All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 12 de octubre de 2026

PECIO 0748: CUERPO O SOLEDAD TAMBIÉN HERIDA

 Cuerpo o soledad también herida

 

 Now no one's knocked upon my door
For a thousand years or more
All made up and nowhere to go
Welcome to this one man show

Just take a seat they're always free
No surprise, no mystery
In this theater that I call my soul
I always play the starring role

So lonely

(The Police)

 


    Llego a casa y decido quitarme la coraza, este artefacto de supervivencia fruto de la evolución de la especie humana, arma defensiva útil en nuestro transitar por el mundo cargados de inconsistencia. Se pega a mi piel como el sueño donde se dibuja el mar y la última ola surgida del viento de tus versos. Y entiendo que, si mi cuerpo no fue senda, ni camino, ni vereda, lamento el malentendido y me anudo a él porque es razón, tránsito, pero nunca meta. Y estos instantes de soledad no se citan con la tristeza. 

    Cuerpo, me dices, infinito haz de intersecciones del deseo que nos sobrepasa y nos lanza hacia lo incierto, de amores perdidos que ya no son sino humo en la memoria o amores ganados que nunca pasan, ni quedan, ni se marchan, ni nos dejan, porque anidan muy profundo en las entrañas. No pretendo datar los sentimientos. Cuerpo o haz de sendas entrelazadas que se abren a la llegada de nuevos viajeros, que se resiste a las tiránicas taxonomías de la biología. Cuerpo que se alimenta de sus propias brasas o fuego que alimenta otros cuerpos. Voz, boca y rimas y besos se amontonan en mis manos abiertas, en mis brazos hechos de los retazos que imaginó un día un verso en cuyo interior entendí que mi cuerpo, mi tristeza, no es la conclusión de un razonamiento, ni la tesis lógica que se deduce de una inferencia. No es el sumatorio del deseo. 

    En mi cuerpo no hay murallas, ni puentes levadizos, ni sofisticados sistemas de vigilancia. Mi soledad no es un castillo. Mi soledad más íntima se agrieta si clavas en mí tus ojos e intentas atravesarla con tu soledad, también herida. 

 


 

PECIO 1812: FELICIDAD

Felicidad 

 

Don't worry, it will soon pass
What ever it is

Don't worry, be happy

I am not worried, I am happy

 

(Booby McFerrin) 

 

    La voluntad gregaria del ser humano es infinita. La singularidad o especificidad del individuo suelen ser una molestia. Sea usted normal, como todos los hombres, busque el ideal, sin pudor, sin escrúpulos. Arrójese al corazón del rebaño. Caiga al centro de la masa. Allí encontrará consuelo, emociones compartidas y cobijo psíquico. Allí será feliz, sin que asome la tristeza, la misma que todo ser lleva dentro. Allí disfrutará de la alegría de un alma aletargada ubicada en calles de dirección única, sin laberintos ni minotauros, sin Ariadna, sin Teseo. Allí encontrará a un Sísifo maquillado de drama y despojado de tragedia. Renuncie a la impostura y desplace la mirada hacia una realidad saturada de velos y de trampas, de artificios retóricos y máscaras que usted no ha elegido. Allí encontrará la felicidad en la mirada ajena y el placer en su participación en el deseo comunitario. Sólo luz plena, sin la oscuridad de la nostalgia, sin el espesor de la melancolía. Allí, la soledad es una intrusa, la rima siempre es consonante y el ritmo no admite la síncopa ni la nota disonante de una trompeta que ha decidido poner en jaque la melodía. 

 


 

PECIO 1142: LUCIDEZ

Lucidez

 

 La lucidez es un don y es un castigo. Está todo en la palabra. Lúcido viene de Lucifer, el arcángel rebelde, el demonio... La lucidez es dolor y el único placer que uno puede conocer, lo único que se parecerá remotamente a la alegría será el placer de ser consciente de la propia lucidez.

(Alejandra Pizarnik) 

 

    No todo es lenguaje, como dicen los postmodernos postnietcheanos. No todo es interpretación, como siguen insistiendo con el paso de los años. No todo es relato, como se dice hoy en día en el ámbito sociopolítico. No pongo en duda el poder fetichista del lenguaje, su inefable astucia para confundirnos o su capacidad de seducción. De ahí que dedique parte de mi actividad diaria a la lectura. No leo para encontrar la verdad en los libros, sino, entre otras cosas, para desactivar, precisamente, la idea de que en los libros está la verdad.  Leo para vislumbrar pistas, prever estrategias sobre lo que en mi se ausenta en cada mirada, en cada acto por el que busco un sentido a esta forma tan extraña de sentir el mundo a través de las palabras, a través de todos los libros que se han escrito y los que están por escribir. Leo para aclarar que todo no es más que confusión y desconcierto, para confundirme cada vez que la claridad de un enunciado me lleva a pensar que algo puede quedar resuelto definitivamente. Leo porque apuesto por la razón frente al misterio, porque me parece muy misteriosa esta apuesta por la razón. Leo fragmentos que no entiendo porque para entenderlos debería dejarlos reposar en la inmediatez de su inefable quietud y no traerlos a la vida con el ritmo que mis ojos le imponen al intentar descifrarlos. Fragmentos en los que atisbo una huella de lo sembrado y jamás recogido, un vestigio de todas las miradas que jamás descansaron en el confortable espacio que intenté ofrecerles aquel día, en aquel momento. 

    Cierro los ojos e imagino aquello que decidí olvidar o languidecer en el rincón más apartado de mi memoria. Leo fragmentos que me invitan a caminar por las sendas que nunca quise seguir por miedo o cobardía, por debilidad o fortaleza, por aversión o devoción a los caminos ya trazados. Leo tus besos y tus abrazos, los dados y los olvidados.  Dejo las palabras o ellas me dejan. Nos distanciamos sin pudor, las palabras y yo, cada uno con sus paradojas y contradicciones, con sus esquinas sin picos y sus círculos sin centro, con el fantasma de que todo diálogo no pasa de ser un monólogo del lenguaje que sólo se habla a sí mismo. No todo es lenguaje, no todo es relato, no todo es palabra, y por ello hoy ya me callo, me amordazo o me aprieto la mordaza que he tejido con otros a mi lado, o más lejos, en sus despachos o en sus habitaciones o en sus camas o embutidos en sus edredones de juicios y prejuicios. Hoy ya me largo con la sensación de no haber llegado todavía a alcanzar la lucidez, ni siquiera de haberla rozado, pero estoy vivo y sigo leyendo.