All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


sábado, 2 de mayo de 2026

Rotura de fibras en el isquiotibial (3)

 

Rotura de fibras en el isquiotibial (3)

La rotura de fibras de mi isquiotibial de la pierna izquierda ha evolucionado positivamente hasta el punto de permitirme, con precaución, andar unos pasos, los mismos que van del sofá al aseo. En el trayecto -largo, pero no tortuoso camino-, me vino a la cabeza una cita del escritor Milan Stein (que si no recuerdo mal se encuentra en su libro HISTORIA E INCERTIDUMBRE). 

(IDA) 

Transcribo la cita tal y como la recuerdo: "Hay historias que son sueños y sueños concebidos para convertirse en historias. Hay relatos que gravitan sobre la realidad intentando liberarse de su levedad y hay realidades que soportan su pesadez mientras miran ociosas hacia ese lugar imposible donde la vida se encuentra exenta de dolor. Entre el ayer y el mañana, hay un hueco que jamás se satura, pues en él caben todas las palabras, todas las historias y todos los sueños que quepa imaginar. Es el correlato antropológico del Aleph de Borges, es el hoy, el instante fugaz que somos, el presente inmediato cargado de pasado, el momento efímero en el que lanzamos un gran interrogante al futuro. Un interrogante que puede ser un deseo, una mirada, un gesto, o simplemente la posibilidad de rebelarnos contra lo que somos.”

(VUELTA) 

Imagino dicho interrogante como un conjunto finito de puertas cuya apertura o cierre es algo indefinido, pues sus bisagras permiten un movimiento de 360 grados. Son puertas abiertas que ventilan una habitación o una relación, son puertas-huida y puertas-temor, son puertas-inicio y puertas-final, y por supuesto, son puertas a las que no hay que llamar si uno no va bien pertrechado de fortaleza, orgullo y dignidad. Son puertas que dan a otras puertas en una serie infinita que reclama el deseo, como las de una habitación, y otras que lo mutilan: puertas-confesionario o puertas-tentación. Hay puertas que invitan y otras que rechazan la invitación, hay puertas de madera, de hierro, puertas blindadas contra los arrebatos del corazón. Hay puertas que no impiden la travesía del amor, otras, sin embargo, le dan en las narices a Eros y a la madre que lo parió. Hay puertas-mentira que prometen lo que no son y otras puertas-engaño que simulan la felicidad sin escrúpulos ni pudor. Hay puertas que se abren en una esquina de la vida y te esperan sólo a ti, pero, amigo, por ellas no caben dos. Hay, sin embargo, puertas a medida atravesadas por dos, no importa quien las abra, si la honestidad preside el camino y el compromiso no aplasta la individualidad. Hay tantas puertas que ya me aburre esta estúpida taxonomía, así que lanzo al aire una petición: que las puertas que nos quedan por abrir sean, al menos, puertas-lanzadera hacia ese futuro incierto al que el poeta llamó “esa vieja roca muda” que tan mal se lleva con la providencia, la fortuna, el destino o la salvación. 

 


 

 

miércoles, 7 de enero de 2026

Gatos y arañas cuánticos. Aforema 0724.

 

Gatos y arañas cuánticos

 

La sensación de que algo me roe las entrañas no procede de mamífero alguno. Ningún gato habita mis intestinos, ningún peludo de largos bigotes ha hecho de mi estómago su morada, quizás porque soy alérgico a su tacto y su presencia me conduciría inexorablemente a un estado permanente de irritación rinítica nada agradable, ni para mí ni para aquellos que, en un gesto que les hace acreedores al título de Santos Pacientes, aún me soportan. No, ningún gato maúlla en mi interior porque no soporto la estructuras capilares de estos, para otros, magníficos animales, y me aparto de su camino, atendiendo al consejo del viejo filósofo, como si de formales y tiesos sistemáticos se tratase. Yo no tengo felino semejante succionando mis jugos gástricos, pues mis vísceras digestivas son inmunes a ellos, en su estructura existe un dispositivo que imposibilita su entrada. Mis respuestas fisiológicas a estados de ansiedad o malestares psíquicos varios no proceden ni del hígado, ni de los pulmones, ni del páncreas, ni del intestino grueso, ni mucho menos del duodeno. Mi respuesta física implica un complejo mecanismo que excluye a los gatos y que se inicia justo en el interior de mi cavidad craneana, allí donde anidan los temores y las dudas, los miedos y las frustraciones, las paradojas y las contradicciones, los amores y las decepciones, los vicios y alguna que otra virtud. Una palabra, un gesto, una confesión, una confidencia, un insulto, una injuria o humillación y el mecanismo se dispara, los diferentes resortes y engranajes comienzan su singular e imparable cotilleo neurofisiológico. Se inicia con una especie de espasmo que implosiona y se extiende, no de un modo continuo, sino a golpes, como un proceso que se asemeja a los estados cuánticos de la materia. Entonces, noto como se va extendiendo por mi cuerpo una sensación de debilidad nerviosa, de trémula fragilidad que se adueña de mis piernas y de mis brazos, que altera mi respiración y la hace más pausada, aunque paradójicamente el interior de mi cuerpo se agita al ritmo de cada centímetro cúbico de aire que respiro. No, esto no es un gato, sino más bien una especie metafísica de araña que va tejiendo su red con el material que le proporcionan mis interacciones mundanas. Al mismo tiempo, una extraña sensación de cansancio físico se apodera de mis ojos, hasta el punto de que la pesadez de los párpados me obliga a cerrarlos durante unos segundos, y en ese momento en el que hago desaparecer el mundo, sobreviene el vértigo, una alteración del equilibrio que me obliga a abrirlos de golpe, como si mi vida temiese ser consumida por la oscuridad y el aturdimiento, por esa araña que quizás no sea otra cosa que mi propia alma. 

 


 

 

lunes, 5 de enero de 2026

Despropósitos de Año Nuevo. Aforema 1203

 

 Despropósitos de Año Nuevo

 

Por el recuerdo de una mirada y la sorprendente irrupción de la dicha

Por el ritmo de una canción que nos acarició mientras desalmábamos el poder tiránico del tiempo

Por el sutil movimiento del espíritu que cobija el alma en un haz de sentimientos

Por las elipses que describen tus caderas cuando entablamos nuestros singulares y rayuelianos cuerpo a cuerpo

Por el lugar que presenció nuestro primer beso

Por la conciencia de la fragilidad de nuestros anhelos

Por las metamorfosis del deseo y su persistencia a pesar de las heridas y los golpes que le va propinando la vida

Por tus labios que vuelan libres hacia donde no hay fechas ni tiempo

Por el grito que se rebela cansado ya de sufrir la mordaza de lo correcto

Por las comedias que representamos para llevar los hechos a “nuestro terreno”

Por los actos sinceros que nos sacan de nuestra mediocre hipocresía y de ciertas transgresiones de la ironía

Por la playa en la que creíamos haber perdido la llave de nuestros desencuentros

Por la mano que nos tendemos para sentir el aleteo fugaz del sexo

Por una sonrisa al comenzar el día y la promesa de un nuevo encuentro

Por los secretos revelados y los que permanecen ingrávidos al acecho

Por el olor de tu pelo y el sabor de tu piel cuando no te tengo