All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


sábado, 31 de octubre de 2026

PECIO 0655: DETALLES

 Detalles

 

Oh, be something you love and understand Baby, be a simple kind of man

(Lynyrd Skynyrd)

 

    Sentado en el banco de un parque, un nébulo reflexionaba sobre las huellas imborrables inscritas en esa extraña gramática que se alimenta de la sustancia que forja la memoria. Entusiasmado por la anomalía erótica encarnada y materializada en un ser concreto con DNI y ropa de calle, pensaba que su amor se forjaba tras la égida de una sintaxis en la cual los signos trazados pretendían inventar lo impensable, una sintaxis en la que cada línea, palabra o fragmento se rebelaba contra la trivial estupidez de las convenciones. Sus afectos eran bálsamos frente a las inquietudes que saturaban sus entrañas. Sin duda, el viejo Borges tenía razón: no hay día, no hay lugar, en el que la belleza no haga acto de presencia. Mas para ello, hay que amar los detalles, esos gestos ínfimos, inadvertidos y casi secretos, aquellos que Pessoa cantaba: “Benditos sean los instantes, y los milímetros, y las sombras de las cosas pequeñas”. Las manos que acarician, el gesto que acompaña al movimiento de unos dedos sobre el rostro amado, sobre la espalda roturada de besos y pliegues. Los detalles, aquellas cosas mínimas que nos hacen rebelarnos contra el dolor porque, además de ser carne marcada, somos también almas en las que se inscriben historias mientras escriben la suya propia.

    La escena de un nébulo ensimismado es una excepción, si tenemos en cuenta los hábitos y protocolos que animan a estos extraños seres. Un cenobio testigo de tal extravagancia, aprovechó la ocasión para alterar el estado inusual del nébulo con un discurso digno de la Gran Académica Cenóbica de Afectos y Carnalidades (GACAC):

    “El amor no es más que un repertorio de mitos convencionalmente trenzados destinado a conjurar el miedo y el temor que tenemos a la soledad. El amor no es más que un trastorno afectivo-sexual que impone a la conciencia la ilusión que suscita la mágica irrealidad de la ficción. Amor es voracidad del amante y sumisión del amado, omnipresencia en la vida de la persona amada y omnisciencia con respecto a sus actos y pensamientos”.

    Los poselas observaban sin juicio ni prejuicio. Piensan que lo que haya de ser, será. El nébulo reanudó su paseo sine ira et studio, repasó las palabras del cenobio y pensó:  La escritura es el artificio más sutil que tenemos para engañarnos a nosotros mismos.

 


 

 


PECIO 1834: EROS EN MOVIMIENTO (Revisited)

 Eros en movimiento

 

Amarsi un po' È come bere Più facile È respirare Basta guardarsi e poi Avvicinarsi un po' E non lasciarsi mai Impaurire no, no

(Lucio Battisti)

 

    No me resisto al tópico ni a los lugares comunes que nos habitan. Nos quedamos allí mismo donde la voz se confunde con el silencio, gozando el eco de una sonrisa compartida, arrojados desnudos contra los muros que caen al paso de nuestros besos. Tus manos, mis dedos, te toco, me tocas, acaricio tu pelo. Sonríe de arriba abajo y dame todos tus labios En tu piel no hay desiertos. Es una ley no escrita, el tiempo denso se resiste a la contingencia, se imagina necesario cuando constata que tu cuerpo es la refutación de cualquier teorema. La arquitectura perfecta de tus caderas es alfa y omega. Teje en mi piel todas las manifestaciones de la ternura, en tu rostro se dibuja un verso que evacúa todas las formas del hastío o del tedio. Vuelvo a tu sexo, a la melodía perfecta de tus gemidos, agonizo y me derramo y floto y me abismo en ese instante infinito en el que dentro, muy dentro de ti me siento eterno, en tu sexo libre mojado de océano. Carnalidad afectiva de almas que se citan en una mirada evocando ese momento en el que el deseo se hizo carne y habitó entre nosotros.  Leo la escritura que revela tu cuerpo y el silencio del deseo siempre en movimiento. Y de nuevo, rescato las formas de mi sexo y tu sexo, el giro incesante de eros en movimiento. Tu boca se abre con la voracidad de una tormenta alimentándose de las palpitaciones que produce en mi sexo. Mi boca se abre y bebe todo el amor que brota de tu sexo. Unas gotas de sudor llegan hasta mi boca, otras bajan por tu pecho y se funden con el ritmo de la música que inventan tus senos. Tu vello púbico no tiene límites porque sólo soy lengua sin alma ni cuerpo que renace en tus labios mientras describe círculos y elipses, mientras inventa geometrías sin planos ni volúmenes y ecuaciones sin incógnitas: la certeza de que el alma es carne sin fisuras ni tiempo en el tacto íntimo y singular de tu cuerpo sobre mi cuerpo recreando el convencimiento de que la carne es el alma en el tiempo.

 



 

PECIO 1058: NÉBULOS Y CENOBIOS (LA RAYUELA Y LA VERDAD)

 Nébulos y cenobios: la rayuela y la verdad

 

Oh, I want the truth to be known

Huh, huh, huh, huh-uh, huh
I know this much is true
Huh, huh, huh, huh-uh, huh

Oh, I want the truth to be known

 (Spandau Ballet) 

 

    Un nébulo solitario y solidario pensaba que existía la rayuela y existía el cielo. Imaginó unos versos cuya protagonista era un tejo que debía recorrer el camino que iba de la mano hasta la rayuela. Sólo había que tirarlo con mucho tino y cuidado, besarlo antes de soltarlo, acariciarlo y susurrarle en su pétreo oído un verso o una rima. El gesto de arrojarlo dibujaría un espacio carente de tiempo, frío o silencio, e inventaría un cielo donde cobijar el sueño del tejo: no sentir temor ni temblor ante la vida, la misma que nos invita cada día a soltar el brazo y abrir la mano. Se pude imaginar el cielo (o el infierno), pero no debemos olvidar que la rayuela siempre se pinta en el suelo, pensó, también, el nébulo. 

Mientras tanto, un cenobio solitario y solidario según la normativa vigente, realizaba la tarea de inferir, derivar, deducir e inducir a partir de un momento concreto, de un dato coyuntural, la totalidad del universo, como si este fuese siempre algo fijo, inmutable, constante, como si no supiésemos, objetan los nébulos, que al pensar, y por tanto, deducir, inferir, inducir y no sé cuántas operaciones lógicas más no nos percatásemos de que al pensar estamos ya modificando aquello en lo que reparamos intelectualmente, aquello que dividimos, troceamos, fragmentamos, para poder aprehenderlo y deglutirlo con toda la violencia de nuestra voracidad racional.

Según la a-pistemología nebúlica, la verdad no se demuestra ni se muestra, no es desvelamiento ni revelación, la verdad no se somete a la gran tecnología creada por el gran cenobio: el discurso racional.

¿Qué es entonces la verdad?, preguntó el cenobio solitario y solidario según la normativa vigente. El nébulo solitario y solidario decidió, guitarra en mano, responder con los versos de aquella canción:

 

Tomando en cuenta lo implacable
Que debe ser la verdad, quisiera preguntar
Me urge tanto,
¿Qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?

¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?

(Silvio Rodríguez)


 


 

viernes, 30 de octubre de 2026

PECIO 0714: UN POEMA, UN NÉBULO, UN CENOBIO Y UNOS POSELAS

 Un poema, un nébulo, un cenobio y unos poselas

 

Estos poemas los desencadenaste tú
Como se desencadena el viento sin saber
Hacia dónde ni por qué
Son dones del azar o del destino que, a veces
La soledad arremolina o barre
Nada más que palabras que se encuentran
Que se atraen y se juntan
Irremediablemente y hacen
Un ruido melodioso o triste
Lo mismo que dos cuerpos que se aman

(Pedro Guerra)

 

    Pronunció la palabra POEMA y el nébulo sintió una bilabial explosión cuyo hipocentro se encontraba en la consonante que iniciaba la palabra. Al estruendo consonántico siguió esa vocal amable y redonda que inunda la boca hasta fusionarse con la vocal siguiente, signo de transición hasta una letra también redonda, saturada por la vocal que mejor le conviene, la vocal del grito colérico y, paradójicamente, la vocal del gemido apasionado. Tras estas reflexiones no pudo sino volver a repetir, esta vez fue casi un grito, la palabra POEMA, y sintió, mientras su aparato fonador articulaba el signo, cada uno de los sonidos viajando a través de sus dientes y de su lengua. Notó el aire, en su sorda sonoridad, recrearse en sus papilas gustativas, recorrer su paladar acariciando cada una de las terminaciones nerviosas que le capacitaban para otorgar un sentido al mundo y a lo que en él ocurre. Volvió, esta vez sí, a gritar la palabra POEMA. Y la cadena de sonidos encontró cobijo junto a un sueño. Un cenobio que asistía al soliloquio del nébulo, aprovechó un momento de distracción para robarle el sueño y reconstruirlo despojándolo de lírica, metro y rima. Convirtió el poema en teoría, tesis, axioma, teorema y corolario. Los poselas se limitaban a contemplar el espectáculo, sin juicios ni prejuicios, sin la más mínima voluntad de intervenir en el suceso. Siempre se limitan a constatar la fugacidad de los acontecimientos y el transcurrir implacable del tiempo.

 



jueves, 29 de octubre de 2026

PECIO 0709: EL NÉBULO MELANCÓLICO

 El nébulo melancólico

 

 In restless dreams I walked aloneNarrow streets of cobblestone'Neath the halo of a street lampI turned my collar to the cold and dampWhen my eyes were stabbed by the flash of a neon lightThat split the nightAnd touched the sound of silence

 

(Simon & Garfunkel)  

 

    Versión en blanco y negro que contrasta con una realidad más bien gris. Polifonía de colores al amanecer, cuando uno cree que los mecanismos que rigen el funcionamiento del mundo han dejado de operar porque una sonrisa le ha abismado en un optimismo ingenuo que se quiebra al tropezar consigo mismo y contemplar cómo la tostada vuelve a caer del lado de la mantequilla y la mermelada. A medianoche, algunos nébulos se ponen melancólicos y sentados en el suelo y con la cabeza entre las piernas dicen cosas como “amo tu ausencia” o “me gusta cuando callas porque estás muy presente”. Después se dejan llevar por sus propias palabras y se sumergen en un estado de embriaguez mística que preocupa al resto. Como los nébulos jamás se recriminan cosa alguna, comienzan a hacer gestos que han copiado de las películas mudas de Buster Keaton y Charles Chaplin. Durante un tiempo sólo se oye el sonido del silencio, el ruido que producen los movimientos de las manos y de la cabeza, hasta que el nébulo afectado consigue salir de su anormal estado y los mira y sonríe como siempre, como si no hubiese pasado nada. Se celebra una fiesta a la cual se invita a los cenobios y a los poselas. Los cenobios llegan a la fiesta preguntando qué ha pasado y pidiendo explicaciones. Es su forma de ser, piensan que el mundo es cenóbico o no es. Los poselas siempre ejercen de sí mismos y esperan que la situación se resuelva por sí sola. Saben que en realidad nunca pasa nada, que sólo son palabras y que las palabras son como el humo: se dicen y desaparecen.

 


 

 

PECIO 11:54: PALABRAS

Palabras

 

 (Une parole encore)
Paroles, paroles, paroles
(Écoute-moi)
Paroles, paroles, paroles
(Je t'en prie)
Paroles, paroles, paroles
(Je te jure)
Paroles, paroles, paroles, paroles, paroles
Encore des paroles que tu sèmes au vent

(Dalida)

 

    El diccionario de los nébulos no respeta el orden alfabético de las palabras, pues es de dominio público que estos seres sienten animadversión por las taxonomías y las clasificaciones, por las filas indias y los números que expiden las máquinas, más o menos sofisticadas, en las colas de las carnicerías, de las pescaderías o en el servicio postal de Correos. Cuando al enormísimo nébulo se le formulan cuestiones relativas a la morfología, la lexicología o la semántica, responde con clasificaciones arbitrarias semejantes a las de Borges que no se someten ninguno de los protocolos académicos conocidos. Así habla de:

palabras-pájaro: libres y viajeras, amantes de los espacios abiertos

palabras-sueño: promesas de tu rostro y anagramas de tu sonrisa

palabras-humo: la alegría ingrávida de una mujer que vuela

palabras-fuego: inquietas e insatisfechas, espejos que reflejan batallas sin tregua palabras-música, sin pentagramas ni partitura, sonidos como besos que arañan el alma

y palabras-huella: tú, toda tú, desnuda.

    No es la poesía un arte cultivada especialmente por los nébulos. Su mundo es lo suficientemente irreal como para perder el tiempo en uno de los múltiples géneros de la literatura de ficción. Cuando un nébulo se pone, lápiz en mano, a componer canciones con el objetivo de alterar el orden de las cosas, suele escribir listas como la siguiente:

Amor, esa palabra

Jazz, ese ruido

Amor, ese ruido

Jazz, esa palabra

Vida, ese laberinto

Siempre, esa mentira

Nunca, esa impostura

Amor, esa vida

Jazz, ese amor

Mentira, esa palabra

Pareja, esa paradoja

Amor, jazz, Vida, esas palabras

Palabra, ese amor

Pareja, ese ruido

Paradójica, esa pareja

Siempre, ese sueño

    El resto de nébulos finge escuchar al rapsoda y cuando este termina le presentan sus condolencias, le tiran suavemente de las orejas mientras le tararean al oído el estribillo de una canción sin letra y sin rimas.  

 


 

miércoles, 28 de octubre de 2026

PECIO 1620: TRANSFIGURACIÓN

Transfiguración

 And I don't wanna be somebody without your body close to me And if it wasn't you, I wouldn't want anybody close to me  

(The Cure) 

 

    Hay nébulos que se empeñan en atentar contra su propia naturaleza y entonces se enamoran y componen poemas líricos sobre la belleza y las bondades del ser amado. Abandonan su modo lúdico de lidiar con la vida y se instalan en complejidades existenciales excesivamente ajenas a su modo de ser. Pasan noches enteras ensimismados, abandonan las nebuliadas y ya no saludan a los demás con esos pequeños saltitos acompañados de algunos giros que se asemejan al baile de las peonzas. Comienzan a ordenar los cajones donde guardan sus pecios tomando como referencia el alfabeto cirílico y clasifican los alimentos según las últimas taxonomías propuestas por la señora Margulis. A medida que avanza el proceso de transfiguración, el nébulo enamorado va adquiriendo los rasgos de los cenobios que, como todo el mundo sabe, han hecho de la norma, la ley y el orden los principios rectores de todos sus actos. Superado el desasosiego derivado de conjugar Ley y Sentimiento en una única alma, aunque sea la de un ser tan singular e inefable, comienza a imaginar situaciones hipotéticas y a hacer planes para el futuro -término que no existe en ninguno de los diccionarios nebulosos hasta ahora conocidos. Por lo dicho y transfigurado, el nébulo olvida su pasado y adquiere la esencia de los poselas. Sus amigos le citan todas las noches a fin de detener la metamorfosis mediante un proceso criogénico que lo libere del prurito erótico enfermizo. Pero como los nébulos tienen la costumbre de quedar sin especificar la fecha, el lugar o la hora, sus tentativas fracasan estrepitosamente. Los nébulos entonan cantos himeneos a fin de evitar la consumación del descalabro, hasta que entienden que solo el azar y el tiempo conseguirán la vuelta a casa del nébulo autoexiliado. 

 


 

 

 

PECIO 0937: LAS SUTILES VARIACIONES DEL TACTO

 Las sutiles variaciones del tacto

 Cuando se acuestan la razón y el deseo
Llueve sobre mojado

(J. Sabina) 


    Los núbolos no son aficionados a plantearse cuestiones sobre el carácter de las relaciones afectivas, las mismas en las que comparten tiempo, espacio y sueños. En su perpetua ingravidez, la conceptualización o racionalización de sus idas y venidas sentimentales escapa a sus órganos de reflexión. Un cenobio, de orientación psicoanalítica, decía que philia no es más que la sublimación de eros. Al contrario que los cenobios, más dados a pasar por el filtro de la razón cualquier alteración de su cuerpo o de su espíritu, los núbolos entendieron, hace ya mucho tiempo, la relación dialéctica entre eros y philia, y codificaron en una fórmula las enseñanzas del enormísimo núbolo: el sexo es una de las variaciones del tacto.

 


 

 

lunes, 26 de octubre de 2026

PECIO 0759: EL NIDO DE LOS NÚBOLOS

El nido de los núbolos

 

 I see skies of blueAnd clouds of whiteThe bright blessed dayThe dark sacred nightAnd I think to myselfWhat a wonderful world

(Ramones) 

 

Y dijo un núbolo: "Una idea, una certeza que jamás es siquiera rozada por la incertidumbre es una idea muerta". El resto de núbolos lo miraron incrédulos. Jamás habían visto algo parecido, o quizás sí, pero en otros, como, por ejemplo, los cenobios. Los núbolos hicieron un nido donde cobijaron al que profería palabras tan extrañas. No se preocuparon mucho, porque ellos saben que estas afecciones son pasajeras y suelen deberse a los cambios de tiempo y a las corrientes de aire. Calentito y arropado por sus inefables compañeros, el núbolo volvió a tararear las melodías del enormísimo y volátil alisio:

The colors of the rainbow So pretty in the sky Are also on the faces Of people going by I see friends shaking hands Saying, "How do you do?" They're really saying I love you

Y todo quedó en un mero incidente sin importancia.

 


 

PECIO 0530: EL DESESPERO DE LOS NÚBOLOS

El desespero de los núbolos

 

 Te quieroPero te llevaste la florY me dejaste el floreroTe quieroMe dejaste la cenizaY te llevaste el ceniceroTe quieroPero te llevaste marzoY te rendiste en febrero

(Andrés Calamaro) 

 

    Los núbolos -que yo imagino- no son narcisistas, no se sienten únicos e insustituibles, y asumen su contingencia mientras bailan abrazados en el arcén de una carretera o en la puerta de una iglesia donde se ha celebrado una boda. A veces, se suben a la cima de una gran montaña que han descubierto tras mucho tiempo de estar buscando un gran valle; no les importa, pues no diferencian entre verticalidad y horizontalidad. Allí celebran lo azaroso de la vida, el estar ahí y los múltiples encuentros que les han salido al paso a lo largo del camino. Los núbolos -que yo imagino- nunca otean el horizonte, porque está demasiado lejos; aman sin tiempo ni recuerdos y olvidan fácilmente lo feo. Cuando un núbolo se lamenta por un amor frustrado, el resto lo invita a abrir la puerta y dejar pasar el aire. Todos se instalan en la casa del afectado y cantan canciones y le roban el desespero, lo reparten según el grado de felicidad que cada uno proclama, para que sea tan poco el desespero que cada uno se queda. 

 


 

PECIO 2211: EL NÚBOLO INVENTOR DE SONRISAS

 El núbolo inventor de sonrisas

 

Des kilos d'emmerdement
Mais j'en fais peu de cas
En te voyant ...sourire
 
(Stephan Eicher) 

 

    Ninguna actividad es más ajena a los núbolos que la introspección. Un núbolo, que pasaba el día inventando sonrisas, dejó de sonreír y decidió ponerse serio tras leer las Confesiones de San Agustín. Inició un proceso de autotrascendimiento con la finalidad de entrar en contacto con su yo interior. Superada la barrera porosa del preconsciente llegó a la roca madre inconsciente donde esperaba encontrarse con su verdadero yo. Se encontró a otro. Y a otros. Todos ellos reivindicando su autenticidad y veracidad. Un potaje de egos que competían por ser el verdadero rostro de la verdad del núbolo que se puso serio. Cansado de viajar por las entrañas de su mismidad, regresó a la realidad exterior justo en el momento en el que comenzaban las nubolopiadas: fiestas a las que no están invitados ni los cenobios, ni los poselas, ni los yoes interiores.