Tragedia (y jazz y Ulises y versos y rimas)
Entra in questo amore buio pieno di uomini
Via, entra e fatti un bagno caldo
C’è un accappatoio azzurro
Fuori piove un mondo freddo
(Paolo Conte)
Hay versos que se cruzan en las intersecciones donde se dan cita las rimas solitarias. Líneas de fuerza que se citan, se olvidan, se recuerdan, se afirman y niegan, se atraen y se repelen. Hay versos tan profundos que se citan en la superficie de tu piel. Qué superficiales de tan profundos, somos tantos que resulta difícil contener tantas vidas en un solo cuerpo. Hyde sonríe ubicado en la atalaya desde la que contempla esta esquizofrenia orgiástica para la cual no se ha inventado la letra que la escenifique o la cante. Solo un piano ebrio de soledad sabe que la vida no responde a la estructura de un relato. La continuidad la pone la memoria. Escuchen la música de K. Jarret, de B. Evans, de B. Powell, de D. Ellington o de T. Monk. Yo he aprendido que, si se renuncia a la tragedia y nos centramos en la búsqueda de una solución salvífica, solo queda la insustancialidad del drama o la levedad de la comedia. Ulises anhela el regreso al hogar, pero no menos la libertad que proporciona el mar. El drama excluye, exige proceder a la elección entre el bien y el mal, entre Dios o el diablo, entre la perdición o la salvación; la comedia concilia la levedad con la pesantez de la vida, el humor con la seriedad, la alegría con la tristeza; el espíritu trágico mantiene la tensión, ni exclusión ni conciliación, pues la herida nunca se cierra, permanece siempre abierta, nutriéndose de la paradoja y la contradicción. El espíritu trágico tiene horror al vacío en el que se resuelven todas las idealizaciones de las que son capaces los seres humanos: Via, via, vieni via con me, entra in questo anore buio, non perderti per niente al mondo, via, via, non perderti per niente al mondo.