Sinceridad
"No seas absurdo", me regañó, "esa
explicación nadie te la pidió
Así que guárdatela, me pone enferma tanta sinceridad"
Yo le quería decir la verdad, por amarga que fuera
Contarle que el universo era más ancho que sus caderas
Le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa
Pero ella prefería escuchar mentiras piadosas
(Joaquín Sabina)
Lo contrario de la verdad es la falsedad. Lo contrario de la sinceridad es la mentira. Se puede ser sincero emitiendo una proposición falsa. El terraplanista convencido no miente, enuncia una falsedad, su afirmación no es conforme a la realidad (adaequatio rei et intellectus), muestra la imposibilidad de conjuntar dos ideas: la tierra y su estructura. Ahora bien, entre lo verdadero y lo falso existe un espectro de posibilidades que constituyen lo indecidible: afirmo que “nevará en Murcia el veinticinco de diciembre de 2027”. La verdad relativa es más real que la Verdad: el teorema de Pitágoras enuncia una verdad en el seno de las geometrías euclidianas, pero una falsedad en las geometrías elípticas o hiperbólicas.
La verdad y la falsedad pertenecen al ámbito de lo intersubjetivo, la sinceridad y la mentira al de lo subjetivo. ¡Dime la verdad! es una expresión anómala que debería traducirse por ¡sé sincero! Anómala hasta el punto de que en ciertos contextos se exige una imposibilidad: “la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad”. Porque la verdad no se reduce a aquello que un individuo sabe sobre tal o cual asunto. El sujeto recorta, elimina, añade, interpreta, diluye o aliña aquello que considera verdadero (que no se identifica con la verdad, sino, en el mejor de los casos, con parte de ella). La verdad es una idea, la falsedad, su reverso. La verdad es una idea que no se puede decir. Sí se puede decir una verdad o unas verdades. El artículo indeterminado nos sitúa en la realidad, el determinado nos eleva hasta la idealidad o nos hunde en la irrealidad. Hay quien considera que no decir toda la verdad es una forma de mentir. De nuevo, erramos, porque quien no dice toda la verdad que podría decir (que nunca sería toda la verdad) no miente, simplemente no es sincero hasta el final. Limita el contenido y obvia lo irrelevante o aquello que por ser dicho podría alterar la correlación de fuerzas intelectuales o sentimentales que se ponen en juego en una conversación, discusión o confesión.