All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


sábado, 18 de julio de 2026

PECIO 0650: EL DINOSAURIO

 El dinosaurio

 

I have become comfortably numb
Just a little pinprick

I do believe it's working, good
That'll keep you going through the show


(Pink Floyd)

 

 

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió Monterroso. El idealismo adormece, genera en la mente una cierta apatía que la incapacita para enfrentarse a la realidad. Si nos ceñimos a la contemporaneidad, el siglo XX puso los cimientos: el aberrante “la imaginación al poder”, el disparatado materialismo histórico que inventa un fin para la historia, la criminal defensa del mito de la raza aria o el capitalismo neoliberal que identifica consumo y felicidad; el XXI, la estructura social y mental diseñada con tres elementos básicos: el placer de la evasión, la levedad de la irresponsabilidad y el refugio en el victimismo. Del mismo modo que Albert Camus detectaba una “sensibilidad absurda” a mediados del siglo XX, el diagnóstico de Chul Han muestra que la conjunción de evasión, irresponsabilidad y victimismo configura una sociedad depresiva. La depresión es la enfermedad del siglo XXI. 

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Se durmió pertrechado de ideales, pero, cuando despertó, la realidad seguía estando allí. Y vaya por delante que no se trata de adaptarse a la realidad, ni de resignarse a sus imperativos, sino de, al menos, intentar domarla. Y el único método que conozco integra tres factores: valentía, decisión y conocimiento. El ruido es a la música como la ignorancia a la realidad. Eliminar el ruido o convertirlo en sonido es como disminuir nuestro grado de ignorancia y orientar nuestra conducta con la inteligencia. La realidad es tozuda, el ideal flexible. La realidad exige, el ideal seduce. ¿Por qué los ideales, las utopías…? ¿Acaso la realidad no nos pide ya mucho más de lo que podemos dar? ¿Dije “domar la realidad”? Estoy con Maestro: no tanto aceptarla o adaptarse a ella, sino, más bien, “hacerse compatible” con ella. Vivimos tiempos (quizás siempre fue así) de excluir-nos (de) la realidad mediante la evasión hacia otros mundos fruto de la imaginación, las creencias, las supercherías o la irracionalidad. El problema es que cuando despertamos, el dinosaurio sigue ahí.  

 

 



viernes, 17 de julio de 2026

PECIO 0814: DESESPERACIÓN

 Desesperación

 

 Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la risa y me ha dado el llanto Así yo distingo dicha de quebranto Los dos materiales que forman mi canto Y el canto de ustedes que es mi propio canto Gracias a la vida que me ha dado tanto

 (Mercedes Sosa)

 

Cronopio y desesperación son términos antitéticos. En los anales de la historia no consta la existencia de cronopios desesperados. Eso sí, son seres que desesperan sin desesperarse a los espíritus aborregados y necios. De hecho, mantienen una tradición que siempre me ha llamado la atención. El treinta y uno de febrero suelen reunirse en la plaza del ayuntamiento para celebrar la Ceremonia del Silencio. En la ceremonia intervienen cronopios que durante el año han sufrido algún revés importante de carácter sentimental, profesional o familiar. Un cronopio libre de afecciones oficia el acto, exento de cualquier signo de pompa o boato. Se sitúa en una plataforma desde la que divisa el círculo que describen los cronopios afectados, en cuyo centro se yergue majestuosa una gran hoguera. El ritual comienza cuando el oficiante canta hasta diez veces seguidas, con un ritmo sincopado que recuerda la pieza TAKE FIVE de Dave Brubeck, el primer verso de la canción GRACIAS A LA VIDA. A continuación, el ambiente se impregna de un silencio que dura exactamente treinta y dos segundos. Tras el silencio que establece el protocolo, el oficiante tararea el solo de guitarra protagonizado por Don Felder y Joe Walsh en HOTEL CALIFORNIA. Entonces, los cronopios comienzan a conversar con el fuego de la hoguera como si de un ser humano se tratase. No se entiende nada de lo que dicen, pues lo que prima no es el significado de las palabras sino la fuerza de sus significantes. Armado de un saxofón, el cronopio-guía de la ceremonia toca con solvencia las primeras notas de la célebre canción WHEN THE SAINTS GO MARCHIN IN que hizo famosa el “enormísimo cronopio” Louis Armstrong. Los versos apocalípticos de la pieza adquieren una dimensión catártica, pues al ritmo impuesto por el saxo responden desnudándose y brindando su ropa al fuego, que la devora en unos instantes. Los cronopios no sienten la vergüenza que, a veces, conlleva la desnudez, pues antes, en el batiburrillo de voces habían desnudado sus almas. El silencio es abruptamente roto por una masa de cronopios armados de trompetas, trombones y tambores que acuden a celebrar que el fuego ha quemado todas las indisposiciones de los cronopios afectados. Les llevan ropa y bailan todos juntos alrededor de la hoguera cantando a coro “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”


 


 

jueves, 16 de julio de 2026

PECIO 0315: LA ESCRITURA, OTRA HERIDA

 la escritura, otra herida

 

Ancora tu non mi sorprende, lo sai

 E come stai
Domanda inutile
Stai come me
E ci scappa da ridere

(Lucio Battisti)

 

Este pecio reproduce, en traducción libérrima, la conversación entre Marcello y Marcella, un breve episodio de la obra dramática “Ancora tu” de Enzo Formaggio publicada por la editorial Vecchia Signora en 1963.


Marcella y Marcello en el centro del escenario

Marcella: Esto va de ausencia, de piel que recuerda y, a continuación, olvida, quiere olvidar, decide no recordar, y se lo impone como tarea. Olvidar ya lo que no existe, lo que dejó de existir porque fue desatendido, obviado, apartado…y se dejó morir. No más batallas, siempre gana la nostalgia. No más treguas, son argucias para no asumir la derrota.

Marcello: No se trata de querer amar, olvidar o recordar, no es una decisión, debemos aceptar el imperativo que imponen nuestras vísceras, nuestro corazón, no es posible exonerarse de una pulsión que no admite razones. Esto no va de la voluntad, sino de la insoslayable atracción que otra persona ejerce sobre nosotros

Marcella: Simplificas en exceso. Las relaciones humanas no se llevan bien con el término sencillez. Los seres humanos somos complejos y nuestras relaciones multiplican esa complejidad. No obstante, reconozco que somos especialistas en simplificar, sobre todo, la complejidad de los demás. Ocurre que busco tus manos, vuelan en la nube de los recuerdos mientras quiero pensar que buscas las mías. No hay manos, ni piel ni caricias, se perdieron en el momento en que confundimos lo importante con lo urgente. Y busco tus manos.

Marcello: No simplifico, no reduzco al mínimo, muy al contrario, soy consciente de las dificultades de sintonizar dos universos que, a veces, se muestran inconmensurables, dos microcosmos que al colisionar el más mínimo roce produce un gran malentendido, que al reconocerse el más mínimo roce produce una plenitud rayana con la dicha.

Marcella y Marcello abandonan el escenario y lo ocupa una voz en off

No hay palabra ni gesto ni abrazo ni grito que rompa el silencio de la voz que ha dejado de nombrar y de ser nombrada. No hay frase que no sea la huella que dejan en el mundo las inquietudes, no las certezas, no las verdades, no las creencias, no las ideas. Escribir no es un bálsamo, ni libera ni salva ni consuela ni orienta ni es una cura. La escritura es otra herida, la que el personaje inflige a la persona.