All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 19 de octubre de 2026

PECIO 0911: MELANCOLÍA

Melancolía

 

 Y ya no puedo más, ya no puedo más
Siempre se repite esta misma historia
Y ya no puedo más, ya no puedo más
Estoy harto de rodar como una noria

(Camilo Sexto) 

 

    Comenzaré con un exabrupto: la lucidez es proporcional a la desesperanza que se es capaz de soportar. Y quisiera precisar que estar desesperanzado no se identifica con estar desesperado. El desesperado es aquél que confundió sus propios deseos con la realidad. Y se equivocó al adoptar dicha actitud. No tener esperanzas no significa estar desesperado, sino, más bien, no vivir presa de la ilusión existencial que conduce a una interpretación errónea de la realidad. No tener esperanzas es un síntoma de lucidez, apunta a una visión optimista de la vida, obliga a mantenerse ligado estrechamente a la realidad. La expectativa es más real que la esperanza, pues esta se anuda a una distorsión del presente ordenándolo a un futuro improbable. La expectativa, sin embargo, nace de una relación sagital con el presente y configura un modo de actuar que nos lanza hacia el futuro sobre la base de una acción que excluye la ilusión y se mantiene firme en la conciencia de la viabilidad de lo probable ante la impostura de lo imposible. Hay quien todavía espera la revolución, sentado en su sofá de IKEA y viendo un programa de televisión en su aparato adquirido en AMAZON. La imagen nos lleva a la idea de que el revolucionario melancólico ha pasado de esperar el acontecimiento a vivir del deseo de seguir esperando. Cuando se divinizan o deifican los productos fruto de la imaginación humana, se termina justificando cualquier acción bajo el lema revolucionario “el fin justifica los medios”. No hay sujeto o institución más peligroso que aquel que afirma “la razón está de mi parte” o “actúo de acuerdo con el sentido de la historia”. A partir del dogma se engendra la ortodoxia y de aquí a la legitimación del crimen sólo hay un paso o una bala. Algunos de mis amigos de izquierdas siguen mantenido un cierto lazo melancólico-ideológico con una revolución imposible que les permite afirmar su fidelidad a las antiguas raíces marxistas emancipadoras y, al mismo tiempo, participar plenamente en el globalizado juego del capitalismo. Mis amigos melancólicos no renuncian a SU revolución. Sin embargo, la niegan en cada uno de sus actos y de sus gestos, perfectamente instalados en una sociedad a la que desprecian, pero en la que ellos se encuentran perfectamente instalados. No renuncian y no aceptan que el deseo de revolución debe ser cuestionado, porque, en definitiva, ellos, más que desear la revolución, desean el deseo de revolución que han perdido. Ni siquiera han iniciado el duelo. El lugar de éste fue ocupado, primero por la nostalgia, después por la melancolía. Y ahí siguen. Es lo que tienen los lazos melancólicos: no permiten distinguir entre la falta y la ausencia. 

 


 

domingo, 18 de octubre de 2026

PECIO 2209: MANIQUEÍSMO

Maniqueísmo 

 

Un nuevo y extraño ser
Ha nacido en la ciudad
Es el hijo de un camión
Y una acacia
Se confunde su color
Con el humo del tráfico
Se para extasiado y feliz
Con el ruido

Come tornillos y clavos
Trabaja en una fábrica
Donde produce como diez
Y cobra como uno

Es un ser humano hijo del futuro

(Asfalto) 


 

    El maniqueísmo es una doctrina filosófica y teológica que conjuga a partes iguales simpleza y estupidez. La simpleza se deriva de la adopción, por parte de sus acólitos, de una idea reductora de la complejidad de lo real: la bipolaridad ontológica. Simpleza que deviene estupidez cuando estos se sitúan en el polo positivo de la bipolaridad establecida. La dicotomía es el mecanismo escogido por el maniqueo para establecer sus imposturas y disparates: Bien / Mal, Verdad / Falsedad, Materia / Espíritu, Dios / Diablo... Para el maniqueo la realidad es una moneda: solo tiene cara y cruz. Al lanzarla, solo se puede materializar una de las dos opciones posibles.  Entre los maniqueos modernos destacan aquellos que han promovido la dicotomía Naturaleza / Tecnología. Suelen ser fácilmente identificables porque se les ve frecuentar los herbolarios, soñar con un viaje espiritual a la India, creer todo lo que dicen los textos tipificados como ancestrales, embadurnarse de ungüentos presuntamente mágicos o acudir al karma para explicar cualquier beneficio o castigo que se pueda obtener en la vida. Son quimiofóbicos e hierbofílicos. Términos como “estabilizante” o “pasteurizada” les provocan alergias de diversa índole. Algunos piensan que el Kéfir o el Humus que venden los supermercados está libre de cualquier tipo de aditivo y que las medicinas orientales son las únicas verdaderas. Su animadversión al cristianismo solo es igualable a su adhesión al budismo o al galimatías teorizado por J. Krishnamurti. Para estos maniqueos de la nutrición, está, por un lado, la naturaleza, idílica, liberadora, cómplice, madre amante y espacio sagrado de la vida bucólica. Por otro, la tecnología, bárbara, maléfica, fuente de todo mal y de toda alienación. Gaia nos cuida, nos protege, aunque de vez en cuando, harta de las tropelías del ser humano, nos castiga con virus, tsunamis o danas. Un tsunami no es un fenómeno natural, sino un castigo de mami harta ya de humos y vertederos. La tecnología nos subyuga, nos somete a los poderes políticos y económicos, nos aliena de nuestra esencia y nos convierte en prolongaciones de las máquinas. Lo natural es intrínsicamente valioso, lo tecnológico, maléfico. Yo, ni apocalíptico ni integrado, intento situarme en la equidistancia odiseica de las dos miradas, una que se vincula a la naturaleza, otra que se acomoda a la tecnología. Y no me fío de ninguna, ni de la naturaleza, ni de la tecnología, ni de mi mirada. 

 


 

jueves, 15 de octubre de 2026

PECIO 0628: TU BOCA

Tu boca

 

 Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos. 

(Joan Manuel Serrat)

 

Hay personas complicadas cuya presencia puede precipitar tu vida hacia el abismo del tedio o, por el contrario, expandir tus horizontes vitales hacia lugares que hasta ese momento ni habías imaginado. Hay personas simples cuya ausencia es una bendición y otras cuya presencia es un modo de desmontar las complejas tramas en las que nos envuelven nuestros hábitos, prejuicios y quiméricas esperanzas. La vida y la red de relaciones en las que nos vemos envueltos, de un modo consciente o inconsciente, voluntaria o involuntariamente, se definen por su complejidad. Ahora bien, hay ocasiones en las cuales simplificar se impone como una tarea ineludible de supervivencia social y existencial.

A modo de ejemplo, propongo el siguiente esquema simplificador de las religiones laicas contemporáneas: Dios: Marx o Adam Smith; el pueblo elegido: El proletariado o el emprendedor; los herejes: la burguesía o el funcionario; la iglesia: El Partido Comunista o el Mercado Libre; la gracia: la adhesión al partido o la asunción del Estado mínimo; el mesías: Carlos Brown o Pablo Iglesias; El paraíso: la sociedad sin clases o la sociedad sin impuestos; la salvación: la Revolución o la Bolsa; el infierno: El Comunismo o el Capitalismo.

El problema del marxismo y de sus diferentes versiones es que consideran que todo es relativo, dialéctico, histórico y superestructural, excepto la doctrina de Marx. El problema del liberalismo y de sus diferentes versiones es que consideran que el "mercado" es la expresión de la libertad inscrita en la naturaleza humana. Nos enfrentamos a dos ortodoxias o doctrinas de exclusión que han devenido teologías cuyo objetivo es implantar el grado cero del pensamiento y de la crítica.

Así, consciente de la urgencia de “posicionarme” exigida por el foro mediático contemporáneo, ante la necesidad de elegir entre conjugar la vida simplificando o vivir en la perplejidad que se deriva de lo complejo, intento poner tierra por medio, situarme a la distancia justa para conseguir una visión panorámica a fin de obtener una imagen de la totalidad del asunto. No quiero perderme en los detalles, ni dejarme seducir por un relámpago de comprensión que se ha desligado de la totalidad de los hechos (o de su interpretación). Pero es cierto que un detalle puede contener en sí todo el significado de la totalidad de las partes y que, entre el todo y la parte, entre el texto y el fragmento, entre tu cuerpo y tus ojos -y tus labios y tus pliegues y tus... me sigue abismando la vida, esa palabra...

Y si de simplificar se trata, te digo que la mayor amenaza no es la dispersión de los afectos, sino la apuesta por una afectividad de "riesgo cero". Y más aún, te recuerdo que te miro y te admiro. Y ahora que duermes desnuda, aprovecho y miro tu espalda, casi te toco con la mirada, que se funde con tu piel de recuerdo, olvido y memoria, que se desliza por ella hasta no sentir nada que no sea este momento en el que me confundo con el placer de ser humo en tu boca.