El dinosaurio
I have become comfortably
numb
Just a little pinprick
I do
believe it's working, good
That'll keep you going through the show
(Pink Floyd)
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió Monterroso. El idealismo adormece, genera en la mente una cierta apatía que la incapacita para enfrentarse a la realidad. Si nos ceñimos a la contemporaneidad, el siglo XX puso los cimientos: el aberrante “la imaginación al poder”, el disparatado materialismo histórico que inventa un fin para la historia, la criminal defensa del mito de la raza aria o el capitalismo neoliberal que identifica consumo y felicidad; el XXI, la estructura social y mental diseñada con tres elementos básicos: el placer de la evasión, la levedad de la irresponsabilidad y el refugio en el victimismo. Del mismo modo que Albert Camus detectaba una “sensibilidad absurda” a mediados del siglo XX, el diagnóstico de Chul Han muestra que la conjunción de evasión, irresponsabilidad y victimismo configura una sociedad depresiva. La depresión es la enfermedad del siglo XXI.
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Se durmió pertrechado de ideales, pero, cuando despertó, la realidad seguía estando allí. Y vaya por delante que no se trata de adaptarse a la realidad, ni de resignarse a sus imperativos, sino de, al menos, intentar domarla. Y el único método que conozco integra tres factores: valentía, decisión y conocimiento. El ruido es a la música como la ignorancia a la realidad. Eliminar el ruido o convertirlo en sonido es como disminuir nuestro grado de ignorancia y orientar nuestra conducta con la inteligencia. La realidad es tozuda, el ideal flexible. La realidad exige, el ideal seduce. ¿Por qué los ideales, las utopías…? ¿Acaso la realidad no nos pide ya mucho más de lo que podemos dar? ¿Dije “domar la realidad”? Estoy con Maestro: no tanto aceptarla o adaptarse a ella, sino, más bien, “hacerse compatible” con ella. Vivimos tiempos (quizás siempre fue así) de excluir-nos (de) la realidad mediante la evasión hacia otros mundos fruto de la imaginación, las creencias, las supercherías o la irracionalidad. El problema es que cuando despertamos, el dinosaurio sigue ahí.