truth to be known
Huh, huh, huh, huh-uh, huh
I know this much is true
Huh, huh, huh, huh-uh, huh
Oh, I want the truth to be known
(Spandau Ballet)
Un nébulo solitario y solidario pensaba que existía la rayuela y existía el cielo. Imaginó unos versos cuya protagonista era un tejo que debía recorrer el camino que iba de la mano hasta la rayuela. Sólo había que tirarlo con mucho tino y cuidado, besarlo antes de soltarlo, acariciarlo y susurrarle en su pétreo oído un verso o una rima. El gesto de arrojarlo dibujaría un espacio carente de tiempo, frío o silencio, e inventaría un cielo donde cobijar el sueño del tejo: no sentir temor ni temblor ante la vida, la misma que nos invita cada día a soltar el brazo y abrir la mano. Se pude imaginar el cielo (o el infierno), pero no debemos olvidar que la rayuela siempre se pinta en el suelo, pensó, también, el nébulo.
Mientras tanto, un cenobio solitario y solidario según la normativa vigente, realizaba la tarea de inferir, derivar, deducir e inducir a partir de un momento concreto, de un dato coyuntural, la totalidad del universo, como si este fuese siempre algo fijo, inmutable, constante, como si no supiésemos, objetan los nébulos, que al pensar, y por tanto, deducir, inferir, inducir y no sé cuántas operaciones lógicas más no nos percatásemos de que al pensar estamos ya modificando aquello en lo que reparamos intelectualmente, aquello que dividimos, troceamos, fragmentamos, para poder aprehenderlo y deglutirlo con toda la violencia de nuestra voracidad racional.
Según la a-pistemología nebúlica, la verdad no se demuestra ni se muestra, no es desvelamiento ni revelación, la verdad no se somete a la gran tecnología creada por el gran cenobio: el discurso racional.
¿Qué es entonces la verdad?, preguntó el cenobio solitario y solidario según la normativa vigente. El nébulo solitario y solidario decidió, guitarra en mano, responder con los versos de aquella canción:
Tomando
en cuenta lo implacable
Que debe ser la verdad, quisiera preguntar
Me urge tanto,
¿Qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?
¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?
(Silvio Rodríguez)