Amistad y silencio
No encuentro nada más valioso que darte Nada más elegante Que este instante De silencio
Bésame ahora Antes que diga algo completamente inadecuado No hay que desperdiciar una buena ocasión De quedarse callado
(Jorge Drexler)
Tras el desayuno y sentado aquí con el primer café de la mañana, soy testigo del encuentro entre Amistad y Silencio. No sé la razón de por qué han elegido este lugar y este momento. Caprichos de las abstracciones y las hipóstasis, dado que ninguna deuda las ata a lo concreto.
Intento escribir contra el silencio que me impone la página en blanco. Todo texto se escribe sobre este fondo de silencio. Silencio necesario ante el ruido de las palabras que se agitan en mi mente. Resulta paradójico el intento de hacer callar a las palabras para romper el silencio. Escribo instalado en esta paradoja sobre la que emerge cada pecio.
Hay amistad (y hay amor) cuando el silencio no resulta embarazoso o incómodo. Me apropio (in)debidamente de las palabras del poeta, del artista, del literato -no menos paradójicas, si se me permite decirlo, que la paradoja del pecio-:“El silencio es la conversación de las personas que se quieren. Lo que cuenta no es lo que se dice, sino lo que no es necesario decir” (Albert Camus).
Apelo a la lógica de Holmes cuando habla con Watson y le dice: “Posee usted el don inapreciable de saber guardar silencio…Eso le convierte en un compañero de valor incalculable”.
Traigo a colación el final de El cuarteto de Alejandría: “¿Cómo interpretar el silencio que nos rodea?”
O el silencio ingrávido en el que se instala el acto de la escritura o de la lectura. Silencios impregnados de sonidos casi imperceptibles, sonidos amigos: “El ruido del libro: la página que uno vuelve/ El silencio del libro: la página que uno lee” (Edmond Jabès).
Hay amistad (y hay amor) cuando la palabra o el grito que rompen el silencio no pasan desapercibidos. Miro el célebre cuadro de Munch y te digo: grita o susurra, pero no olvides que cuando gritas o susurras clavas tus palabras en mis entrañas, no olvides que cuando gritas o susurras mi alma fija su atención en tu mirada. Grita, susurra, calla, para que repare en tus palabras, en tus gestos, en tus descuidos, en tus actos sinceros y en tus comedias. Grita, susurra, calla, para que mi abrazo rodee toda tu soledad sonora con mi silenciosa soledad. Y anudemos nuestras soledades para rehacer el nudo que tantas cosas ata, que tantas historias une y enlaza.
Hay amor, hay amistad cuando el silencio no resulta incómodo, cuando el grito no pasa desapercibido, cuando el susurro no se evapora hacia el olvido.