Izan: un nébulo
seres parecidos a ti.
Tú sabes que son sensibles,
tú sabes que los puedes herir.
siempre dicen la verdad,
dibujan en las paredes la palabra "se acabó".
Nébulos izánicos o historias nebúlicas surgidas de ciertos detalles que mostraba la conducta de mi nieto, Izan, durante los años anteriores a la pandemia.
1-El movimiento de los nébulos izánicos.
La singularidad de los nébulos izánicos se advierte en sus movimientos y en los cánticos que los acompañan. Sus melódicas palabras sólo son inteligibles para los otros nébulos: seres algo estrafalarios que arrancan a los humanos un sí incondicional a la vida. Un ejemplo de dichos movimientos se observa en los giros de cabeza, cuerpo y extremidades, que experimentan cuando después de hacer pis, intentan que la última gota no quede presa de su calzoncillo, sino que se proyecte sobre la taza que espera impasible el fluido exteriorizado. Entonces, el cabello les cubre la frente, y como poseídos por un especial furor místico sincronizan melodía y movimientos hasta que acaban la ineludible tarea de guardar su preciado órgano en una destartalada estructura surrealista en la que se confunden pantalón, camiseta y calzoncillo. Durante el proceso, la melodía ha adquirido diferentes tonos, combinando sin prejuicios la armonía y la disonancia. Los nébulos izánicos, ajenos a la mirada de los humanos, continúan su camino sin detenerse, salvo si una pantalla se interpone en su camino. Se hacen con ella y lanzan gritos, que, tras varios meses de concienzudo análisis, algunos grandes investigadores del mundo nebúlico, han traducido como "volo-volo", "supensanto" y "elunoeunsondado".
2- El no de los nébulos izánicos y la alegría de la interrogación
Hay algunos nébulos izánicos que utilizan el NO unas veces como mecanismo de defensa, otras como estrategia de ataque. El NO izánico no es dicho, sino, más bien, vomitado como un escupitajo redondo y casi solidificado. Un NO que distorsiona el rostro y prende en el aire como una pequeña, pero incendiaria, bola de fuego. Un NO ensimismado, carente de maldad y sin otra finalidad que ser la expresión de un estado de ánimo en el que se fragua, quizás, una rebeldía futura cuyo desarrollo nadie debería obstaculizar. Es un NO asertivo cuya transformación en un SÍ sólo depende de una palabra, un gesto, un batido de chocolate o la canción del Dinotren. Los nébulos izánicos, a diferencia de los cenobios adultos, olvidan pronto, no conocen el resentimiento y dan pequeños saltitos que dibujan cabriolas en el aire cuando se dirigen a su próximo objetivo, que puede ser el inicio de una investigación sobre el movimiento de las aspas del ventilador, sobre el funcionamiento del giradiscos o la creación de un nuevo método de clasificar los discos de vinilo basado en el caos. Los nébulos izánicos no paran de moverse. Ni siquiera cuando cagan. Cabe, pues, incluirlos en la categoría de los "perpetuum mobile".
Los nébulos izánicos no preguntan, más bien se abandonan a lo que se ha dado en llamar la alegría de la interrogación. Una fingida inquietud acompaña a un gesto de estupefacción que lamina el continuo de la realidad presuntamente objetiva. Los nébulos izánicos son expertos en el arte del PING y en la realización de acrobáticos SUPERSALTOS: metáforas de los obstáculos que a la realización de nuestros deseos presenta la vida cotidiana. Se extasían ante las imágenes de amables y gentiles dinosaurios cuyo objetivo no es otro que viajar en tren y se suman, emitiendo sonidos en un lenguaje que no alcanzo a identificar completamente, a la fiesta y a la algarabía del placer que aún no distingue entre la realidad y la ficción.