All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 16 de julio de 2026

PECIO 1842: MAMMA

 Mamma

 

Viva la mamma perché
Se ti parlo di lei non sei gelosa!
Viva la mamma
Affezionata a quella gonna un po' lunga

Così elegantemente anni cinquanta

 

(Edoardo Bennato)

 

Mi madre dormita en el salón con el televisor encendido. En la pantalla, una pareja sostiene una mirada congelada en el tiempo, no se produce ningún movimiento, ningún gesto digno de ser captado por la cámara, una escena que corrobora la tesis de Parménides: el estaticismo del ser. Es una serie turca en la que las parejas ni se besan ni se tocan. Supongo que las relaciones sexuales se establecen a una distancia prudencial, aunque me es imposible imaginar el mecanismo mediante el cual se produce el encuentro de los gametos para dar lugar al cigoto. Sólo la música nos incita a pensar que los amantes siguen vivos, que tarde o temprano saldrán del éxtasis que manifiestan sus rostros. Mi madre cabecea, entreabre los ojos, hace un comentario y vuelve a su duermevela. La miro y pienso que mi madre nunca fue amada como merecía. De ahí el halo de tristeza que trata de disimular su rostro, incluso cuando sonríe. Apoyada sobre el codo, no sabe que la estoy mirando, no sabe lo mucho que la quiero, quizás porque nunca se lo he dicho, y si lo he hecho, cosa que no recuerdo, seguro que no lo hice con la intensidad que ella se merecía y se merece. La miro y su imagen suscita en mí la duda de si yo he sabido y sé amar como se merecen a los que se lo merecen. Mi madre es una de las razones de mi existencia, su presencia ahuyenta la nostalgia de otras presencias. Hay quien necesita venerar algo más grande que ellos mismos: la ciencia, Dios, el misterio…Yo no necesito esas exterioridades, porque aquí, a mi lado, dormitando en el salón con el televisor encendido, tengo a mi madre en su placida duermevela.  



 



miércoles, 15 de julio de 2026

PECIO 0809: Sapiosexualidad

 Sapiosexualidad/Sapiofilia

  

Me dijo que yo estaba medio roto
Como un cuadro de Banksy pujado por diez locos
Que se había enamorado de mi coco
Que no era casual decir tanto con tan poco

(Brock Ansiolitiko) 

 

Ayer mencionaste la palabra “sapiosexual” mientras clavabas tu pupila azul en mi pupila marrón, aunque ambas pupilas apuntaban directamente hacia la trayectoria del balón golpeado por el delantero desde el punto de penalti. Desconocía el término. Más tarde, indagué sobre el asunto, ya sin pupilas confrontadas, y descubrí la palabra “sapiofilia”. Ambas se avienen al juego de la seducción en el que la inteligencia es el protagonista de un eventual episodio afectivo de la vida cotidiana. Quizás las dos palabras no sean sino exponentes de un tema recurrente de la peciosofía, el de la relación entre eros y Philia, entre amor (erótico) y amistad (amor sin deseo, aunque exista el término “follamigos”), entre deseo y cariño o aprecio. La intersección de ambos términos y la realidad que refieren da como resultado un estado identificado como “la idealización del otro”, el seductor. El seducido, por la presunta brillantez intelectual del seductor, ha decidido rendirse al producto de su idealización. ¡Ah, qué seria de los no muy agraciados físicamente, bajitos y con canas, si no existiese la sapiosexualidad o la sapiofilia! Dios hizo el mejor de los mundos posibles, dice el filósofo, para compensar las carencias naturales y no sucumbir al impacto que produce la imagen que nos devuelve el espejo. Ahora bien, la intersección antes mencionada concita otro parámetro: la distancia. Sapiosexualidad y sapiofilia son dispositivos cuya función es, si no la abolición, al menos, la reducción de la distancia que separa al seductor y al seducido. Porque dicha distancia no es infinita, y mucho menos definitiva. Ahí, en ese espacio físico y espiritual cabe la duda y la certeza, lo posible y lo imposible, la cita y el adiós, la alegría y la tristeza, la risa y la mueca…incluso cierto desvarío y cierta impostura. La distancia entre dos no es una anomalía, sino el fundamento de Eros, Philia, sapiosexualidad y sapiofilia. La distancia es conditio sine qua non de toda relación: evita la fusión, fomenta la fisión. Y aunque somos algo más que átomos, el deseo, como la energía, no se pierde, solo se transforma, se aviene al tipo de relación que uno mantiene consigo mismo. Si no me gusto, cómo voy a gustarle a otro -dice el deseo, que a veces miente. El deseo se nutre de sí mismo, tiene una voluntad autofágica. Se desea la imagen que nos hacemos del otro, la que retrata al personaje del personaje. El deterioro de la imagen ideal que se forjó en su momento desactiva del deseo prístino y sobreviene la caricatura o la hipérbole. Sobrepasamos el límite que nos impone la realidad y constatamos que no se puede vivir sin reconocer cuáles son nuestros límites y los de aquellos a los que amamos. No se puede vivir sin reconocernos en esos límites que nos definen en el movimiento incesante de una identidad que nunca se fija o, como dicen mis contemporáneos, se implementa.

 



martes, 14 de julio de 2026

PECIO 0724: PUREZA

 PUREZA

 

¿Qué voy a hacer? Je ne sais pas
¿Qué voy a hacer? Je ne sais plus
¿Qué voy a hacer? Je suis perdu

 (Manu Chao)

  

Qué perversión tan extraña el ideal de pureza, la ausencia de mezcla, la repetición de una mentira primordial, la autenticidad sin aliño cultural, el yo sin azúcar, sin grasas, sin colorantes ni conservantes, sin emulgentes, sin estabilizantes. No quiero desviar la mirada ni taponar mis oídos, ni intentar ya más ser yo mismo: como si fuese otro que se busca no sé dónde, no sé cuándo. No quiero reinventarme ni reciclarme ni “reviajarme” ni "experienciarme”. Sé que mi corazón es carne en movimiento, no es noche, no es día, no es remordimiento, es músculo activo que golpea en mi pecho. Renuncio a la obligación de aspirar a algo, de ser alguien en la vida, ya no quiero ocupar en ello mi tiempo, no temo a la noche ni ofrezco refugio alguno a la idea de que tras la máscara está el rostro verdadero. Soy una realidad indefinida en una constelación de presencias y ausencias, de fugacidades placenteras que no ahuyentan el dolor ni lo reclaman, pero sí abominan del sufrimiento.  Sabes que por mucho que te quiera, ya no te necesito. El amor no es una calle de dirección única, aunque hay amores que no tienen salida. Hay levedad y hay pesantez en la vida, soy piedra anclada en la tierra y humo que asciende ingrávido hacia el olvido. Soy las palabras que escribo y las que omito y el papel y la tinta en la que se borra mi historia. No me hago ilusiones, sé que lo imposible que contienen los sueños me hiere de lejos.  

 

 



lunes, 13 de julio de 2026

PECIO 0444: Amores que matan nunca mueren

 Amores que matan nunca mueren

 

Te busco en lugares que jamás has habitado, en el rostro de un desconocido, en las sábanas que ya no te reconocen, en el anonimato que encubre tu secreto. Te busco en las letras de los blues que nunca hemos escuchado, en la ausencia del calor de tu sexo.

                                                                                (Elia Monteverdi)

 

 

 Me rebelo contra todo dogmatismo prescriptor de leyes destinadas a domesticar el cuerpo y el alma, contra el optimismo pueril y el pesimismo fatalista, contra la nostalgia de las ocasiones perdidas y la vanidad de quien se jacta de las vividas, contra el silencio y el ruido, contra el vacío de la existencia y la ingenuidad de pensar que un solo ser puede cubrir todo el espectro de anhelos, sueños o necesidades que anidan en las entrañas. Me afirmo en mi soledad compartida y sonora, poblada de versos y canciones que me invitan a cercar tu soledad como un animal hambriento. Me rebelo contra la tentación de andar por la cuerda floja tendida entre dos abismos: el nacimiento y la muerte. Me afirmo en el elán pasional que descubro cada vez que el espejo me devuelve la imagen de mi rostro desapasionado. Me afirmo en lo inoportuno y en la impostura contra aquellos que se empeñan en marcar caminos y señalar direcciones. Me rebelo contra el insomnio que fractura el sueño y me embriaga del silencio, esa extraña llave que abre las puertas de la nostalgia, esa perversa cita con la dialéctica que generan la memoria y el olvido. Me reafirmo en que invertir en amor o amistad es una buena decisión, pues es una ilusión o idealización que se construye sobre la realidad material. Y ello a pesar del elenco de perversiones sentimentales que amenazan el inefable mundo de la afectividad. Me rebelo y me afirmo en la inquietud y en la incertidumbre de mi rebelión y mi afirmación que dicen sí y no al mismo tiempo. Me rebelo y me afirmo con el poeta:

 Y morirme contigo si te matas
Y matarme contigo si te mueres
Porque el amor cuando no muere mata
Porque amores que matan nunca mueren.

 

 



domingo, 12 de julio de 2026

PECIO 0336: SIMON RODIA

 

Hermenéutica del arte popular

Simon Rodia

 

 

"...agujas alicatadas con escombros, nada menos que pura aspiración. / He dejado minaretes para el sol y la síncopa, / sesenta y siete tonos de verde que he contado... / hojas de palma... vidrio de botellas, etcétera. / Un día comprenderé... a esta gente, los ritmos, el jazz, a Simon Rodia, a Watts, a Los Ángeles, la aspiración."

 

(Elizabeth Alexander)

 

 

 

Simon Rodia es un personaje que aparece junto a Bob Dylan en la portada del álbum Sgt. Pepper’s de The Beatles. Un enfoque hermenéutico de la obra de Rodia sugiere dos ideas: a) Rodia fue el primer artista POP; b) Su “obra” pone en cuestión la construcción de identidades según el modelo del éxito profesional.

 


 

 

El personaje

 

    Nació en 1879 en Italia y emigró a los EEUU en 1891. Trabajó como obrero de la construcción de edificios y de vías férreas.

 

La obra

 

 Nuestro pueblo es un conjunto de diecisiete estructuras interconectadas que Rodia construyó, sin planos ni formación arquitectónica, durante 33 años (de 1921 a 1954), utilizando únicamente chatarra, botellas, azulejos, varillas de acero, mortero, conchas y alambres. En 1990 fueron declaradas Monumento Nacional y son conocidas como The Wats Towers. La torre más alta alcanza unos 30 metros. En 1954, a los 75 años, abandonó repentinamente su obra, regaló su propiedad a un vecino y se marchó.

 


 

 Comentario

 

 Para Rodia, llegar a ser alguien en el país de acogida era una cuestión individual y social. Si los rascacielos son un símbolo o una metáfora de la construcción individual de la identidad basada en el éxito o ascenso profesional y social (verticalidad), la construcción de vías férreas lo es de la identidad colectiva que se identifica con el progreso de la nación (horizontalidad). Verticalidad y horizontalidad, individualidad y nacionalidad, son los dos ejes que sitúan a un individuo como Simon Rodia en la sociedad estadounidense. Para construir su identidad individual recurrió a la estrategia de “hacerse alguien haciendo algo grande”. Y de ahí nació Nuestro pueblo.

Las esculturas de Rodia son una parodia del carácter metafórico de los rascacielos: muestran lo absurdo de la grandiosidad, de lo enorme, de “hacer algo grande”, no solamente con materiales sino con la propia vida, muestran el sinsentido de la manía de esforzarse para “ser alguien”.

Quizás las esculturas son un símbolo de las ciudades actuales, de la acumulación de materiales heterogéneos: individuos de diferente procedencia que constituyen las masas de las ciudades postindustriales, nativos, extranjeros, inmigrantes obligados a vivir unos junto a otros en el seno de unas sociedades en las que sigue vigente el mito del origen.  

Las esculturas de Rodia cuestionan el sentido del ascenso social, de la voluntad de elevarse sobre el resto, de ser único entre todos. ¿Se podría pensar que, en definitiva, es un sinsentido acumular materiales, tiempo, acontecimientos, bien para confeccionar una obra de arte, bien para construir una identidad? Hay cierta comicidad e insensatez en las torres de Rodia. Pero es lo cómico y lo insensato de esta obra lo que muestra que su fundamento es el mismo que el de nuestras absurdas metas, objetivos o propósitos. Rodia lo comprendió: en 1954, con 75 años, dejó de construir, regaló el terreno donde se encontraba su casa y las torres y se marchó.

 

 


Fuente: Esto no es música de José Luis Pardo.