Tu boca
Boca que arrastra mi boca.
Boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.
(Joan Manuel Serrat)
Hay personas complicadas cuya presencia puede precipitar tu vida hacia el abismo del tedio o, por el contrario, expandir tus horizontes vitales hacia lugares que hasta ese momento ni habías imaginado. Hay personas simples cuya ausencia es una bendición y otras cuya presencia es un modo de desmontar las complejas tramas en las que nos envuelven nuestros hábitos, prejuicios y quiméricas esperanzas. La vida y la red de relaciones en las que nos vemos envueltos, de un modo consciente o inconsciente, voluntaria o involuntariamente, se definen por su complejidad. Ahora bien, hay ocasiones en las cuales simplificar se impone como una tarea ineludible de supervivencia social y existencial.
A modo de ejemplo, propongo el siguiente esquema simplificador de las religiones laicas contemporáneas: Dios: Marx o Adam Smith; el pueblo elegido: El proletariado o el emprendedor; los herejes: la burguesía o el funcionario; la iglesia: El Partido Comunista o el Mercado Libre; la gracia: la adhesión al partido o la asunción del Estado mínimo; el mesías: Carlos Brown o Pablo Iglesias; El paraíso: la sociedad sin clases o la sociedad sin impuestos; la salvación: la Revolución o la Bolsa; el infierno: El Comunismo o el Capitalismo.
El problema del marxismo y de sus diferentes versiones es que consideran que todo es relativo, dialéctico, histórico y superestructural, excepto la doctrina de Marx. El problema del liberalismo y de sus diferentes versiones es que consideran que el "mercado" es la expresión de la libertad inscrita en la naturaleza humana. Nos enfrentamos a dos ortodoxias o doctrinas de exclusión que han devenido teologías cuyo objetivo es implantar el grado cero del pensamiento y de la crítica.
Así, consciente de la urgencia de
“posicionarme” exigida por el foro mediático contemporáneo, ante la necesidad
de elegir entre conjugar la vida simplificando o vivir en la perplejidad que se
deriva de lo complejo, intento poner tierra por medio, situarme a la distancia
justa para conseguir una visión panorámica a fin de obtener una imagen de la
totalidad del asunto. No quiero perderme en los detalles, ni dejarme seducir
por un relámpago de comprensión que se ha desligado de la totalidad de los hechos
(o de su interpretación). Pero es cierto que un detalle puede contener en sí
todo el significado de la totalidad de las partes y que, entre el todo y la
parte, entre el texto y el fragmento, entre tu cuerpo y tus ojos -y tus labios
y tus pliegues y tus... me sigue abismando la vida
, esa palabra...
Y si de simplificar se trata, te digo que la mayor amenaza no es la dispersión de los afectos, sino la apuesta por una afectividad de "riesgo cero". Y más aún, te recuerdo que te miro y te admiro. Y ahora que duermes desnuda, aprovecho y miro tu espalda, casi te toco con la mirada, que se funde con tu piel de recuerdo, olvido y memoria, que se desliza por ella hasta no sentir nada que no sea este momento en el que me confundo con el placer de ser humo en tu boca.