All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 26 de octubre de 2026

PECIO 0759: EL NIDO DE LOS GIRÓFAGOS

El nido de los girófagos

 

 I see skies of blueAnd clouds of whiteThe bright blessed dayThe dark sacred nightAnd I think to myselfWhat a wonderful world

(Ramones) 

 

Y dijo un girófago: "Una idea, una certeza que jamás es siquiera rozada por la incertidumbre es una idea muerta". El resto de girófagos lo miraron incrédulos. Jamás habían visto algo parecido, o quizás sí, pero en otros, como, por ejemplo, los cenobitas. Los girófagos hicieron un nido donde cobijaron al que profería palabras tan extrañas. No se preocuparon mucho, porque ellos saben que estas afecciones son pasajeras y suelen deberse a los cambios de tiempo y a las corrientes de aire. Calentito y arropado por sus inefables compañeros, el girófago volvió a tararear las melodías del enormísimo y volátil alisio:

The colors of the rainbow So pretty in the sky Are also on the faces Of people going by I see friends shaking hands Saying, "How do you do?" They're really saying I love you

Y todo quedó en un mero incidente sin importancia.

 


 

PECIO 0530: EL DESESPERO DE LOS GIRÓFAGOS

El desespero de los girófagos 

 

 Te quieroPero te llevaste la florY me dejaste el floreroTe quieroMe dejaste la cenizaY te llevaste el ceniceroTe quieroPero te llevaste marzoY te rendiste en febrero

(Andrés Calamaro) 

 

    Los girófagos -que yo imagino- no son narcisistas, no se sienten únicos e insustituibles, y asumen su contingencia mientras bailan abrazados en el arcén de una carretera o en la puerta de una iglesia donde se ha celebrado una boda. A veces, se suben a la cima de una gran montaña que han descubierto tras mucho tiempo de estar buscando un gran valle; no les importa, pues no diferencian entre verticalidad y horizontalidad. Allí celebran lo azaroso de la vida, el estar ahí y los múltiples encuentros que les han salido al paso a lo largo del camino. Los girófagos -que yo imagino- nunca otean el horizonte, porque está demasiado lejos; aman sin tiempo ni recuerdos y olvidan fácilmente lo feo. Cuando un girófago se lamenta por un amor frustrado, el resto lo invita a abrir la puerta y dejar pasar el aire. Todos se instalan en la casa del afectado y cantan canciones y le roban el desespero, lo reparten según el grado de felicidad que cada uno proclama, para que sea tan poco el desespero que cada uno se queda. 

 


 

PECIO 2211: EL GIRÓFAGO INVENTOR DE SONRISAS

 El girófago inventor de sonrisas

 

Des kilos d'emmerdement
Mais j'en fais peu de cas
En te voyant ...sourire
 
(Stephan Eicher) 

 

    Ninguna actividad es más ajena a los girófagos que la introspección. Un girófago, que pasaba el día inventando sonrisas, dejó de sonreír y decidió ponerse serio tras leer las Confesiones de San Agustín. Inició un proceso de autotrascendimiento con la finalidad de entrar en contacto con su yo interior. Superada la barrera porosa del preconsciente llegó a la roca madre inconsciente donde esperaba encontrarse con su verdadero yo. Se encontró a otro. Y a otros. Todos ellos reivindicando su autenticidad y veracidad. Un potaje de egos que competían por ser el verdadero rostro de la verdad del girófago que se puso serio. Cansado de viajar por las entrañas de su mismidad, regresó a la realidad exterior justo en el momento en el que comenzaban las girofagopiadas: fiestas a las que no están invitados ni los cenobitas, ni los lánguidos, ni los yoes interiores.


 


 

PECIO 1817: LOS PLANES DE LOS GIRÓFAGOS

 Los planes de los girófagos

 

 Luz de ocaso vacío, nido desiertoEn las geometrías de rayo ando perdíoY eso a mí no me convieneY eso a mí me vuelve loco

(Manolo García) 

 

    Todo plan de vida está condenado al fracaso: el A, el B, el C, y el abecedario entero. Esto, a diferencia de lo que piensa la mayoría, ilustrada o no, es un motivo para el optimismo. El plan lleva en sí el estigma de su descalabro: bien porque se cumplan las expectativas, bien porque se frustren. Cuando un girófago se dedica a diseñar el futuro, el resto silba y mueve la cabeza al tiempo que traza pequeños círculos en torno al girófago que trajina con sus esperanzas y expectativas. La fuerza centrífuga del baile provoca que se difumine el mapa que fija las sendas sobre la que debe discurrir la vida. Finalizada la danza, el girófago teleológico inicia un baile en el que se imagina laberinto, Teseo o minotauro. Los demás girófagos se alejan para que vuelva a perderse en el ritmo imposible de la vida, se extravían en los bosques cercanos o cantan encaramados en los tejados de sus casas.

 


 

PECIO GIROFÁGICO 1808: PRESENTACIÓN de HISTORIAS DE GIRÓFAGOS Y CENOBITAS

 Historias de Girófagos y Cenobitas

 

Un cronopio ha caído
En las fauces del Diablo
El Diablo estaba sorprendido
Porque el cronopio quiso persuadirlo
Con dinero, con esmero
Con sus juegos y sin juego
Los cronopios no somos malos
Señor Diablo

(Los brujos) 

 

 Torpe y, a la vez, desatinada imitación de la escritura de Cortázar. Fruto de la grata y placentera experiencia de haber leído y comentado una obra, Historias de Cronopios y de Famas (1962), que ha terminado por adherirse a mi cuerpo y a mi alma como una lapa. Los Cronopios son seres, junto a los Famas y las Esperanzas, que nacen del genio creativo del autor. No hay pruebas definitivas de su existencia, lo cual no es óbice para afirmar su presencia en la vida de todo el que ha adquirido el vicio de leer. Pretendo imitar, no plagiar o copiar, Así que he decidido escribir Historias de Girófagos y Cenobitas. Llamaré Girófagos a unos seres concebidos a imagen y semejanza de los Cronopios. Del mismo modo, llamaré Cenobitas a los Famas y Lánguidos a las Esperanzas.  

   


 

 


PECIO 0854: VIDA, CAOS Y ORDEN

 Vida, caos y orden 

 

 Nager dans les eaux troubles
Des lendemais
Attendre ici, la fin

 Flotter dan's l'air trop lourd

Tout est chaos
A côté
Tous mes idéaux: Des mots

(Kate Ryan) 

 


    Una ley determinante de tácticas y estrategias, de luchas y conflictos, de alianzas y litigios, de treguas y compromisos, rige el devenir constante de la existencia. Una ley que nos hace zozobrar entre el sosiego y la inquietud, entre la pesadez de lo necesario y la levedad de lo contingente, entre la imagen de una realidad de hechos yuxtapuestos y otra que expresa la voluntad de integrarlos en una narración dotada de sentido. Así, cuando recuerdo algún evento de mi pasado, mi memoria teje una historia donde quizás no hay más que azar y confusión. Trazo la línea del tiempo como si mis actos obedeciesen a un esquema dirigido hacia una serie de metas u objetivos. Es, entonces, cuando aparece mi connatural bicefalia hermenéutica para 

a) imponerme la imagen del laberinto, metáfora de toda geografía autorreferencial, menos grata que la metáfora del tiempo unidireccional, aunque más real; 

b) la idea de que, en el fondo y en la superficie, todo es caos. 

    No obstante, y a pesar de la solidez de tal constatación, observo que, cuando vuelvo a casa, la llave encaja perfectamente en la cerradura, la luz obedece, como siempre, al clic del interruptor, un breve giro al grifo monomando y el agua sale con la misma presión de costumbre...Y, algo sorprendido por esta belleza etiológica, pienso que, en el fondo, todo es orden. Son los caprichos que exhibe toda hermenéutica bicefálica. Y es que hay historias que son sueños y sueños que quieren convertirse en historias. Hay relatos que gravitan sobre la realidad intentando liberarse de su levedad y hay realidades que soportan su pesadez mediante relatos ubicados en lugares imposibles, extraños a la gravedad. Entre el ayer y el mañana, hay un hueco que jamás se satura, pues en él caben todas las palabras, todas las historias y todos los sueños que se puedan imaginar. Ese lugar es el hoy, el instante fugaz que somos, el presente inmediato cargado de pasado, el momento efímero en el que lanzamos un gran interrogante al futuro. Un interrogante que puede ser un deseo, una mirada, un gesto o, simplemente, la posibilidad de rebelarnos contra lo que somos. Un interrogante exento de respuestas para esta vida tan compleja. ¿Y si nos hubiésemos quedado en la caverna? No, decidimos salir de ella, de todas ellas, de las platónicas y de las de Atapuerca, decidimos inventar el fuego o recibirlo de Prometeo tras sus veleidades con Pandora. Salimos de la caverna y nos metimos en la cama: allí nacemos, allí gozamos, allí morimos. Qué extraña trinidad. Qué vida tan complicada, producto, quizás, de una deuda, de un cheque en blanco que la materia otorgó a la vida para, contaminada de carbono, dejarse llevar por azares y contingencias. O, podría ser, la minuta de un demiurgo despistado cuyo soplo divino insufló alegría, otros dicen que tristeza, a la tierra. No sé por qué la vida es tan complicada. Me hablan de neuronas, hemisferios cerebrales y neocórtex, de escáneres que fotocopian nuestras interioridades y las desvelan sin pudor con la coartada de la ciencia. Me hablan de inconscientes insobornables y conciencias pecaminosas, de genes invisibles que reinan y gobiernan sobre nuestros cuerpos y nuestros actos, sobre nuestras grandezas y nuestras miserias. Yo jamás sabré por qué la vida es tan complicada. Intento vivirla con cierto arte, disimulo mis torpezas, reflexiono sobre sus misterios y acepto sin resignación que no se deje robar sus secretos.

 


 

miércoles, 21 de octubre de 2026

PECIO 1133: SUEÑO DE MEDIANOCHE

Sueño de Medianoche

 

 Dame una noche de asilo, en tu regazo
Esta noche, por ejemplo, dejemos al mundo fuera
Abre tus brazos, ciérralos conmigo dentro
Solo unas horas y luego cuando amanezca yo pondré una cafetera
Y habré llevado esta nube hacia otro cielo de nubes pasajeras
Si el sueño pierde pie, resbala, queda colgando de un hilo
Prefiero una noche entera en vela, a tener el alma en vilo.

(Jorge Drexler) 

 


    Mientras preparo mi hatillo de monte y arbustos con destino a Matarraña, se me ocurre pensar que todo lo que ocurrió, ocurre y ocurrirá (no hace falta ser profeta ni adivino para imaginarlo) hace que me incline a pensar (algo que erguido no consigo llevar a feliz término) que el ser humano es una posibilidad condenada al fracaso o una imposibilidad cuyo éxito está asegurado. Así, inclinado sobre la última sensación que me ligaba a los sueños de mi adolescencia recito el último verso de un poema hecho de azares y laberintos. Las palabras se rebelan contra el lenguaje y los sueños se vierten como lluvia transparente sobre los restos de las ilusiones que como libros viejos también han sido olvidadas.

    Ya sé que no somos versos, ni rimas, ni el ritmo sincopado que inventa un saxofón en noches desnudas de certezas. Ya sabes, te miro y te admiro, y ahora que estás dormida te robo un sueño y me lo llevo escondido en mis entrañas y lo cuido y lo alimento y lo mimo con mis manos y mis ojos y mi boca y me lo llevo dentro, lo envuelvo entero y no puedo evitar, pese a mis cuidadosos intentos de hacerlo mío, que poco tiempo después el sueño robado desaparezca y viaje errante por el mundo hasta volver, no sé cuándo ni cómo, desnudo a ti, su dueña. Se hace de noche y el día me ha vuelto a robar tu presencia. Miro alrededor y escucho el silencio de las fotos y de los libros que callan porque no son más que letras e imágenes sin derecho a la palabra. Se hace de noche y el aire trae olores y sabores de ausencia. Pienso en los minutos y las horas que me quedan para ser nada y no me salen las cuentas. Se hace de noche en la espiral de mis inquietudes de las que brotan espontáneamente las islas y los islotes de tantas y tantas pequeñas cosas que ha producido esta vida. Cierro los ojos y me olvido de ser -como hacen los libros viejos con todos aquellos que, alguna vez, repararon en ellos-. Abro los ojos y recuerdo que la existencia le tiene horror al vacío.

    Y todo ello porque la escritura es violencia: ruido de la palabra en el vacío de la nada. La escritura enmarca "lo que nos pasa" para que adquiera el carácter de acontecimiento: textualiza lo real, la nada, y hace que todo discurso se confunda con el lenguaje que habla de sí mismo o se habla a sí mismo. Edmond Jabès: "La escritura...no es nunca una victoria sobre la nada, sino, por el contrario, una exploración de la nada a través del vocablo." No hay palabras y cosas. Las palabras son cosas y las cosas son palabras. No hay límite ontológico entre el lenguaje y el mundo, entre las palabras que me identifican y el texto que será mi vida a través de las huellas que deja en la escritura o en la memoria. Las palabras son el resultado de los conflictos y batallas que libran las múltiples fuerzas que me habitan. Palabras que escribo, palabras que leo para intentar desenmascarar la retórica de los verbos y los sustantivos. Leo para dialogar con los muertos, sacarles de su silencio e invitarles a entrar en mi vida, en mis manos, en mis ojos, en mis entrañas. Leo porque sé que las palabras constituyen la materia de la que se nutre nuestra existencia. Leo porque amar es, también, un verbo, y feliz, un adjetivo. Leo para ser alguien en quien la palabra encuentre su lugar, su hogar, un refugio en el que cobijarse de las turbulencias que produce el ruido ensordecedor de una realidad implacable. Leo para sentir el silencio, impregnarlo de metáforas e imaginar que la vida no es una línea recta, sino un laberinto en el que cada momento presente es una ocasión para inventar un nuevo cruce de caminos. Leo para sentir el silencio como se siente el tacto de una mirada o el olor de las palabras. Leo y escucho atento los renglones de la piel, aquella que revela las más hondas certezas. Leo tu presencia. Toco el viento. Leo tu rostro, siento el vacío y retomo la tarea de dotar de sentido esta absurda existencia.

 Te observo cuando entras en el Cluny. Sueles llegar pasada la medianoche. Siempre confundida con la oscuridad, atrapada en tu raída y negra cazadora de cuero. Arrastras la mirada como una serpiente que ha fijado, en la distancia, a su presa. Ningún rincón de este café te es ajeno, los recorres buscando una razón, un motivo, una clave que te aparte de un camino que ya no recuerdas cuando comenzaste a recorrer. Jamás abandonas la barra, como si hubieses sellado con ella un pacto secreto, una alianza. Tampoco hablas, interrogas, sin palabras, a un interlocutor ausente. Esperas una respuesta que jamás llega. Apuras tu cerveza y te marchas. Te sigo con la mirada mientras tu cuerpo impregna de inquietud el aire que llena el bar. Te sigo con la mirada como si fueses el signo de una realidad que se evapora, como si mis ojos pudiesen captar la tragedia de tu existencia, el drama de tu vida o la gran comedia que todos representamos en este microcosmos etílico en el que se convierte el Cluny a partir de la medianoche.