Palabras
Words
Don't come easy to me
How can I find a way
To make you see
I love you?
(F. R. David)
¿Y si la luz exige la oscuridad? Me niego a soportar la amenaza que se cierne sobre quien vive al amparo de las viejas palabras, me niego a dejarme seducir por el atractivo de las nuevas. Allí donde hay palabras, una realidad se oculta, allí donde hay realidad, no se necesitan las palabras. Y, sin embargo, qué devoción por ciertas palabras, qué veneración por aquella frase que sembró la duda, qué amor por el verso que nos bebimos cuando la realidad explotó sin previo aviso. Qué cara de estúpido se me queda cuando leo y releo la que creo la frase perfecta. Qué relación más extraña con las palabras: anheladas cuando faltan, buscadas al recordar la letra de una canción, traídas y llevadas de aquí para allá para revivirlas y compartirlas en el momento en que pensamos que ya no nos hacen falta. Nos hacemos máscaras con las palabras, las aliñamos con nuestros gestos, las lanzamos cerca o lejos contra el rostro que amamos o contra el que nos resulta indiferente, hasta que se golpean unas contra otras, como si fuesen balas. Cambian las palabras al ritmo de la música que impone el tiempo, cambian las palabras-mirada, las palabras-alegría, las palabras-lágrima, las palabras-despedida. No cambia la sensación de ser humo en tu boca, aunque ya no nos entreguemos al placer de saborear aquellos carajillos de ron Negrita. No cambian los flujos y reflujos de las mareas de inquietudes que llevamos dentro. No cambia la sensación de que el último cigarrillo del día sabe mejor si lo fumo contigo.