All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 29 de octubre de 2026

PECIO 11:54: PALABRAS

Palabras

 

 (Une parole encore)
Paroles, paroles, paroles
(Écoute-moi)
Paroles, paroles, paroles
(Je t'en prie)
Paroles, paroles, paroles
(Je te jure)
Paroles, paroles, paroles, paroles, paroles
Encore des paroles que tu sèmes au vent

(Dalida)

 

    El diccionario de los nébulos no respeta el orden alfabético de las palabras, pues es de dominio público que estos seres sienten animadversión por las taxonomías y las clasificaciones, por las filas indias y los números que expiden las máquinas, más o menos sofisticadas, en las colas de las carnicerías, de las pescaderías o en el servicio postal de Correos. Cuando al enormísimo nébulo se le formulan cuestiones relativas a la morfología, la lexicología o la semántica, responde con clasificaciones arbitrarias semejantes a las de Borges que no se someten ninguno de los protocolos académicos conocidos. Así habla de:

palabras-pájaro: libres y viajeras, amantes de los espacios abiertos

palabras-sueño: promesas de tu rostro y anagramas de tu sonrisa

palabras-humo: la alegría ingrávida de una mujer que vuela

palabras-fuego: inquietas e insatisfechas, espejos que reflejan batallas sin tregua palabras-música, sin pentagramas ni partitura, sonidos como besos que arañan el alma

y palabras-huella: tú, toda tú, desnuda.

    No es la poesía un arte cultivada especialmente por los nébulos. Su mundo es lo suficientemente irreal como para perder el tiempo en uno de los múltiples géneros de la literatura de ficción. Cuando un nébulo se pone, lápiz en mano, a componer canciones con el objetivo de alterar el orden de las cosas, suele escribir listas como la siguiente:

Amor, esa palabra

Jazz, ese ruido

Amor, ese ruido

Jazz, esa palabra

Vida, ese laberinto

Siempre, esa mentira

Nunca, esa impostura

Amor, esa vida

Jazz, ese amor

Mentira, esa palabra

Pareja, esa paradoja

Amor, jazz, Vida, esas palabras

Palabra, ese amor

Pareja, ese ruido

Paradójica, esa pareja

Siempre, ese sueño

    El resto de nébulos finge escuchar al rapsoda y cuando este termina le presentan sus condolencias, le tiran suavemente de las orejas mientras le tararean al oído el estribillo de una canción sin letra y sin rimas.  

 


 

miércoles, 28 de octubre de 2026

PECIO 1620: TRANSFIGURACIÓN

Transfiguración

 And I don't wanna be somebody without your body close to me And if it wasn't you, I wouldn't want anybody close to me  

(The Cure) 

 

    Hay nébulos que se empeñan en atentar contra su propia naturaleza y entonces se enamoran y componen poemas líricos sobre la belleza y las bondades del ser amado. Abandonan su modo lúdico de lidiar con la vida y se instalan en complejidades existenciales excesivamente ajenas a su modo de ser. Pasan noches enteras ensimismados, abandonan las nebuliadas y ya no saludan a los demás con esos pequeños saltitos acompañados de algunos giros que se asemejan al baile de las peonzas. Comienzan a ordenar los cajones donde guardan sus pecios tomando como referencia el alfabeto cirílico y clasifican los alimentos según las últimas taxonomías propuestas por la señora Margulis. A medida que avanza el proceso de transfiguración, el nébulo enamorado va adquiriendo los rasgos de los cenobios que, como todo el mundo sabe, han hecho de la norma, la ley y el orden los principios rectores de todos sus actos. Superado el desasosiego derivado de conjugar Ley y Sentimiento en una única alma, aunque sea la de un ser tan singular e inefable, comienza a imaginar situaciones hipotéticas y a hacer planes para el futuro -término que no existe en ninguno de los diccionarios nebulosos hasta ahora conocidos. Por lo dicho y transfigurado, el nébulo olvida su pasado y adquiere la esencia de los poselas. Sus amigos le citan todas las noches a fin de detener la metamorfosis mediante un proceso criogénico que lo libere del prurito erótico enfermizo. Pero como los nébulos tienen la costumbre de quedar sin especificar la fecha, el lugar o la hora, sus tentativas fracasan estrepitosamente. Los nébulos entonan cantos himeneos a fin de evitar la consumación del descalabro, hasta que entienden que solo el azar y el tiempo conseguirán la vuelta a casa del nébulo autoexiliado. 

 


 

 

 

PECIO 0937: LAS SUTILES VARIACIONES DEL TACTO

 Las sutiles variaciones del tacto

 Cuando se acuestan la razón y el deseo
Llueve sobre mojado

(J. Sabina) 


    Los núbolos no son aficionados a plantearse cuestiones sobre el carácter de las relaciones afectivas, las mismas en las que comparten tiempo, espacio y sueños. En su perpetua ingravidez, la conceptualización o racionalización de sus idas y venidas sentimentales escapa a sus órganos de reflexión. Un cenobio, de orientación psicoanalítica, decía que philia no es más que la sublimación de eros. Al contrario que los cenobios, más dados a pasar por el filtro de la razón cualquier alteración de su cuerpo o de su espíritu, los núbolos entendieron, hace ya mucho tiempo, la relación dialéctica entre eros y philia, y codificaron en una fórmula las enseñanzas del enormísimo núbolo: el sexo es una de las variaciones del tacto.

 


 

 

lunes, 26 de octubre de 2026

PECIO 0759: EL NIDO DE LOS NÚBOLOS

El nido de los núbolos

 

 I see skies of blueAnd clouds of whiteThe bright blessed dayThe dark sacred nightAnd I think to myselfWhat a wonderful world

(Ramones) 

 

Y dijo un núbolo: "Una idea, una certeza que jamás es siquiera rozada por la incertidumbre es una idea muerta". El resto de núbolos lo miraron incrédulos. Jamás habían visto algo parecido, o quizás sí, pero en otros, como, por ejemplo, los cenobios. Los núbolos hicieron un nido donde cobijaron al que profería palabras tan extrañas. No se preocuparon mucho, porque ellos saben que estas afecciones son pasajeras y suelen deberse a los cambios de tiempo y a las corrientes de aire. Calentito y arropado por sus inefables compañeros, el núbolo volvió a tararear las melodías del enormísimo y volátil alisio:

The colors of the rainbow So pretty in the sky Are also on the faces Of people going by I see friends shaking hands Saying, "How do you do?" They're really saying I love you

Y todo quedó en un mero incidente sin importancia.

 


 

PECIO 0530: EL DESESPERO DE LOS NÚBOLOS

El desespero de los núbolos

 

 Te quieroPero te llevaste la florY me dejaste el floreroTe quieroMe dejaste la cenizaY te llevaste el ceniceroTe quieroPero te llevaste marzoY te rendiste en febrero

(Andrés Calamaro) 

 

    Los núbolos -que yo imagino- no son narcisistas, no se sienten únicos e insustituibles, y asumen su contingencia mientras bailan abrazados en el arcén de una carretera o en la puerta de una iglesia donde se ha celebrado una boda. A veces, se suben a la cima de una gran montaña que han descubierto tras mucho tiempo de estar buscando un gran valle; no les importa, pues no diferencian entre verticalidad y horizontalidad. Allí celebran lo azaroso de la vida, el estar ahí y los múltiples encuentros que les han salido al paso a lo largo del camino. Los núbolos -que yo imagino- nunca otean el horizonte, porque está demasiado lejos; aman sin tiempo ni recuerdos y olvidan fácilmente lo feo. Cuando un núbolo se lamenta por un amor frustrado, el resto lo invita a abrir la puerta y dejar pasar el aire. Todos se instalan en la casa del afectado y cantan canciones y le roban el desespero, lo reparten según el grado de felicidad que cada uno proclama, para que sea tan poco el desespero que cada uno se queda. 

 


 

PECIO 2211: EL NÚBOLO INVENTOR DE SONRISAS

 El núbolo inventor de sonrisas

 

Des kilos d'emmerdement
Mais j'en fais peu de cas
En te voyant ...sourire
 
(Stephan Eicher) 

 

    Ninguna actividad es más ajena a los núbolos que la introspección. Un núbolo, que pasaba el día inventando sonrisas, dejó de sonreír y decidió ponerse serio tras leer las Confesiones de San Agustín. Inició un proceso de autotrascendimiento con la finalidad de entrar en contacto con su yo interior. Superada la barrera porosa del preconsciente llegó a la roca madre inconsciente donde esperaba encontrarse con su verdadero yo. Se encontró a otro. Y a otros. Todos ellos reivindicando su autenticidad y veracidad. Un potaje de egos que competían por ser el verdadero rostro de la verdad del núbolo que se puso serio. Cansado de viajar por las entrañas de su mismidad, regresó a la realidad exterior justo en el momento en el que comenzaban las nubolopiadas: fiestas a las que no están invitados ni los cenobios, ni los poselas, ni los yoes interiores.


 


 

PECIO 1817: LOS PLANES DE LOS NÚBOLOS

 Los planes de los núbolos

 

 Luz de ocaso vacío, nido desiertoEn las geometrías de rayo ando perdíoY eso a mí no me convieneY eso a mí me vuelve loco

(Manolo García) 

 

    Todo plan de vida está condenado al fracaso: el A, el B, el C, y el abecedario entero. Esto, a diferencia de lo que piensa la mayoría, ilustrada o no, es un motivo para el optimismo. El plan lleva en sí el estigma de su descalabro: bien porque se cumplan las expectativas, bien porque se frustren. Cuando un núbolo se dedica a diseñar el futuro, el resto silba y mueve la cabeza al tiempo que traza pequeños círculos en torno al núbolo que trajina con sus esperanzas y expectativas. La fuerza centrífuga del baile provoca que se difumine el mapa que fija las sendas sobre la que debe discurrir la vida. Finalizada la danza, el núbolo teleológico inicia un baile en el que se imagina laberinto, Teseo o minotauro. Los demás núbolos se alejan para que vuelva a perderse en el ritmo imposible de la vida, se extravían en los bosques cercanos o cantan encaramados en los tejados de sus casas.

 


 

PECIO 1808: PRESENTACIÓN de HISTORIAS DE NÚBOLOS Y CENOBIOS

 Historias de Núbolos y Cenobios

 

Un cronopio ha caído
En las fauces del Diablo
El Diablo estaba sorprendido
Porque el cronopio quiso persuadirlo
Con dinero, con esmero
Con sus juegos y sin juego
Los cronopios no somos malos
Señor Diablo

(Los brujos) 

 

 Torpe y, a la vez, desatinada imitación de la escritura de Cortázar. Fruto de la grata y placentera experiencia de haber leído y comentado una obra, Historias de Cronopios y de Famas (1962), que ha terminado por adherirse a mi cuerpo y a mi alma como una lapa. Los Cronopios son seres, junto a los Famas y las Esperanzas, que nacen del genio creativo del autor. No hay pruebas definitivas de su existencia, lo cual no es óbice para afirmar su presencia en la vida de todo el que ha adquirido el vicio de leer. Pretendo imitar, no plagiar o copiar, Así que he decidido escribir Historias de Núbolos y Cenobios. Llamaré Núbolos a unos seres concebidos a imagen y semejanza de los Cronopios. Del mismo modo, llamaré Cenobios a los Famas y Poselas a las Esperanzas. Los núbolos son criaturas etéreas, evanescentes, flotantes, torpes, volátiles y gaseosas. Disfrutan de la improvisación jazzística y exhiben un comportamiento anómico. Hedonistas sin sentimiento de culpa, se asemejan a las nubes. Los cenobios son seres solemnes y estructurados, de una moralidad estricta y eminentemente normativista. Su visión del mundo es ordenada y jerarquizada. Sus modales son intachables. Son sólidos, rocosos, pétreos y algo mojigatos. Los poselas son grises y estáticos, lánguidos, pasivos, indolentes y pusilánimes. Su estado líquido le permite adaptarse a cualquier recipiente, sea este físico, moral, social o filosófico.