Voz
Mi hermana, voz suave, apenas un susurro, en ocasiones, grito de afiladas consonantes y cortantes vocales, voz teñida de sensibilidad que se niega a ser mutilada por los azares y contingencias de la vida, voz cotidiana, voz sincera contra el silencio cobarde o la palabra cómplice. Voz mestiza, a media luz, voz que rima con el gesto solidario y la mirada amable, voz que vale la pena frente a la indolente indiferencia que se desprende de las cosas. Voz contra el vacío de las certezas que aterran, contra el tiempo que pasa cuando no pasa nada, el que se confunde con el lento transcurrir de los segundos sobre la faz inmóvil de los objetos que no ríen ni hablan. Sé que esa voz estará allí si alguna vez me caigo, y no habrá silencio, pues esa voz, que no necesita ser explicada, es susurro o grito contra la soledad que, a veces, nos abisma y nos enmascara.