All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 20 de julio de 2026

PECIO 1106: VIVIR

 

 Vivir

 

 Quiero que me digas, amorQue no todo fue naufragarPor haber creído que "amar"Era el verbo más bello, dímeloMe va la vida en ello

(Luis Eduardo Aute) 

 

No hay pecio que valga una vida o un beso o un abrazo o, aunque sea en voz baja, un te quiero. La escritura es “cosa” del personaje, la vida, de la persona. Escribir es poner entre paréntesis la vida, reducir lo complejo a lo inteligible, pasar la mopa sobre la superficie del alma para crear una narración que no sea excesivamente absurda. Sin embargo, leer es un proceso de inmersión en la realidad, un modo de ensanchar los límites de la interioridad, un modo de entender que lo complejo no es reductible a un proceso causal. Los pecios no están motivados por el placer de escribir. Constituyen un trabajo sobre uno mismo. Pero no nos engañemos, el trabajo lo hace el personaje sobre la persona. Y la persona debe estar siempre alerta frente a los excesos del personaje. Escribir es un acto egoísta e, incluso, ególatra. La lectura es altruista. La escritura nace de la desconfianza con respecto a uno mismo, la lectura es un acto de fe, la confianza en que hay más palabras que mi palabra, que hay más absurdos que mi absurdo. Insisto: no hay pecio que valga una vida. 

 


 

sábado, 18 de julio de 2026

PECIO 0650: EL DINOSAURIO

 El dinosaurio

 

I have become comfortably numb
Just a little pinprick

I do believe it's working, good
That'll keep you going through the show


(Pink Floyd)

 

 

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, escribió Monterroso. El idealismo adormece, genera en la mente una cierta apatía que la incapacita para enfrentarse a la realidad. Si nos ceñimos a la contemporaneidad, el siglo XX puso los cimientos: el aberrante “la imaginación al poder”, el disparatado materialismo histórico que inventa un fin para la historia, la criminal defensa del mito de la raza aria o el capitalismo neoliberal que identifica consumo y felicidad; el XXI, la estructura social y mental diseñada con tres elementos básicos: el placer de la evasión, la levedad de la irresponsabilidad y el refugio en el victimismo. Del mismo modo que Albert Camus detectaba una “sensibilidad absurda” a mediados del siglo XX, el diagnóstico de Chul Han muestra que la conjunción de evasión, irresponsabilidad y victimismo configura una sociedad depresiva. La depresión es la enfermedad del siglo XXI. 

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Se durmió pertrechado de ideales, pero, cuando despertó, la realidad seguía estando allí. Y vaya por delante que no se trata de adaptarse a la realidad, ni de resignarse a sus imperativos, sino de, al menos, intentar domarla. Y el único método que conozco integra tres factores: valentía, decisión y conocimiento. El ruido es a la música como la ignorancia a la realidad. Eliminar el ruido o convertirlo en sonido es como disminuir nuestro grado de ignorancia y orientar nuestra conducta con la inteligencia. La realidad es tozuda, el ideal flexible. La realidad exige, el ideal seduce. ¿Por qué los ideales, las utopías…? ¿Acaso la realidad no nos pide ya mucho más de lo que podemos dar? ¿Dije “domar la realidad”? Estoy con Maestro: no tanto aceptarla o adaptarse a ella, sino, más bien, “hacerse compatible” con ella. Vivimos tiempos (quizás siempre fue así) de excluir-nos (de) la realidad mediante la evasión hacia otros mundos fruto de la imaginación, las creencias, las supercherías o la irracionalidad. El problema es que cuando despertamos, el dinosaurio sigue ahí.  

 

 



viernes, 17 de julio de 2026

PECIO 0814: DESESPERACIÓN

 Desesperación

 

 Gracias a la vida que me ha dado tanto Me ha dado la risa y me ha dado el llanto Así yo distingo dicha de quebranto Los dos materiales que forman mi canto Y el canto de ustedes que es mi propio canto Gracias a la vida que me ha dado tanto

 (Mercedes Sosa)

 

Cronopio y desesperación son términos antitéticos. En los anales de la historia no consta la existencia de cronopios desesperados. Eso sí, son seres que desesperan sin desesperarse a los espíritus aborregados y necios. De hecho, mantienen una tradición que siempre me ha llamado la atención. El treinta y uno de febrero suelen reunirse en la plaza del ayuntamiento para celebrar la Ceremonia del Silencio. En la ceremonia intervienen cronopios que durante el año han sufrido algún revés importante de carácter sentimental, profesional o familiar. Un cronopio libre de afecciones oficia el acto, exento de cualquier signo de pompa o boato. Se sitúa en una plataforma desde la que divisa el círculo que describen los cronopios afectados, en cuyo centro se yergue majestuosa una gran hoguera. El ritual comienza cuando el oficiante canta hasta diez veces seguidas, con un ritmo sincopado que recuerda la pieza TAKE FIVE de Dave Brubeck, el primer verso de la canción GRACIAS A LA VIDA. A continuación, el ambiente se impregna de un silencio que dura exactamente treinta y dos segundos. Tras el silencio que establece el protocolo, el oficiante tararea el solo de guitarra protagonizado por Don Felder y Joe Walsh en HOTEL CALIFORNIA. Entonces, los cronopios comienzan a conversar con el fuego de la hoguera como si de un ser humano se tratase. No se entiende nada de lo que dicen, pues lo que prima no es el significado de las palabras sino la fuerza de sus significantes. Armado de un saxofón, el cronopio-guía de la ceremonia toca con solvencia las primeras notas de la célebre canción WHEN THE SAINTS GO MARCHIN IN que hizo famosa el “enormísimo cronopio” Louis Armstrong. Los versos apocalípticos de la pieza adquieren una dimensión catártica, pues al ritmo impuesto por el saxo responden desnudándose y brindando su ropa al fuego, que la devora en unos instantes. Los cronopios no sienten la vergüenza que, a veces, conlleva la desnudez, pues antes, en el batiburrillo de voces habían desnudado sus almas. El silencio es abruptamente roto por una masa de cronopios armados de trompetas, trombones y tambores que acuden a celebrar que el fuego ha quemado todas las indisposiciones de los cronopios afectados. Les llevan ropa y bailan todos juntos alrededor de la hoguera cantando a coro “Gracias a la vida, que me ha dado tanto…”