Mamma
Viva la mamma perché
Se ti parlo di lei non sei gelosa!
Viva la mamma
Affezionata a quella gonna un po' lunga
Così elegantemente anni cinquanta
(Edoardo Bennato)
Mi madre dormita en el salón con el televisor encendido. En la pantalla, una pareja sostiene una mirada congelada en el tiempo, no se produce ningún movimiento, ningún gesto digno de ser captado por la cámara, una escena que corrobora la tesis de Parménides: el estaticismo del ser. Es una serie turca en la que las parejas ni se besan ni se tocan. Supongo que las relaciones sexuales se establecen a una distancia prudencial, aunque me es imposible imaginar el mecanismo mediante el cual se produce el encuentro de los gametos para dar lugar al cigoto. Sólo la música nos incita a pensar que los amantes siguen vivos, que tarde o temprano saldrán del éxtasis que manifiestan sus rostros. Mi madre cabecea, entreabre los ojos, hace un comentario y vuelve a su duermevela. La miro y pienso que mi madre nunca fue amada como merecía. De ahí el halo de tristeza que trata de disimular su rostro, incluso cuando sonríe. Apoyada sobre el codo, no sabe que la estoy mirando, no sabe lo mucho que la quiero, quizás porque nunca se lo he dicho, y si lo he hecho, cosa que no recuerdo, seguro que no lo hice con la intensidad que ella se merecía y se merece. La miro y su imagen suscita en mí la duda de si yo he sabido y sé amar como se merecen a los que se lo merecen. Mi madre es una de las razones de mi existencia, su presencia ahuyenta la nostalgia de otras presencias. Hay quien necesita venerar algo más grande que ellos mismos: la ciencia, Dios, el misterio…Yo no necesito esas exterioridades, porque aquí, a mi lado, dormitando en el salón con el televisor encendido, tengo a mi madre en su placida duermevela.

