All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 10 de septiembre de 2026

PECIO 09:20: FILOSOFÍA Y AUTOAYUDA

Filosofía y autoyuda: a propósito de la portada y la contraportada de  Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI, de Jesús G. Maestro

 

 A long, long time ago
I can still remember how that music
Used to make me smile
And I knew if I had my chance
That I could make those people dance
And maybe they'd be happy for a while

(Don Mclean) 

 

Jesús G. Maestro ha escrito y publicado un libro titulado Una filosofía para sobrevivir en el siglo XXI, con un subtítulo que llama la atención: "Yo no soy un youtuber y usted no sabe nada sobre mí". Me sorprende el subtítulo porque a) aunque quizás la denominación no le sea grata al autor, se postula constantemente en las redes a imagen y semejanza de los youtubers; b) la segunda parte del subtítulo es más un deseo que una realidad. Sí que sé algo sobre usted, sé ese “algo” de usted que se proyecta en el libro que ha escrito, sé ese “algo” de usted que las entrevistas e intervenciones en las redes manifiestan, sé ese “algo” de usted que se muestra en su blog, en Wikipedia, en Linkedin, en Dialnet, etc. Así que “algo” sé sobre usted. Usted sabe que lo sé, sobre todo, porque se ha ocupado de que sea así. La distinción que establece entre persona y personaje no invalida mis afirmaciones. Percibo una cierta tendencia a responsabilizar a “su personaje” de la connivencia que ha establecido con las redes sociales, a las que critica de un modo despiadado, lo cual me genera cierta perplejidad. ¿Quién las utiliza? ¿La persona o el personaje? En la contraportada del libro, dice usted: “No te prometo soluciones fáciles, sino la verdad cruda, lo que hagas con ella es cosa tuya. Pero nunca serás un idiota”. Aplaudo el tuteo, nos emparenta como miembros del mismo rebaño. Frente a la verdad “cocinada” de las redes sociales y el resto de instituciones promotoras de idealismos o engañifas, usted nos ofrece la “verdad cruda”. Sigue usted el esquema típico de los libros de autoayuda que tanto critica (con razón): a) presenta una sociedad cuasi apocalíptica; b) desenmascara a los presuntos “falsos profetas” de la misma; c) nos vende la solución (aunque no sea fácil). Nos propone usted una filosofía, no para vivir, sino para “sobrevivir”. ¿Una filosofía? ¿Una propuesta que usted emparenta con la política, la ideología y la religión, debido a su poder de idealización, i.e., de autoengaño? Dice usted: “La filosofía es un timo. ¿Y la suya, no lo es también? Dice usted: “Toda filosofía es una retórica para adolescentes”. ¿Y la suya, no lo es también? Dice usted: “Toda filosofía es una novela mal escrita, pero con pretensiones imperativas y dictatoriales. Es la biografía frustrada de un totalitarista…” ¿Y la suya, lo es también? Franco Battiato pasó por la música experimental y el rock progresivo antes de tomar la decisión de apostar por la música pop, hacerse famoso y ganar dinero. ¿Es su caso, Maestro?  

 


 

viernes, 4 de septiembre de 2026

PECIO 11:09: TU PIEL, MI AMOR (Revisited)

 Tu piel, mi amor

 

Y es que no hay droga más duraQue el amor sin medidaY es que no hay droga más duraQue el roce de tu pielY es que no hay nada mejor que tener tu saborCorriendo por mis venasY es que no hay nada mejorQue el roce de tu piel 

(Revólver) 

 

Piel desnuda, tu piel. Alimento mi piel con el roce de la tuya. Nada le falta. No me nutro de fantasías. La piel que cobija mi deseo es real. Tan real que no deja lugar para  entelequias o quimeras. Ella es a la vez sueño y realidad. La imagino cuando está ausente, la sueño cuando la tengo presente. Tu piel es un laberinto en el que anhelo perderme. Un leve roce y desaparece la angustia y la prisa. Tu piel es la trama en la que se desvela el sentido de mi vida, una de las pocas certezas que me permiten instalarme en una punto firme desde el que saludar al absurdo y pasar de largo. La ausencia de tu piel abre una grieta en mi alma. Una caricia vuelve a cerrar la herida.

El nombre del sentimiento que anima esta senso-flexión, de la pasión que me cita con tu piel más allá de los límites que impone el cuerpo, no es otro que amor. Y todo amor es trágico. Porque la asunción de lo trágico hilvana el hilo que une dos seres diferentes creando un equilibrio entre dos polos irreductibles cuya tensión excluye la negación de uno de ellos. Tú y yo, dos mundos, uno frente a otro, en un espacio que se nutre de afirmaciones y negaciones, de rechazos y consentimientos, de luz y oscuridad.

Mi amor es una llamada de atención al silencio que me habita, a mis dudas y mis inquietudes. Tu amor es la prueba de que ese silencio solo puede ser contenido mediante la palabra que se alza contra la desidia. Palabra cómplice que surge espontánea cuando mi piel es cómplice de tu piel.

En tu cuerpo no hay desgarros. Su insolente belleza es una objeción contra las leyes fundamentales de la entropía. El paso del tiempo lo recubre de una pátina de descaro capaz de destruir cualquier muro que se alce ante él. Desnudo es perfecto. Vestido es hermoso. La ropa que lo cubre no es sino una prolongación de su armónica sutileza.

Hoy, ahora, me abismo en su desnudez. Lo contemplo atento (nunca seremos lo suficientemente perspicaces para reparar en la importancia de la atención) mientras despliegas ante mí ese modo tan descuidado de seducirme. Extiendes tus brazos, tus piernas, tus muslos, tu cuello, tu pelo, y en mis entrañas se forja la idea de que nunca la sensualidad había sido, a la vez, tan patente y tan distraída. En mis manos nace un nuevo mundo cuya esencia es la piel que habitamos. Se borran las fronteras y sé que no hay otra piel que pueda, en un mismo instante, arrancarme de las miserias de las que se nutre mi egoísmo y proyectarme hacia la plenitud imposible, y quizás absurda, de ser uno contigo.

Sé que mis imposturas provocan heridas y abren grietas en tu alma. Sé que, en ocasiones, traiciono mis certezas (que no las tengo, si no que ellas me tienen a mí) y la hiel que exudo introduce la duda y la perplejidad en el corazón mismo de mis certidumbres. Pero la imagen de tu piel en mi retina, la huella de tu sensualidad en mi alma, reinstaura la sólida estructura sobre la que he/mos edificado un sentimiento único y singular, que es, paradójicamente, sólido y frágil, eterno y temporal, sólido y quebradizo. En definitiva, humano.

Sé que el tiempo denso no es una flatus vocis. Disfruto del privilegio de vivirlo en el interior de una experiencia amorosa que, a pesar de sus temblores, ya me define y me ubica en una vida en la que tu presencia no es un accidente, sino la clave para transitar este laberinto de alegrías y tristezas en las que se resuelve nuestra común existencia.  

Ayer es el pasado: sirve para activar la memoria y aprender a no repetir aquello que socava el sentimiento que nos une. Ayer fue y queda. Ayer nutre el hoy pero no puede suplantarlo. Aquello que ocurrió, placentero o doloroso, es sólo un eco que no tiene suficiente fuerza sonora para encarnarse en el hoy y mucho menos en el mañana.

Hoy es ahora y es mañana. No es un sueño ni la anticipación de un ideal trascendente a los límites que fijan el espacio y el tiempo. El tiempo pone trampas en el espacio en el que se proyectan nuestros deseos y nuestras esperanzas, nuestros miedos y nuestros desasosiegos. Si aprendemos a identificarlas, a desactivar su potencial destructor, el tiempo denso será tan real como el efecto mágico que tu piel sigue provocando hoy en mi piel. Sé que la tarea no es fácil, pero sigo pensando que envejecer contigo merece la pena y que mi vida vale algo porque, entre otras cosas, en ella se encuentra la voluntad de hacerte feliz.  

 


 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

PECIO 0725: EL JUEGO DE LOS ESPEJOS

 El juego de los espejos

 

I'll be your mirror
Reflect what you are, in case you don't know

(The Velvet Underground) 

 

Desear al otro, y ser reconocido, deseado. Desear ser deseado. La perversión estriba en el deseo ajeno a toda forma de reciprocidad, en el deseo que exige el sometimiento. Sin lugar a dudas, hay un cara a cara de las conciencias -o inconsciencias, qué más da- deseantes. Es cierto que hay lucha, agón y conflicto. La relación se estructura a partir de dos universos subjetivos inconmensurables. La perversión estriba en la exigencia de rendición de una de las conciencias -o inconsciencias-, de la emergencia de una conciencia victoriosa, de que el vencido exprese que su temor fue más fuerte que su deseo. La relación erótica es dialéctica de un modo extraño. No admite la síntesis o superación de la tesis y la antítesis. Dicho de otro modo, es trágica. El amante desea el reconocimiento del amado, es decir, establecer el juego de los espejos y percibirse como amado. Igual ocurre con el amado. Así pues, no hay amantes ni amados, sino amantes/amados y amados/amantes. Y para no dar lugar a equívocos innecesarios, afirmo que no estoy hablando de sexo. Más bien de aquello que escribió L. C. bajo el seudónimo de P. F.:

“Si un día te pido que me entregues tu corazón, no me hagas caso. Casi seguro que morirías y yo no sabría qué hacer con dos. Quizás uno para las sístoles y otro para las diástoles, o mejor, uno para la sangre arterial y otro para la venosa, o tal vez, uno para el día y otro para la noche, o podría utilizar uno en invierno y otro en verano, o el tuyo, fuerte y generoso para mis días altruistas y el mío, algo más mezquino, para mis malas leches. Cómo no me decido y me urge tomar una decisión, mejor no me lo entregues, prefiero que siga en tu interior justo algo desplazado a la izquierda, latiendo sin pausa al ritmo improvisado de una pieza de jazz”.