All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 1 de enero de 2026

Anhelos trágicos de heterodoxia doméstica. Aforema 0556

 

Anotaciones de Luigi Cesare a la lectura de El libro del desasosiego de Fernando Pessoa, publicadas con el título de Anhelos Trágicos de Heterodoxia Doméstica.

 En mi vida, en la vida, toda situación es oblicua, opaca, permeable, no cartografiable; y es por ello por lo que no encuentro razones ni para aceptarla, mediante un acto de afirmación sólidamente fundamentado, ni para rechazarla absolutamente. Porque hay demasiadas razones para sentirme vil, las mismas que para declararme inocente de toda culpa. Mi error no estriba en mi negativa a reactualizar la nostalgia, sino en creer que existe la posibilidad de reactivar cualquier cosa. No debemos olvidar que Samsa murió aplastado por el peso de su propio caparazón. Así, pretendí ser el actor protagonista de mi vida y acabé por no ser más que un elemento prescindible del escenario. De ahí, cierta incapacidad para la una vida sosegada, la cual se manifiesta en cada uno de los signos que trazo. Sentí que los ojos en los que me perdía poseían la nobleza y la dignidad que brota espontáneamente de la alegría. Nacía dentro de ellos, de una lágrima que escapaba porque creía ser eterna. Pensaba, con cierta ingenuidad que amar y vivir eran dos términos intercambiables. El colapso no se hizo esperar e inicié un capítulo al que titulé “Fenomenología de la renuncia”. El azar me trajo hasta aquí y jamás me abandonó. Toda metafísica de lo real que ignore esta evidencia está condenada a no ser más que mesianismo incontinente. El humo asciende liviano hasta conquistar su ingrávida levedad; tras su rastro de ausencias, una vida dibuja un trayecto equivocado, aunque el único posible. A veces enloquezco de impotencia. exijo a los demás que vean en mí lo que yo me niego a ver en cada uno de ellos: que cada uno de nosotros somos otro. 

 


 

Más palabras y más pasado. Aforema 0531

 

 DE LAS PALABRAS Y DEL TIEMPO

 

I remember you well in the Chelsea HotelYou were talkin' so brave and so sweetGivin' me head on the unmade bedWhile the limousines wait in the street
 
(Leonard Cohen: Chelsea Hotel

 

Hay días que las palabras ocultan tanto como desvelan. Palabras presurosas e imprecisas: velos que difumina el sentimiento o sentimientos que tejen la maraña de malentendidos que interrumpen el flujo de la comunicación serena y honesta. Hay días que las palabras ocultan todo el espacio y distorsionan las ideas que tenemos de lo justo y de lo injusto, de cielo y el infierno, de lo amado y lo despreciado. Hay días que las palabras se transforman en armas de guerra en la que vencedores y derrotados se confunden en un magma viscoso de sentimientos encontrados. Y cuando la palabra guerrera triunfa, entonces cubre, vela y oculta. Y entonces más que felices por nuestra victoria, constatamos que vuelve el insomnio y el deseo se duerme.

Quizás fue ayer, en un programa de radio, los oyentes respondían a la pregunta: ¿Qué rescataría del pasado? Yo, que desconfío y me rearmo contra los implacables ataques de la nostalgia y la melancolía, me pregunté qué rescataría del pasado. De un modo contundente afirmo que del pasado nada quiero rescatar, porque -y exhibo mi lado pragmático- ¿para qué me serviría? ¿Qué podría sacar de los relatos de la Guerra Civil de mi abuelo, si mi abuelo ya no está para contármelos? ¿Qué me ha enseñado el amor salvo que es inmune a la lógica y al silogismo? ¿Qué aprovechar de tantos sueños disueltos por la implacable tiranía del tiempo? ¿Una presunta experiencia ganada con los años que, como mucho, me avisa de que me voy a estrellar, pero que nunca me ayuda a evitar el choque? Del pasado, pues, nada; del futuro, casi nada. Y del presente, lo que me toque. Así es la vejez, me eximo de toda responsabilidad por ello. 

 


 

Filosofía y herramientas conceptuales

 

Filosofía y herramientas conceptuales

Esto es lo que dice José Luis Pardo en una entrevista reproducida en su libro Nunca fue tan hermosa la basura (Galaxia Gutenberg, 2010).

Desde este punto de vista me opongo, por tanto, a la tesis de que las doctrinas del tipo que sean se pueden utilizar comocajas de herramientas”, y desde luego yo no he pretendido (otra cosa es lo que haya logrado) usar a Platón, Aristóteles, Richard Sennett o Hannah Arendt como instrumentos. A lo largo del libro (y partiendo de un párrafo de Pierre Bourdieu) he insistido en tomar precauciones contra una actitudescolar” oescolástica” que justamente consiste, entre otras cosas, en creer que los "conocimientos"carecen de rigor o rigidez y que por tanto se dejan utilizar para construir cócteles más o menos adaptados a las necesidades de cada cual.  Son este tipo de cócteles los que -utilizando a los diversos pensadores comocajas de herramientas” flexibles y moldeables ad líbitum- fabrican, si he entendido bien, aquellos a quienes llama usted niños formales, productos escolares que sólo escolásticamente pueden subsistir y que son completamente inoperantes fuera de la escuela. Y es a ellos a quienes describo, entre otros, como el tipo de sofistas que impiden a sus discípulos salir del colegio y aspiran a una tutela (y por tanto a una retribución) de por vida, aunque a eso se le llameenseñar a ser buen ciudadano”.

Esto es lo que dije (y digo siempre que tengo la oportunidad) en una contribución audiovisual para el Ciclo Filosofía en tiempos de pandemia organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Molina de Segura en 2021:

¿Qué es la filosofía? Es quizás una de las preguntas más embarazosas que se le puede hacer a un filósofo. Hay tantas definiciones del término “filosofía” como filósofos han existido. Para Platón era amor a la sabiduría, para Aristóteles, la ciencia de los primeros principios y las primeras causas, en la Edad Media era una sierva de la Teología y Kant pretendió hacer de ella una ciencia. Hay libros de 500 páginas con el título ¿Qué es la filosofía? Es curioso que la filosofía sea la única disciplina que continuamente se pregunta por sí misma. De hecho, la pregunta qué es la filosofía es una pregunta filosófica. Sea lo que sea, yo entiendo la filosofía y su historia como una caja de herramientas compuesta de conceptos e ideas que tengo a mi disposición para analizar la realidad y obrar en consecuencia. Diría que soy un escéptico con identificaciones débiles. Escéptico porque creo que no existe la verdad absoluta y definitiva, como mucho “verdades” provisionales; conjeturas y refutaciones, diría Karl Popper. De “identificaciones débiles” porque a) siempre pienso que puedo estar equivocado y que es mi interlocutor el que podría llevar razón; b) porque siempre estoy dispuesto a cambiar de posición si los argumentos de mi interlocutor son convincentes.