Transparencia
No te desnudes todavía, espera un poco más
No tengas prisa, el tiempo es algo que quedó detrás
No quiero aún que me descubras toda la verdad
Que la verdad no es lo evidente, sino su mitad
(Luis Eduardo Aute)
Ser transparente, desnudar el alma, ofrecerte una instantánea de mis sentimientos, emociones, deseos…en la que nada se vele u oculte, en la que todo mi interior se exteriorice y desparezcan las dudas y las incertidumbres. ¿Acaso es posible tal proceso de desvelamiento? Y si fuese posible, ¿soportarían mis semejantes, mis seres queridos, mis allegados, el momento en el que la oscuridad que me habita sale a la luz y es percibida? Expuestas mis carencias, mis miserias, mis faltas, mis rencores, mis resentimientos, mis vergüenzas, mis egoísmos … el juicio sería unánime y la sentencia implacable. ¿Expuestas? ¿Soy yo, juez y parte del proceso, el más indicado para ello? ¿No es el confesionario un dispositivo creado para tal cosa? No pretendo una apología de la opacidad. Pongo la cuestión sobre la mesa: ¿es deseable tal ideal de transparencia? ¿No estaría reduciendo las complejidades, tensiones, paradojas y contradicciones de mi alma a unos enunciados o bits de información susceptibles de ser a su vez reducidos por las estructuras perceptivas e intelectivas de mis interlocutores? Al evidenciarme o exponerme de tal modo (insisto: en el caso de que fuese posible), ¿no estaría reduciendo mi complejidad existencial a un conjunto de enunciados operativos y consumibles? El ideal de transparencia atenta contra nuestra impronta hermenéutica, contra la imaginación, contra la literatura, contra la conversación: allí donde todo está expuesto de un modo claro y exhaustivo, la pregunta sobra pues ya están dadas todas las respuestas (en el caso de que sea posible tal desnudez del alma). Me temo que hay un estigma pornográfico en todo ideal de transparencia. Allí donde todo se muestra no hay lugar para la imaginación, la interlocución o la literatura. Seamos razonables. No a la opacidad, sí a un cierto toque de misterio, sí a la seducción, sí a la persuasión…
