La bestia
Odio a la puta humanidad
Odio el amor, odio el odio
Odio el amor-odio
Y cuanto más odio, más me odio
Más odio por odiar
(La cabra mecánica)
Enzo Bianchi pensaba que el mejor modo de conocerse, si es que tal cosa es recomendable u oportuna, es construir un relato de nuestra interioridad, proyectar en el lenguaje la estructura laberíntica de nuestra afectividad. Sus elucubraciones adoptaron la forma de un libro que tituló MANIOBRAS ORQUESTALES DE LA INTIMIDAD. El capítulo dieciocho lleva por título LA BESTIA. Bianchi la define como una pulsión destructiva colérica, rabiosa, instintiva e irracional. Darrel Standing, catedrático de Agronomía en la Facultad de Agricultura de la Universidad de California, protagonista de la novela de Jack London EL VAGABUNDO DE LAS ESTRELLAS, la llamó “la ira roja”: “una desgraciada e infortunada herencia”, una rabia incontrolable que lleva adherida a su alma. Standing espera su ejecución en una celda de la prisión de San Quintín por haber asesinado a un colega de profesión. La bestia tiene sus resortes y engranajes, cuando se libera su acción es devastadora: destructiva y autodestructiva. Es una mezcla de ira y disgusto, de impotencia y voluntad de demolición, alimentada por un veneno que distorsiona la capacidad perceptiva y racional de quien la sufre. La rabia universaliza el acto concreto, lo aísla y lo integra en una maniobra de victimización que ofrece un refugio seguro desde el cual se autoproclama inocente y reparte culpas entre el resto de usuarios de este complejo y extraño mundo en el que habitamos. La bestia utiliza la estrategia del cerrojo, de la huida hacia una imagen que sustituye lo real por la ficción que forja la ira impregnada de autocompasión. Es el vacío del absurdo y la sinrazón, del letargo emocional y la opacidad comunicativa. Es la bestia.