All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


sábado, 20 de junio de 2026

PECIO 0934: LAS COSAS DEL INTERIOR...

 Las cosas del interior o del exterior, vaya a usted a saber qué…

 

 Eh! amigo como estás esta mañana
Recuerdas algo de lo que te
Ocurrió ayer
Ya se que no te importa..... 

 En tus labios brilla una sonrisa
Que penetra en lo más hondo
De mi ser
Ya sé que no te importa
Tú tienes que seguir
Tú debes conseguir
Que nada te ate aquí

(Triana) 

 

Había pensado titular este pecio “La experiencia interior”. Pero, entonces, me acordé de un viejo libro de filosofía de G. Bataille así intitulado. Y también me acordé de que no me sumo a la lista de individuos que se han empeñado en hacer una "experiencia" de cualquier acontecimiento de su vida: “Fue toda una experiencia”, dicen algunos de mis conocidos para disfrazar lo cotidiano de trascendental.

A veces me río frente al espejo cuando contemplo el espectáculo protagonizado por mis Jekyll y Hyde particulares. Me río de mi mismo, de la comicidad que encierran sus encuentros o desencuentros. Otras veces, me pongo más serio, sobre todo, cuando en el fragor de la batalla perenne que libran desde que me conozco, se empeñan en convertir la representación cómica en una tragedia (o un drama, que es peor). Es una lucha constante entre lo que los psicoanalistas han llamado el conflicto entre el “ello” y el “superyo”, aunque admite otras denominaciones: razón-emoción, ser-deber, placer-realidad…Estas cruentas batallas necesitan una tregua que suelen adoptar cuando deciden rendirse al poder seductor del arte, la literatura o la música. Es el problema de la condición humana: su estructura trinitaria y la extraña y singular red de relaciones que se establecen entre sus elementos. El momento más delicado se muestra cuando uno se convierte en enemigo de sí mismo, o más bien de ciertas formas de pensar o hacer que desearía desterrar para siempre de su vida. Alterno entonces momentos en los que celebro la victoria con otros en los que me resulta casi imposible sucumbir a la tentación de asumir la derrota. Es entonces cuando afortunadamente interviene la risa. Y así, entre carcajadas pongo un poco de humor (necesario) en la tragicomedia que protagonizan mi trinidad. Me convenzo de que es ineludible aceptar que la lucha será constante, que cada día debo iniciar la batalla, que es posible un armisticio provisional pero nunca definitivo. Es cuando comprendo la importancia de que existas, presente o ausente, eres mi arma más útil. Saberte cerca o lejos es el anuncio de que hay fundadas razones para pensar, si no en una victoria -pues no hay nada ni nadie a quien derrotar-, sí en una eventual tregua que aplaque los ánimos de los contendientes. Y todo ello sin olvidar que somos los sueños que anidan en nuestra imaginación y las olas de realidad que rompen implacables contra las rocas de nuestra identidad. El resultado no puede ser otro que la imposibilidad de evitar el naufragio y la probabilidad de salvar a la tripulación. En definitiva, el barco es lo de menos. Mientras tanto seguimos tentando a la suerte o al azar o a lo imprevisto o a lo incierto en esta sucesión de puertos en los que dejamos y recogemos “tiempo” para nutrir nuestra vida. Sé que la vida no es un trozo de tierra bañado por el mar, así que lo invento para embriagarme de sal: prefiero la piel salada a la piel dulce (cosa que no tiene nada que ver con la prediabetes).

Hyde: ¿Podría ser que tuviesen razón los otros, es decir, los idiotas, los locos, los duros de mollera...todos aquéllos a los que consideramos personas no razonables? ¿No podría ser que en definitiva lo único que hacen los cuerdos es inventar explicaciones razonables para justificar sus locuras, sus desórdenes, sus imposturas…? ¿O no es acaso una locura para los cuerdos ser excesivamente razonables? ¿No acecha la amenaza de la locura a aquéllos que han llegado a adquirir una forma extrema de lucidez?

Jekyll: si no estamos dispuestos a ser excesivamente razonables, porque eso sería un modo de volvernos locos, y no pretendemos vivir sumidos en la locura, sino más bien sostenernos sobre una prudente racionalidad que ejerza un cierto control sobre nuestros desvaríos, entonces...entre la locura y la cordura debe existir un espacio… (complete usted la frase).

 


 

jueves, 18 de junio de 2026

PECIO 0725: Ayer, hoy (no quizás mañana)

Ayer, hoy (no quizás mañana)

 

Give me back my broken night My mirrored room, my secret life

(Leonard Cohen)

 

Aquí no hay grito que no sea escuchado ni lamento que no sea atendido. Como se merecen ser escuchados ciertos gritos y atendidos ciertos lamentos. Aquí no hay lugar para el desprecio, a lo sumo se ejerce cierto desdén con quien se lo merece. Aquí el valor no se identifica con la utilidad mercantil del valor de cambio. Aquí nada hay para llevar, nada para traer. Aquí nos basta con gozar de la camaradería y la lealtad. Aquí ejercemos el examen de conciencia, pero sin el dolor de los pecados ni el propósito de enmienda. No obstante, vivo confortablemente instalado en el colchón que he adquirido con mi sueldo de clase media. Mis expectativas ya no tienen nombre, pues acumulo demasiado pasado como para poder imaginar el futuro. He adquirido, casi sin darme cuenta, la facultad de soñar de modo deficitario. Antaño imaginé una Tierra de Nadie, ahora vivo perfectamente acomodado en la Tierra de Todos. Ayer me emocionaba leyendo las diferentes Ítacas de Cavafis, hoy me encojo ante los riesgos de los viajes sin motivo o propósito. Antes recorría poéticamente las rayuelianas calles del París de Cortázar, hoy necesito sentir que los trayectos están rigurosamente organizados. Ahora, me pierdo, con Justine, en la Alejandría de Durrell, mientras echo hacia atrás el sillón orejero que me protege de los imprevistos derivados del azar indomable que rige la vida. Burgués de clase media, con pensión fija, juego a ser poeta o peciósofo. Me empeño en ser yo mismo mientras vivo en la ficción las vidas de otros.    

 


 

PECIO 0647: CONVERSACIONES (Revisited -no reactualización de la nostalgia)

 Conversaciones con mi amigo Fan-Fan

 

 Sábado en la noche
Ya cobré
Tengo mi dinero yo me lo gané
Mi madre me dice
Ven y quédate
Pero es sábado a la noche
Qué puedo hacer
La sacaré por ahí
La invitaré a salir
A recorrer la
Ciudad como yo soñé

(Moris)

 

Lo que sigue es una burda copia, un torpe plagio de un capítulo de un libro del que no recuerdo su nombre ni su autor. El título no ha podido escapar a la ramplonería del peciósofo, a su escasez de ideas y a su falta de originalidad. Con todo, aquí están mis conversaciones mediatizadas con Fan-Fan. Son conversaciones de hace bastantes años, pues hace ya un tiempo que dejamos de hablar, al menos como lo hacíamos antes.

Lo conozco de toda la vida. Yo lo llamo fan-fan. Convivimos en una no siempre fácil armonía. Él se empeña en seguir sin recato los mandamientos de su instintiva naturaleza, yo le impongo una cierta disciplina que en ocasiones le disgusta. Normalmente, responde con alegría y solidez a los imperativos de las grandes ocasiones, aunque acudió algo despistado a alguna que otra cita. Le fascina el cielo, las nubes, y sobre todo las altas montañas. Pero lo que en realidad ansía es la boca que no habla, conversar con su sonrisa y hacer estallar en ella una gran carcajada.

Me gusta su nombre, así decidí llamarlo un día o una noche: Fan-Fan. Fan de fantástico, casi siempre una aspiración más que una realidad. Fan de fantasioso, en ocasiones. Fan, de fantasma, las menos (o según otros, las más). Fan-Fan es algo narcisista, no soporta ser ignorado. Hay quien dice, pero solo es un rumor, que su puesta en escena es excepcional, grandiosa, de una elocuencia digna de los oradores griegos o romanos. Y hay quien opina que no hay que exagerar, que su arte arroja resultados, en el mejor de los casos, satisfactorios. Su presunta excelencia, insisten, no es más que la máscara de su grandilocuencia.  

Fan-fan, nombre duplicado, repetición insondable que suena a banda de trompetas y trombones festejando el lúdico y dionisíaco rito de los cantos himeneos. Fan-fan es un devoto de la danza ditirámbica, del jolgorio de la carne a la que alimenta con néctar y ambrosía. Fiel servidor del placer de tus sentidos se yergue ante tu perfecta anatomía, ante la tremenda arquitectónica de tu cuerpo perfecto. 

 


 

PECIO 0932: TIEMPO Y LITERATURA

 Tiempo y literatura

 

Domani puoi dimenticare, domani, sì
Ma adesso, adesso dimmi di sì

(Lucio Battisti) 

 

La literatura es la tecnología biomédica capaz de revitalizar las palabras muertas que yacen en los diccionarios. Les otorga una nueva vida frente al Tiempo y a la Historia.

“Nadie” fue la respuesta de Ulises al grito interrogador del Cíclope. El viajero Odiseo tuvo que ser Nadie para poder seguir siendo él mismo, para escapar mediante su treta de la furia del Cíclope. Ulises le ganó la partida al Cíclope y al tiempo. A su llegada a Ítaca, arrodillado sobre la arena de la playa, la mirada de Ulises no se dirige hacia la casa donde Penélope teje pacientemente el tiempo que la separa de su amado Odioseo, sino que sus ojos apuntan hacia el horizonte que ha dejado atrás, al mar que lo convirtió en un aliado del tiempo navegando todos esos mares y todas esas tierras de nadie. Ítaca es el final del viaje, Ulises lo sabe, y allí, de rodillas, escenifica su rendición. También el héroe homérico sucumbió a la implacable tiranía del tiempo. El tiempo es un solitario que excluye la complicidad, que quiere ser solo duración y transcurrir, que no se deja seducir por los plañideros lamentos de las almas temerosas cuando les invade la conciencia de la finitud, la certeza de que un día habrá un final. El tiempo es inhumano y por ello nos atañe, nos reclama, nos seduce con sus falsas promesas. El tiempo consolida la única certeza: toda queja está condenada a perderse en el vacío del silencio y en el frío de la nada. Conscientes de nuestra caducidad, le hacemos el juego al tiempo, le bailamos el agua, para burlar sus categóricos imperativos mientras inventamos instantes preñados de vida, amor y canciones. 
 
 

 
 
 

miércoles, 17 de junio de 2026

PECIO 1855: CONFLICTOS Y MALENTEDIDOS (SENTIMENTALES O DE OTRA ÍNDOLE)

 Conflictos y malentendidos sentimentales o de otra índole

 

La cobardía es asunto De los hombres, no de los amantes Los amores cobardes no llegan a amores Ni a historias, se quedan allí Ni el recuerdo los puede salvar Ni el mejor orador conjugar

(Silvio Rodríguez)

 

Un nuevo conflicto o tiempo denso de dolor, de rabia que aprieta con fuerza las mandíbulas, de grietas en el cuerpo que gritan hacia dentro. Conflictos o momentos de paréntesis, vacíos, y más grietas por las que se escapa la alegría. Un nuevo conflicto, ristras de palabras que chocan unas con otras para generar más y más bullicio. Sube el volumen de las voces hasta convertir el sonido en ruido, aumenta la intensidad de los gestos para transformar la conversación en una batalla por la razón (o la sinrazón). Y todo ello a pesar de que sabemos que muy pocos conflictos tienen su origen en la realidad o en los hechos. El detonante suele ser que distorsionamos la realidad y la malinterpretamos. A veces, por pereza, otras por desidia, por no citar nuestra devoción por el orgullo o la soberbia. La mayoría de los conflictos se diluirían si fuésemos lo suficientemente escépticos para examinarlos con un mínimo de honestidad, con un mínimo de libertad. Liberarnos, aunque sea solo por un momento, de nuestros prejuicios y hábitos hermenéuticos, puede ser el principio, como decía Bogart en la famosa película que todos conocemos, de una gran amistad (o de lo que sea...). Los conflictos tienen una dimensión cuántica que excluye términos como destino, inexorable, indefectible o determinismo. En un conflicto no podemos describir el estado existencial de un ser humano. Si identificamos su “verdadero ser”, se nos escapan sus apariencias. Si fijamos sus manifestaciones, nos enredamos en los malentendidos con respecto a su esencia. En definitiva, los seres humanos somos tan azarosos como las partículas elementales. Y, en ocasiones, tan negativos como algunas de ellas. Por ejemplo, los electrones. Ellos describen órbitas alrededor del núcleo de protones y neutrones; nosotros trazamos elipses en torno a un tema o cuestión que no podemos sacar de nuestra cabeza. Los electrones difícilmente abandonan su órbita, nosotros casi nunca salimos de nuestros singulares laberintos emocionales.

No obstante, lo peor no son los conflictos, sino su ausencia: éxtasis de la inanidad, éxito de la futilidad…hastío, abulia. Una pregunta, una respuesta directa, un nudo en el estómago o un gato que araña en el pecho, silencio alternándose con comentarios “a trompicones”, cuando no balbuceos, dificultad de expresar lo que no se acaba de organizar lógicamente en la mente, palabras que se colapsan antes de ser pronunciadas, pensamientos que huyen cuando se creía tenerlos atrapados, temor, quizás, a no decir la palabra precisa, en definitiva, cautivos de la amenaza del lenguaje...nos perdemos...en el malentendido que surge entre aquéllos que tienen la certeza de haber llegado a entenderse pero comprenden que no deben ceder a los arrebatos de la inocencia, que la lucidez es una buena herramienta para la supervivencia.

Y en verdad te digo, sin ningún tipo de ironía o sarcasmo, que sí, que tienes razón cuando afirmas que me refugio en la hipótesis más pragmática. Y aunque no sé si tienes o no razón, sé que la tienes, porque no puede ser, aunque lo sea, casi siempre o en la mayoría de las ocasiones, que te eche de menos y los cigarrillos no sean humo apasionado y el whisky no se sirva en un vaso bajo. Y que persista en el malentendido prolongando el conflicto, tomando la causa por el efecto y a la inversa, poniendo después lo que debería venir primero.  Y yerro al pensar que en el principio fue la nostalgia y a continuación vino el verbo. Que para eso estás tú, para restaurar de nuevo el orden natural de la secuencia de eventos que mi alma tergiversa, para expresar de un modo siempre acertado y nunca inoportuno que primero fue el verbo y después la nostalgia. Porque en caso contrario, todo sería más difícil y me ahogaría en el magma incandescente que emana de los verbos y de la sintaxis que desatan lo que une la gramática.

Así que más allá o más acá de la socarronería del último párrafo, me pregunto: ¿Cómo salir indemnes de este laberinto que transitamos cuando nos empeñamos en seguir instalados en el malentendido de pretender ser nosotros mismos mientras jugamos a ser otros? Siempre nos acecha el minotauro, un trasunto de nosotros mismos que refleja nuestras miserias y grandezas. Y en este devenir incesante, ocurre que cuando intentamos trazar, con mano firme, la línea que une la vida con lo instituido y normalizado, entonces las manos se rebelan y los dedos se caen justo allí donde nace un verso o se principia una rima.  


 

 



martes, 16 de junio de 2026

PECIO 2333: AMISTAD Y SILENCIO

 Amistad y silencio

 

No encuentro nada más valioso que darte Nada más elegante Que este instante De silencio

Bésame ahora Antes que diga algo completamente inadecuado No hay que desperdiciar una buena ocasión De quedarse callado

(Jorge Drexler)

 

Tras el desayuno y sentado aquí con el primer café de la mañana, soy testigo del encuentro entre Amistad y Silencio. No sé la razón de por qué han elegido este lugar y este momento. Caprichos de las abstracciones y las hipóstasis, dado que ninguna deuda las ata a lo concreto.

Intento escribir contra el silencio que me impone la página en blanco. Todo texto se escribe sobre este fondo de silencio. Silencio necesario ante el ruido de las palabras que se agitan en mi mente. Resulta paradójico el intento de hacer callar a las palabras para romper el silencio. Escribo instalado en esta paradoja sobre la que emerge cada pecio.

Hay amistad (y hay amor) cuando el silencio no resulta embarazoso o incómodo. Me apropio (in)debidamente de las palabras del poeta, del artista, del literato -no menos paradójicas, si se me permite decirlo, que la paradoja del pecio-:“El silencio es la conversación de las personas que se quieren. Lo que cuenta no es lo que se dice, sino lo que no es necesario decir” (Albert Camus).

Apelo a la lógica de Holmes cuando habla con Watson y le dice: “Posee usted el don inapreciable de saber guardar silencio…Eso le convierte en un compañero de valor incalculable”.

Traigo a colación el final de El cuarteto de Alejandría: “¿Cómo interpretar el silencio que nos rodea?”

O el silencio ingrávido en el que se instala el acto de la escritura o de la lectura. Silencios impregnados de sonidos casi imperceptibles, sonidos amigos: “El ruido del libro: la página que uno vuelve/ El silencio del libro: la página que uno lee” (Edmond Jabès).  

Hay amistad (y hay amor) cuando la palabra o el grito que rompen el silencio no pasan desapercibidos. Miro el célebre cuadro de Munch y te digo: grita o susurra, pero no olvides que cuando gritas o susurras clavas tus palabras en mis entrañas, no olvides que cuando gritas o susurras mi alma fija su atención en tu mirada. Grita, susurra, calla, para que repare en tus palabras, en tus gestos, en tus descuidos, en tus actos sinceros y en tus comedias. Grita, susurra, calla, para que mi abrazo rodee toda tu soledad sonora con mi silenciosa soledad. Y anudemos nuestras soledades para rehacer el nudo que tantas cosas ata, que tantas historias une y enlaza.

Hay amor, hay amistad cuando el silencio no resulta incómodo, cuando el grito no pasa desapercibido, cuando el susurro no se evapora hacia el olvido.  

 


 

PECIO 0957: EN EL PRESENTE, TU BOCA.

 EN EL PRESENTE, TU BOCA

 

Y sal de ahíA defender el pan y la alegría Y sal de ahíPara que sepan que Esta boca es mía, esta boca es mía

(Joaquín Sabina) 

 

No se trata de reactualizar la nostalgia ni de idealizar el pasado. Se trata de dialogar con el pasado para ver, si es posible, aclarar nuestro presente. Y si el pasado no sirve para ello, dejarlo tranquilo, neutralizar su poder, asumirlo como parte de una biografía inconclusa, nunca como una amenaza. Deshacerse sin pudor del contrafáctico: si hubieses…Nunca debo olvidar que el verbo vivir se conjuga en presente. El pasado se usa como excusa para no anudarse a la vida y seguir anclado a unas imágenes difusas de objetos o personas que ya no existen. Vivir el presente, dibujar un poema, lanzarse al abismo donde emerge una rima que no se rinde al absurdo, pergeñar el reverso de un verso, la trastienda de una estrofa, el desván donde se cobijan las metáforas. Elijo la vida, la sensualidad, la inteligencia…, las visto de poesía, las maquillo con un soneto, las enredo en tu pelo al ritmo de una rima demasiado ambiciosa para seguir atrapada al final de un verso. Elijo que mis labios se confundan con tus labios, elijo tocar tu boca, aunque tú no seas la Maga y yo no sea Horacio. No elijo no haber tocado tu boca ni soñar con tocarla, no elijo pensar en alguien que hayas soñado que toca tu boca, elijo ser yo quien toca tu boca.