Hermenéutica del arte popular
Simon Rodia
"...agujas alicatadas con escombros, nada menos que pura aspiración. / He dejado minaretes para el sol y la síncopa, / sesenta y siete tonos de verde que he contado... / hojas de palma... vidrio de botellas, etcétera. / Un día comprenderé... a esta gente, los ritmos, el jazz, a Simon Rodia, a Watts, a Los Ángeles, la aspiración."
(Elizabeth Alexander)
Simon Rodia es un personaje que aparece junto a Bob Dylan en la portada del álbum Sgt. Pepper’s de The Beatles. Un enfoque hermenéutico de la obra de Rodia sugiere dos ideas: a) Rodia fue el primer artista POP; b) Su “obra” pone en cuestión la construcción de identidades según el modelo del éxito profesional.
El personaje
Nació en 1879 en Italia y emigró a los EEUU en 1891. Trabajó como obrero de la construcción de edificios y de vías férreas.
La obra
Nuestro pueblo es un conjunto de diecisiete estructuras interconectadas que Rodia construyó, sin planos ni formación arquitectónica, durante 33 años (de 1921 a 1954), utilizando únicamente chatarra, botellas, azulejos, varillas de acero, mortero, conchas y alambres. En 1990 fueron declaradas Monumento Nacional y son conocidas como The Wats Towers. La torre más alta alcanza unos 30 metros. En 1954, a los 75 años, abandonó repentinamente su obra, regaló su propiedad a un vecino y se marchó.
Comentario
Para Rodia, llegar a ser alguien en el país de acogida era una cuestión individual y social. Si los rascacielos son un símbolo o una metáfora de la construcción individual de la identidad basada en el éxito o ascenso profesional y social (verticalidad), la construcción de vías férreas lo es de la identidad colectiva que se identifica con el progreso de la nación (horizontalidad). Verticalidad y horizontalidad, individualidad y nacionalidad, son los dos ejes que sitúan a un individuo como Simon Rodia en la sociedad estadounidense. Para construir su identidad individual recurrió a la estrategia de “hacerse alguien haciendo algo grande”. Y de ahí nació Nuestro pueblo.
Las esculturas de Rodia son una parodia del carácter metafórico de los rascacielos: muestran lo absurdo de la grandiosidad, de lo enorme, de “hacer algo grande”, no solamente con materiales sino con la propia vida, muestran el sinsentido de la manía de esforzarse para “ser alguien”.
Quizás las esculturas son un símbolo de las ciudades actuales, de la acumulación de materiales heterogéneos: individuos de diferente procedencia que constituyen las masas de las ciudades postindustriales, nativos, extranjeros, inmigrantes obligados a vivir unos junto a otros en el seno de unas sociedades en las que sigue vigente el mito del origen.
Las esculturas de Rodia cuestionan el sentido del ascenso social, de la voluntad de elevarse sobre el resto, de ser único entre todos. ¿Se podría pensar que, en definitiva, es un sinsentido acumular materiales, tiempo, acontecimientos, bien para confeccionar una obra de arte, bien para construir una identidad? Hay cierta comicidad e insensatez en las torres de Rodia. Pero es lo cómico y lo insensato de esta obra lo que muestra que su fundamento es el mismo que el de nuestras absurdas metas, objetivos o propósitos. Rodia lo comprendió: en 1954, con 75 años, dejó de construir, regaló el terreno donde se encontraba su casa y las torres y se marchó.
Fuente: Esto no es música de José Luis Pardo.

