All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


viernes, 31 de julio de 2026

PECIO 0842: ALEA NON IACTA EST

Alea non iacta est

 

No he cambiado.
Agotado
me hago fuerte,
como sol hiriente
del atardecer

(A. Lorente) 


 Un pecio no habla en nombre de ningún grupo o colectivo filosófico, ideológico o cultural. Un pecio no habla en nombre de nada ni de nadie. El peciósofo es el reverso del intelectual, no se considera un mediador entre los valores universales y esa entidad abstracta denominada “pueblo”, no se piensa un intermediario entre lo Justo, lo Verdadero, el Bien y el entorno cívico del ciudadano contemporáneo. El peciósofo no aspira al sacerdocio laico. Jamás se le ocurriría pensar que habla en nombre de la humanidad (otra abstracción, en ocasiones, muy peligrosa, pues son innumerables los crímenes que se han cometido en su nombre). El peciósofo habla en primera persona, condicionado, pero no determinado, por su tiempo. Su rechazo de los “absolutos”, su defensa de lo contingente, su apuesta por el escepticismo metodológico y el relativismo contextual, le hace inmune al poder devastador de las ideologías. El peciósofo no rinde cuentas a ninguna institución humana o divina. Vive de su propio crédito en el seno de una visión trágica de la vida que lo inscribe en un espacio liberador de las clásicas dicotomías ficticias de la filosofía y de la política. La tensión entre los conceptos-fuerza es irresoluble. Hay que aprender a vivir con ella. Rechaza lo postmoderno, lo “woke” y las aspiraciones totalitarias de los integrismos religiosos o ideológicos contemporáneos. Su posición parte de la negatividad eidética -pues no se presenta ni como apocalíptico ni como integrado- para defender una positividad existencial, un camino que va de la escritura a la vida. Conserva de la tradición aquello que estima susceptible de ser conservado, rechaza el esnobismo y multiplica sus frentes y sus batallas sin ahorrar munición contra todo tipo de encorsetamientos del cuerpo y del alma. Desconfía de las abstracciones de la filosofía y de las ficticias polarizaciones de la política. Está empeñado en jugarse la vida por aquello que ama, porque sabe que, sin amor, Sísifo abandonaría la roca y se dejaría morir de hambre y de sed. Sabe de la fragilidad de lo “importante”, de los riesgos de su actitud, pero juega a vivir con el lema de que la suerte NO siempre está echada, pues tengo un ambicioso plan: consiste en vivir: "Mejor perderse que nunca embarcar / Mejor tentarse a dejar de intentar".

 


 

 

lunes, 27 de julio de 2026

PECIO 0712: NO TAL VEZ MAÑANA

 No tal vez mañana

 

Dejaré de hablar de cosas que no he conocido, ni conoceré Dejaré de hablar más alto para hablar más claro de nosotros dos Hay mucho más de mí en ti que lo que queda dentro de mí

(Mikel Erentxun) 

 

A propósito de lo dicho mientras dábamos buena cuenta de un guiso de costillejas de cerdo que tuvo como broche final una acuarela compartida de ideas, sentimientos y emociones.  

Las palabras que utilizo son trampas para no afrontar, con la prontitud que exigen, ciertos lances que me trae la vida. Porque escribir, como pensar, es diferir (hoy se diría procrastinar). La escritura puede ser un buen refugio para pusilánimes y una buena ocasión para exhibir la falta de carácter. No digo toda escritura o todo pensar. Hablo de mi hábito de escribir y de pensar. Y no me refiero a toda mi escritura ni a todas mis rutinas cotidianas vinculadas al pensar o al conocer, sino al uso de la escritura como comodín para seguir diciendo “tal vez mañana”. Se hace pasar por virtud aquello que no es sino un mal hábito: la costumbre del timorato. Quizás sea mejor no escribir, dejar la pluma o el teclado o el boli o el lápiz a un lado, poner límites al personaje, a ese alter ego que hace de las palabras escudos para protegerse de los reveses de la vida. Hablo de la escritura-refugio, mojigata e hipócrita en su hiperbólica expresión, égida de apocados y muro de temerosos. A. Rentelo repite con insistencia que el mejor poema es el que no se escribe. ¿Acaso no es la actitud más coherente ante el poder seductor de la escritura-cobijo, de la escritura-amparo, de la escritura que teme trascender los límites del entramado arquitectónico en el que nos encontramos confortablemente instalados? Quizás sea mejor dejar eventualmente de lado esta singular tecnología depositaria de tanto culto y veneración para atender el imperativo ernestiano: ¡Peléalo!" -O como dice el poeta armado de su guitarra negra: "Yo siento que la vida se agita nerviosa si no comparezco..."