All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


sábado, 9 de mayo de 2026

Pecio 0941: No despistarse, estar atento (Revisited)

No despistarse, estar atento (Revisited)

Noté a Arcadio preocupado, algo distante, reflexivo, ensimismado y poco animado a iniciar una conversación sobre cuestiones que no importan a casi nadie. El Cluny es un lugar que invita a no despistarse y a estar atento a esos movimientos, en ocasiones, casi imperceptibles, del alma, que alimentan la vida de palabras, caricias y sueños. 

Mi empatía o ecpatía me condujo a un estado similar al de mi amigo, situación que me generó cierta perplejidad, pues el Cluny es, precisamente, en mi caso, un espacio de extroversión frente a la introversión doméstica que, a veces, me aleja de todo bicho viviente. 

No pude evitar el vahído que provoca la reactualización de la nostalgia. La idea de que hubo un tiempo en el que alma y cuerpo se confundían en la trama del deseo me traspasó el cerebro, desde el neocórtex hasta el sistema límbico. La idea mutó en recuerdo de una escritura conjunta y simultánea de la carne y el espíritu, tan diáfana y cristalina como la imagen de la piel anudaba al alma y a una única palabra que la nombraba: Suzanne -And you know that she will trust you, For you've touched her perfect body with your mind. 

Una pareja recreaba el movimiento del deseo en una cotidiana danza de soledades compartidas. La voz de Cohen invitaba a encarnar el espíritu y a espiritualizar la carne. La tensión entre las razones de cada sístole y diástole y las pulsiones ancestrales de la condición humana se resolvía cuando los versos del poeta cobraban vida: mente, cuerpo, tiempo denso, sexo o amor en movimiento. 

Qué extrañas configuraciones crean los flujos de la materia y la energía, de la carne y el espíritu, en el juego de fuego cruzado que inventa la inefable conjunción de la levedad y la pesantez de la vida. Todo un desafío para el hermeneuta que se enfrenta a los laberintos del espíritu. A los suyos y a los del otro. Doble trama cuyo desciframiento exige no despistarse y estar siempre muy atento. 

La nostalgia es una rémora de la incomprensión de la sentencia del sabio de Hefeso: “todo cambia…” Ni aquel tiempo fue mejor, ni este es menos denso. Si la voluntad es firme y el cielo está despejado, el sentimiento, la memoria y el conocimiento son los mejores aliados para seguir inventando nuevas formas de alegría en este transitar laberíntico por los nudos de los que se nutre nuestra existencia.

 


viernes, 8 de mayo de 2026

Pecio 5521 sobre la felicidad (en la infelicidad)

La felicidad (sin el ja, ja, ja...)

Defender la imperfección es salvaguardar la condición humana atendiendo a los límites en los que se enmarca. La peciosofía es una filosofía de la finitud e imperfección humanas que presupone la contingencia y rechaza cualquier absoluto con pretensiones de necesidad. De ahí que también piense la felicidad desde la finitud y proclame que no hay sino felicidad en la infelicidad. La tentación de lo absoluto solo puede conducir a la autodestrucción. Las fórmulas de la felicidad no son sino mistificaciones de la realidad, como infames aquellos que las inventan. No hay felicidad sin sombras. Soñar con lo imposible, como aconsejaba el poeta, no es sino impostura y desvarío. La felicidad se articula según tres parámetros: junto, a pesar y por. Junto a la infelicidad, a pesar de la infelicidad y, precisamente, por la infelicidad. El cristianismo relativiza la felicidad EN este mundo y CON este mundo, para situar el absoluto en la trascendencia, en OTRO mundo. La filosofía de la historia inmanentista de carácter marxista relativiza la felicidad EN este mundo mediante la secularización del proceso. La felicidad es el final de la historia en ESTE mundo: sociedad sin clases, sujeto plenamente realizado, un reino de la justicia y de la libertad, de cada uno según sus capacidades, de cada uno según sus necesidades. Tanto en la jurisdicción cristiana como marxista, en el tránsito de la infelicidad a la felicidad, la cuestión es liberar el mundo del hereje o del contrarrevolucionario, del pecador o del disidente, de los que se oponen a la fe o de los que se oponen al progreso: enemigos de Dios, enemigos de la humanidad, dicen. 

 


 

Rotura de fibras en el isquiotibial (9): Epílogo.

 Rotura de fibras en el isquiotibial (9): Epílogo

Tous les garçons et les filles de mon âge
Se promènent dans la rue deux par deux
Tous les garçons et les filles de mon âge
Savent bien ce que c'est qu'être heureux

(Françoise Hardy) 

Anotaciones de Enzo Domani a la lectura de El libro del desasosiego de Fernando Pessoa. Esta selección del escritor fue publicada como epílogo a su libro Anhelos Trágicos de Heterodoxia Doméstica.

En mi vida, toda situación es oblicua, opaca, permeable, no cartografiable; y es por ello por lo que no encuentro razones ni para aceptarla, mediante un acto de afirmación sólidamente fundamentado, ni para rechazarla absolutamente. En un mural de una calle de Paris, el autor firmó con una sentencia de Sartre: “Nos os apoyéis, mortales, deslizaos”. Cuando tengo que tomar una decisión trascendental, constato que un balance de mis miserias (muchas) y grandezas (muchas menos) me lleva a pensar que tengo tantas razones para sentirme vil como para declararme inocente de todo pecado y de toda culpa. Mi error (entre otros muchos) no fue saturar mi vida de figuras literarias, sino en otorgarles un visado inmaculado de realidad. Incluso llegué a olvidar que Samsa murió aplastado por el peso de su propio caparazón. Intenté ser el protagonista de la tragicomedia existencial en la que me debatía por ser el “dueño de mi destino” (otro desatino cuyo origen se encuentra en las películas y obras literarias de mi juventud). Me percaté de que la obra no variaba excesivamente si pasaba por ella como un elemento prescindible o irrelevante. Mis paradojas y contradicciones al conjugar simultáneamente los verbos “amar” y “vivir” me condujeron a adoptar el papel de narrador omnisciente en una obra que denominé Fenomenología de la renuncia. Fracasé porque la voluntad de negatividad puede convertirse en un hábito placentero que se nutre de la nostalgia cuando no de la melancolía (esa enfermedad del alma para la que aún no se ha descubierto ninguna cura). Minusvaloré el papel del azar en los asuntos cotidianos y me refugié en la idea de que ignorar esta evidencia es una muestra de mesianismo incontinente. Entre la gravedad y la pesantez de la vida, a veces soy realidad pétrea anclada al suelo donde se dibujan los recuerdos, otras, humo ingrávido que asciende hacia el olvido.  

 


 

 

 



 


jueves, 7 de mayo de 2026

Rotura de fibras en el isquiotibial (8): Mi hermana (Revisited)

Voz 

Mi hermana, voz suave, apenas un susurro, en ocasiones, grito de afiladas consonantes y cortantes vocales, voz teñida de sensibilidad que se niega a ser mutilada por los azares y contingencias de la vida, voz cotidiana, voz sincera contra el silencio cobarde o la palabra cómplice. Voz mestiza, a media luz, voz que rima con el gesto solidario y la mirada amable, voz que vale la pena frente a la indolente indiferencia que se desprende de las cosas. Voz contra el vacío de las certezas que aterran, contra el tiempo que pasa cuando no pasa nada, el que se confunde con el lento transcurrir de los segundos sobre la faz inmóvil de los objetos que no ríen ni hablan. Sé que esa voz estará allí si alguna vez me caigo, y no habrá silencio, pues esa voz, que no necesita ser explicada, es susurro o grito contra la soledad que, a veces, nos abisma y nos enmascara. 

 

 


miércoles, 6 de mayo de 2026

Rotura de fibras en el isquiotibial (7): Pecio reencontrado.

 

Mi madre y mi hermana

Si Dios o la Naturaleza me hubiesen dotado del talento suficiente para componer una semblanza de seres tan dignos como mi madre y mi hermana, no tendría que recurrir a mi torpeza literaria para emprender una aventura para la cual carezco de arte y de ingenio. Temeroso de fracasar en el intento, pongo todo mi esfuerzo y comienzo con palabras que nunca harán justicia a la grandeza de dos seres tan excelsos. No solo entra en juego mi conocida ineptitud para la escritura, sino también la conciencia de que mi alma queda lejos de tanta bondad y ternura. Mi Madre, cuya aparente fragilidad esconde una gran fortaleza, mi hermana, a la que el dolor no ha mermado su entereza. Mi Madre, que vivió la locura de no ser amada como merecía, mi hermana que fue amada por un ser tan digno como ella. Mi madre, a la que miro y admiro porque es un canto a la alegría y a la vida, mi hermana, a la que miro y admiro por su generosidad sin medida. Mi madre y mi hermana, cuya presencia en el mundo estimula mi voluntad de reconciliarme conmigo mismo, que no es poco.