Vaffanculo
Siamo tutti conformisti
Travestiti da ribelli
(Marco Masini)
El Festival Cultur ALH se define como un laboratorio de creación artística “capaz de resistir esa normalidad cada vez más homogénea que parece que es tendencia”. No sé contra qué normalidad se rebela cuando ha normalizado una política de cancelación DIRIGIDA A quien no comulga con las ideas de los colectivos más o menos presentes en la Universidad de Granada. Este ha sido el caso de Ariana Harwicz, argentina y judía, expulsada del festival por orden del grupo Red Universitaria por Palestina. El gran pecado de Ariana fue no comprometerse con el boicot a Israel. Los hipócritas integradores “wokes” vuelven a mostrar su perverso integrismo en un acto propio de regímenes totalitarios: “O estás conmigo o estás contra mí”, “o estás contra Israel o estás contra mí”. Supongo que la izquierda woke aspira, ya sin pudor, a conseguir el control de todos los sectores de la sociedad a imagen y semejanza del régimen comunista que imperó en Rusia durante 70 años. En el régimen bolchevique, el disidente era un enfermo mental, en el régimen woke, el detractor es un sujeto susceptible de ser cancelado. A pesar de la impunidad de la que disfrutan los próceres de lo políticamente correcto, el sistema pone tímidamente límites a su voluntad canceladora. Si fuera por ellos, ya habrían diseñado y construido los guetos en los que ubicar a todos aquellos que no siguen sus dictámenes al pie de la letra. Y digo guetos por no decir campos de concentración o de exterminio. Los dirigentes de la Universidad de Granada se pliegan sin ningún escrúpulo a las decisiones cancelatorias del grupo propalestino. Ariana no participará en el festival porque su actitud no es compatible con los imperativos del grupo universitario. El que 350 escritores hayan apoyado a la artista argentina no ha servido para que la organización wokista cambie de actitud. Tampoco la renuncia de John Banbille a participar en el festival ha servido para que reconsideren su despropósito. Que un grupo de descerebrados, imbéciles y cenutrios tengan tal poder es algo que debería preocupar a la gente de bien y de mal. Porque nadie está libre de ser cancelado por estos grupos de bolcheviquinazis apoyados por unas instituciones mojigatas y pusilánimes. En una entrevista a la artista publicada en El confidencial, apunta que:
Las cancelaciones funcionan porque hay gente colaboradora que se calla cuando sucede eso, porque si la Universidad de Granada hubiera dicho “no le podemos discriminar a una autora por su pensamiento o por su religión”, esto no hubiera ocurrido.
Y tiene toda la razón. Se están imponiendo nuevas formas de censura disfrazadas de progresismo y libertad. Pero no engañan a nadie. Así que ahí va mi desprecio por todos aquellos que pretenden hacernos cómplices de los nuevos modos de extorsión o cancelación (que viene a ser lo mismo), vengan de la derecha, de la izquierda, del centro, de arriba o de abajo. ¡Va fan culo!, que diría mi etimólogo de cabecera.
