Mi madre y mi hermana
Si Dios o la Naturaleza me hubiesen dotado del talento suficiente para componer una semblanza de almas tan bellas como las de mi madre y mi hermana, no tendría que recurrir a mi torpeza literaria para emprender una aventura para la cual carezco de arte y de ingenio. Temeroso de fracasar en el intento, pongo todo mi esfuerzo y comienzo con palabras que nunca harán justicia a la grandeza de dos seres tan excelsos. No solo entra en juego mi conocida ineptitud para la escritura, sino también la conciencia de que mi alma queda lejos de tanta bondad y ternura. Mi Madre, cuya aparente fragilidad esconde una gran fortaleza, mi hermana, a la que el dolor no ha mermado su entereza. Mi Madre, que vivió la locura de no ser amada como merecía, mi hermana que fue amada por un ser tan digno como ella. Mi madre, a la que miro y admiro porque es un canto a la alegría y a la vida, mi hermana, a la que miro y admiro por su generosidad sin medida. Mi madre y mi hermana, cuya presencia en el mundo estimula mi voluntad de reconciliarme con el mundo y con quienes lo habitan.