All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


martes, 22 de septiembre de 2026

PECIO 0843: REGALAR LIBROS, ROBAR SUEÑOS (Revisited)

 Regalar libros, robar sueños

 

It's only me who wants to wrap around your dreams And have you any dreams you'd like to sell? Dreams of loneliness

(Fleetwood Mac)


    Amorem conatum esse amicitiae faciendae ex pulchritudinis specie, dice CicerónMe abismo en los Antiguos para rescatar unas palabras del olvido. Las materializo mediante una metamorfosis de la cual soy el único responsable. Cicerón no las leerá jamás. He ahí mi excusa y la razón por la que me apropio, quizás de modo ilegítimo, de su sentencia y me atrevo a decir que regalar un libro es un conato, un esfuerzo, un impetus, para obtener la amistad de quien nos ha conmovido por su belleza, su inteligencia, sus gestos, o por su mera presencia. Fortuna y privilegio del que obsequia y deleite y regocijo del que recibe la ofrenda.

    El azar cita a los personajes de esta trama en la que se anudan el acto sincero y la comedia. Leer, amar, respirar, vivir…Respiramos como leemos, como amamos, al mismo ritmo. Leamos mientras imaginamos una amistad pausada en un respirar lento, una amistad insondable en un profundo respirar. Respiremos como amamos, como leemos, al mismo ritmo. Pasemos la página, escuchemos atentamente la melodía que inventa el roce de los dedos sobre el papel, el sonido que se instala en el silencio que diagrama la lectura. Y sigamos respirando al ritmo que amamos, al ritmo que leemos, sin necesidad de construir coartadas o inventar evasivas para dejar de amar al mismo ritmo que leemos y respiramos.

    Inclinado sobre la última sensación que me ligaba a los sueños de mi adolescencia recito el último verso de un poema hecho de azares y laberintos. Las palabras se rebelan contra el lenguaje y los sueños se vierten como lluvia transparente sobre los restos de las ilusiones que como libros viejos también han sido olvidadas. Ya sé que no somos versos, ni rimas, ni el ritmo sincopado que inventa un saxofón cuando desnuda la noche de certezas.

    Ya sabes, te miro y te admiro, y ahora que estás dormida te robo un sueño y me lo llevo escondido en mis entrañas y lo cuido y lo alimento y lo mimo con mis manos y mis ojos y mi boca y me lo llevo dentro, lo envuelvo entero y no puedo evitar, pese a mis cuidadosos intentos de hacerlo mío, que poco tiempo después el sueño robado desaparezca y viaje errante por el mundo hasta volver, no sé cuándo ni cómo, desnudo a ti, su dueña. Se hace de noche y el día me ha vuelto a robar tu presencia.

    Miro alrededor y escucho el silencio de las fotos y de los libros que callan porque no son más que letras e imágenes sin derecho a la palabra. Se hace de noche y el aire trae olores y sabores de ausencia. Pienso en los minutos y las horas que me quedan para ser nada y no me salen las cuentas. Se hace de noche en la espiral de mis inquietudes, las mismas de las que brotan espontáneamente las islas y los islotes de tantas y tantas pequeñas cosas que ha producido esta vida. Cierro los ojos y me olvido de ser -como hacen los libros viejos con todos aquellos que, alguna vez, repararon en ellos-. Abro los ojos y recuerdo que la existencia le tiene horror al vacío.

 


 

lunes, 21 de septiembre de 2026

PECIO 0545: ESTA GUITARRA MATA FASCISTAS

 

This Machine Kills Fascists

 

We talk and we talk until my head explodes
I turn on the news and my body froze
The braying sheep on my TV screen
Make this boy shout, make this boy scream!

Going underground, I'm going underground!

(The Jam)

 

 

    La guitarra de Woody Guthrie tenía inscrito un lema: This machine kills fascists (Esta máquina mata fascistas). No es que Guthire fuese reventando las cabezas de los fascistas a golpes de mástil o estrangulándolos con las cuerdas de su guitarra, sino que el poder del instrumento residía en su capacidad de desactivar las perversiones políticas y sociales del fascismo, de combatir la opresión y la explotación del obrero estadounidense. Aunque nunca perteneció al partido, Guthrie defendió los ideales del comunismo. Eran los años 40 del pasado siglo y los crueles y perversos excesos del bolchevismo, o no se conocían o se omitían para no dar argumentos al infame sistema capitalista: ese fue el caso, por ejemplo, de Jean Paul Sartre y su actitud tolerante ante la barbarie del Gulag.

    Si Guthrie cantaba en su pieza This Land Is Your Land (compuesta en 1940 y grabada en 1944)

Nobody living can ever stop me
As I go walking that freedom highway
Nobody living can ever make me turn back
This land was made for you and me

    su discípulo Bob Dylan recogía el espíritu del maestro y grababa en 1963 Blowin' in the Wind, una canción que se convirtió en el himno de los movimientos por los derechos civiles y en un canto al pacifismo:

 How many roads must a man walk down
Before you call him a man?

how many times must the cannonballs fly
Before they're forever banned?

The answer, my friend
Is blowin' in the wind

    Parece ser que ni la máquina de Guthrie ni las retóricas preguntas de Dylan llegaron a trascender la época en la que manifestaron sus inquietudes. Mucho menos la nefelibata y meliflua letra de Imagine de John Lennon:

 Imagine all the people
Livin' life in peace
You may say I'm a dreamer
But I'm not the only one

     Guthrie se dejó la piel y la tinta y las notas musicales en su lucha contra la explotación y la opresión. Por el contrario, Dylan y Lennon transitaban los diversos tipos de espiritualidad que ofrecía el mercado mientras se hacían millonarios, sin el más mínimo respeto a lo que vendían en sus propias composiciones:

 No need for greed or hunger
A brotherhood of man

Imagine all the people
Sharing all the world

    Ni Guthrie, ni Dylan, ni Lennon han podido evitar que hoy vivamos una involución sociopolítica en la que los neofascitas-neoliberales-neobolcheviques-neonazis hacen resurgir de unas cenizas que no debieron apagarse como se debía un nuevo totalitarismo que se inscribe en el corazón mismo de las democracias actuales. La música pop nunca ha podido cambiar las cosas, pero sin ella serían mucho más aburridas. Así que, al menos, durante unos segundos, permitámonos la licencia de imaginar un mundo en el que se hiciese efectivo el mensaje de Wind of Change de Scorpions:

 

The wind of change blows straight

Into the face of time

Like a stormwind that will ring

The freedom bell for peace of mind

 

    Cuando pasan esos segundos, uno se da cuenta de que cada vez que despierta la implacable realidad sigue estando ahí. 

 


 

 

 

PECIO 1214: LAYLA

 

Layla: philia y eros

 

Tried to give you consolation
When your old man, he let you down
Like a fool, I fell in love with you
You turned my whole world upside down

(Eric Clapton)

 

    Layla es el nombre de la protagonista de un poema persa de amor imposible, la versión oriental de Romeo y Julieta. Layla es el nombre de una canción de Eric Clapton. Philia y eros se dieron cita en esta mítica pieza musical en la que Eros fue el detonante de la letra y philia el hilo de racionalidad que tejió la relación entre tres excelentes guitarristas: Duane Allman, Eric Clapton y George Harrison. Un triángulo cuyo incentro es una canción y cuyas bisectrices proyectan la relación erótica y filial de tres músicos y una mujer.

    A finales de los años 60, Clapton se enamora de Pattie Boyd, modelo y mujer de su amigo Georges Harrison desde 1966. Comienza el lío. Un amor no correspondido que inspira la letra de una canción, Layla (1970), escrita por Clapton a partir de una historia persa de amores imposibles: el poema trágico "Layla y Majnun" del poeta Nizami Ganjavi (siglo XII). Como la estación de los amores viene y va (Battiato), Boyd, tras su separación de Harrison en 1977, se casó con Clapton en 1979. Se divorciaron una década después en 1989. Tanta música y tanto amor y tanta amistad no tuvo un happy end. ¿O sí?   

    La amistad entre Clapton y Harrison comenzó cuando el primero participó como guitarrista invitado en la grabación de la pieza compuesta por el segundo: While My Guitar Gently Weeps, editada en el famoso Álbum blanco de The Beatles. Más adelante, Harrison colaboró con Clapton y Cream tocando la guitarra rítmica en Badge, un tema incluido en Goodbye (1969), el último álbum del grupo.

    Clapton asistió en 1970 a un concierto en directo de The Allman Brothers y quedó impresionado por la maestría del guitarrista Duane Allman. Fue el inicio de la amistad entre estos dos excelentes músicos. De hecho, fruto de dicha relación grabaron un álbum de improvisaciones varias en 1970. Aunque Duane rechazó la propuesta de Clapton de formar parte del nuevo proyecto del guitarrista londinense (Derek and The Dominos), sí que participó en la grabación de Layla, sobre todo, en dos aspectos: a) en el icónico y mítico riff de guitarra inicial -Allman tomó una línea vocal de la canción As the Years Go Passing By de Albert King, la aceleró y la adaptó a la guitarra; b) en el duelo final con Clapton en el que aporta su estilo de guitarra slide (tubo de cristal).

    Clapton confirmó la idea de que enamorarse es ser dependiente, estar dominado, subyugado y sometido por Eros. Su amistad con Harrison no fue óbice para persistir en su deseo, porque Eros, a diferencia de philia, requiere de la materialidad y de la sensualidad:

 

Layla
You've got me on my knees, Layla
I'm begging: Darling, please, Layla
Darling, won't you ease my worried mind?

 

Philia introduce un mecanismo de racionalización que la mayoría de las veces eros ignora. Establece unas estrategias vitales que permiten de algún modo controlar los embates del deseo. El espesor erótico se desactiva mediante la complicidad y la lealtad. El terremoto sentimental no destruyo la amistad de Clapton y Harrison. A veces, philia y eros no generan desencuentros, ni malentendidos, ni guerras, ni disputas. Harrison asistió a la boda de su exmujer y su amigo. Nos quedó la canción. Nos quedó ese riff de guitarra inicial instalado en nuestra memoria musical y afectiva. Nada más y nada menos.