All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 11 de mayo de 2026

MicroPecio 1331: Menopausia afectiva

 Menopausia afectiva

                                     

              Primavera, ven y cúrame el invierno (Fito y fitipaldis)

     

Escéptico irredento, dogmático sin pretensión, relativista contenido, nominalista ocasional y peciósofo sin sophia, intento, sin éxito, practicar la epokhé, la suspensión provisional del juicio mediante la estrategia de mitigar mis pretensiones excesivas de conocimiento y control de la realidad y asumir una cierta levedad gnoseológica armada de un cierto sentido del humor (que me falta) y una sonrisa (que no termina de despertar). Digo sin éxito porque sigo siendo ese idiota que en ocasiones cocina su afectividad a fuego lento, pero que en otras la congela a hielo lento. Finjo ser de hierro cuando me enfrento a las fraguas del tiempo, las que con paciencia y lentitud van licuando el hierro hasta derretirlo. Y toda mi filosofía no es más que un trasunto de una especie de tragedia que no resuelve la tensión entre el hielo y el fuego. La vida me ha inoculado algún tipo de menopausia afectiva que me lleva a bascular entre el frío de la soledad y la calidez de un buen fuego. Así no hay quien duerma tranquilo, no hay quien duerma, salvo cuando consigo llegar a las nubes de tu pelo. Allí reina la temperatura ideal porque el filósofo me confirma que "...acercarse demasiado al fuego de la locura es tan peligroso como sumergirse en el agua helada de la cordura" (B. Castany Prado: Una filosofía de la risa).

 


 

 

domingo, 10 de mayo de 2026

PECIO 1233: MELANCOLÍA

 

 MELANCOLÍA

Sin DNI ideológico, sospechoso, dicen algunos, de traidor impenitente a la verdad eterna situada en el “lado correcto de la historia; contrarrevolucionario y disidente, dicen otros. Nominalista metodológico y escéptico moderado, anarco-visceral y alérgico a los principios inmutables y a las leyes de la historia, me permito la licencia de anotar una frase que he encontrado en un libro de Ariosto Valdemar llamado Inconsistencias e incontinencias: "Si de vivir se trata, la esperanza es lo primero que deberíamos perder".

Mis batallas son fruto de la desesperanza conquistada, no de la desesperación. En el blog de un desconocido encuentro estas palabras: 

"Entro sin permiso en el trágico interior de un verso, desconozco la mano que trazó estos signos, entro sin permiso en el drama que escenifica cada rima, desconozco el rostro que les dio vida. Leo en voz alta para multiplicar el silencio que nos rodea. Leo en voz alta para fragmentar el ruido que nos abisma. Leo en voz alta El Jardín botánico de José Ángel Valente: ‘Los muslos de la mujer eran largos y húmedos. El fino vello brillaba dorado al sol. Interminable profundidad sin fondo de la piel. Cuando reía, parecía su risa estremecerle el sexo y desatar bandadas por el aire de indeclinables pájaros. Brotaba allí, me dije, como otras tantas cosas de la naturaleza.’"

Insisto: no me desespero. Invoco a la alegría sin medida en la tristeza inevitable por los embates propios y ajenos. Hay heridas que se nutren de nuestras miserias, de un egocentrismo resultado de la perversa autocompasión que conjuga nostalgia, resentimiento y cobardía.

Insisto: batallo diariamente contra la amenaza melancólica, una de las modalidades de erosión psicosomática refractaria a la incorporación de nuevas formas de plenitud existencial que sobrepasen la impresión de un monótono "déjà vu" y que tiende a provocar en el individuo la sedimentación de recuerdos, imágenes, restos de sentimientos, cosificación de las alegrías…

Ante ella, la melancolía, solo cabe decir: “a pesar de todo, the show must go on”. 

 


 

sábado, 9 de mayo de 2026

Pecio 0941: No despistarse, estar atento (Revisited)

No despistarse, estar atento (Revisited)

Noté a Arcadio preocupado, algo distante, reflexivo, ensimismado y poco animado a iniciar una conversación sobre cuestiones que no importan a casi nadie. El Cluny es un lugar que invita a no despistarse y a estar atento a esos movimientos, en ocasiones, casi imperceptibles, del alma, que alimentan la vida de palabras, caricias y sueños. 

Mi empatía o ecpatía me condujo a un estado similar al de mi amigo, situación que me generó cierta perplejidad, pues el Cluny es, precisamente, en mi caso, un espacio de extroversión frente a la introversión doméstica que, a veces, me aleja de todo bicho viviente. 

No pude evitar el vahído que provoca la reactualización de la nostalgia. La idea de que hubo un tiempo en el que alma y cuerpo se confundían en la trama del deseo me traspasó el cerebro, desde el neocórtex hasta el sistema límbico. La idea mutó en recuerdo de una escritura conjunta y simultánea de la carne y el espíritu, tan diáfana y cristalina como la imagen de la piel anudaba al alma y a una única palabra que la nombraba: Suzanne -And you know that she will trust you, For you've touched her perfect body with your mind. 

Una pareja recreaba el movimiento del deseo en una cotidiana danza de soledades compartidas. La voz de Cohen invitaba a encarnar el espíritu y a espiritualizar la carne. La tensión entre las razones de cada sístole y diástole y las pulsiones ancestrales de la condición humana se resolvía cuando los versos del poeta cobraban vida: mente, cuerpo, tiempo denso, sexo o amor en movimiento. 

Qué extrañas configuraciones crean los flujos de la materia y la energía, de la carne y el espíritu, en el juego de fuego cruzado que inventa la inefable conjunción de la levedad y la pesantez de la vida. Todo un desafío para el hermeneuta que se enfrenta a los laberintos del espíritu. A los suyos y a los del otro. Doble trama cuyo desciframiento exige no despistarse y estar siempre muy atento. 

La nostalgia es una rémora de la incomprensión de la sentencia del sabio de Hefeso: “todo cambia…” Ni aquel tiempo fue mejor, ni este es menos denso. Si la voluntad es firme y el cielo está despejado, el sentimiento, la memoria y el conocimiento son los mejores aliados para seguir inventando nuevas formas de alegría en este transitar laberíntico por los nudos de los que se nutre nuestra existencia.

 


viernes, 8 de mayo de 2026

Pecio 5521 sobre la felicidad (en la infelicidad)

La felicidad (sin el ja, ja, ja...)

Defender la imperfección es salvaguardar la condición humana atendiendo a los límites en los que se enmarca. La peciosofía es una filosofía de la finitud e imperfección humanas que presupone la contingencia y rechaza cualquier absoluto con pretensiones de necesidad. De ahí que también piense la felicidad desde la finitud y proclame que no hay sino felicidad en la infelicidad. La tentación de lo absoluto solo puede conducir a la autodestrucción. Las fórmulas de la felicidad no son sino mistificaciones de la realidad, como infames aquellos que las inventan. No hay felicidad sin sombras. Soñar con lo imposible, como aconsejaba el poeta, no es sino impostura y desvarío. La felicidad se articula según tres parámetros: junto, a pesar y por. Junto a la infelicidad, a pesar de la infelicidad y, precisamente, por la infelicidad. El cristianismo relativiza la felicidad EN este mundo y CON este mundo, para situar el absoluto en la trascendencia, en OTRO mundo. La filosofía de la historia inmanentista de carácter marxista relativiza la felicidad EN este mundo mediante la secularización del proceso. La felicidad es el final de la historia en ESTE mundo: sociedad sin clases, sujeto plenamente realizado, un reino de la justicia y de la libertad, de cada uno según sus capacidades, de cada uno según sus necesidades. Tanto en la jurisdicción cristiana como marxista, en el tránsito de la infelicidad a la felicidad, la cuestión es liberar el mundo del hereje o del contrarrevolucionario, del pecador o del disidente, de los que se oponen a la fe o de los que se oponen al progreso: enemigos de Dios, enemigos de la humanidad, dicen.