All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


viernes, 2 de enero de 2026

Vaya noches. Aforema 2300

Vaya noches 

 

Hay noches vacías en las que las puertas de mi casa son muros tan pétreos y compactos como la irreductible dureza de una oportunidad perdida. Muros tan altos como el abúlico transcurrir del tiempo cuando pasa sin que nada pase. Y pasando se nos va la vida tras los vestigios de momentos que ya no obedecen a las leyes que pone en juego ese procedimiento tan humano denominado re-actualización de la nostalgia. Hay noches vacías de aguijón en la espalda de heridas en la boca que sangra semen desesperado sobre tu boca ausente. Hay noches de deseo inmóvil que paraliza el tiempo y se vierte en la memoria para rescatar aquel gemido que dibujó una sintaxis ingrávida sobre la piel quemada de tanto anhelo y tanto sueño y tanto alcohol y tanto miedo. Hay noches en las que la noche sin ti es una serpiente devoradora de certezas, las traga lentamente sin masticar y las tritura y las vomita al amanecer sobre los ojos insomnes de quien las forjó pacientemente durante algún día y tantas noches. Hay noches vacías en las que la vida es un muro impenetrable de ausencia. 

 

 


La línea recta: REVISITED. Aforema 2244

 

La línea recta

 

Entre dos puntos, y siempre en el marco de las geometrías euclidianas, sí, precisamente esas que afirman que por un punto exterior pasa una y sólo una paralela, digo, pues, que entre esos dos puntos, entendiendo el punto como un ente matemático adimensional, sin largo ni ancho ni alto, y por tanto, quizás más una quimera o una irrealidad que un referente empírico situado en una de las posibles cartografías descriptoras del vasto universo, repito e insisto en ello, que entre esas dos marcas geométricas llamadas puntos, que no son puntos de cruz ni “cállate y punto”, ni el punto que delimita el final de un párrafo, ni los dos puntos de la lengua escrita, ni siquiera el punto y coma y mucho menos el “coche de punto”, reitero pues que entre dos puntos, que no son la nota de un examen ni siquiera la cima de la tercera vocal de nuestro abecedario, y no te me canses por mi mala retórica porque te estoy viendo, o más bien imaginando la sonrisa que se dibuja en tu cara acompañada de un “este tío no tiene remedio”, prosigo entonces y voy al grano, que no es el grano del granero ni el que mancilla un rostro, sino el quid de la cuestión o la esencia de lo que yo al iniciar este despropósito pretendía comunicar, que no era otra cosa que entre los dichosos puntos, y son dos, no lo olvides, como no debes olvidar otras tantas cosas que ahora no te voy a recordar, el camino más corto, y aquí no divago para no despertar odios, sembrar antipatías o generar aborrecimientos, te digo, ya para finalizar que es precisamente, la línea recta, la cual no es sino una sucesión de puntos, y no volveré sobre el punto, sean dos, tres o más, digo que tal línea es la distancia más corta entre esos impertinentes puntos. Y sí yo hubiese sido consciente de la validez de tal enunciado, siempre que no nos adentremos en las geometrías hiperbólicas o elípticas, no habría tenido que esperar varios años para comunicarte lo que pretendo, pues habría procedido siguiendo las normas más elementales al uso y los cánones establecidos. Pero ya estoy cansado, otro día te lo comento. 

 


 

 

 


Aforema 2227

De aquellos naufragios, estos pecios  

 

Ayer, al levantarme me invadió una trémula inquietud y me sacudió un escalofrío. Tomé un buen desayuno, pero no pude evitar el vahído: el sonido hueco del fracaso, las primeras notas de una sinfonía de descalabros. Fui de un lado a otro y constaté que mis discos de vinilo, ahora percibidos como altares donde echa raíces el ornamento, contemplaban impasibles mi naufragio. ¿Mi vida? Un guion demasiado complejo que contrasta con las carencias de tan pobre actor. No quiero fingir más de lo necesario, no quiero traicionar mi ética (¿o era estética?) imposible. Creí poder escribir el guion de mi vida y ser el personaje protagonista, pero no sé qué divinidad me sometió a fuerzas contradictorias que concitaban lo azaroso y lo imprevisto. Ella o mis miserias trazaron las líneas que definen el inefable laberinto de mi existencia, esta tragicomedia que comienza a ser mi vida. Intento regresar al cálido hogar que ofrecen las palabras. Recorro incesantemente las páginas de los libros en un ritual casi sagrado. No hay remedio, mis sueños -o mis imposturas y desvaríos- se transforman en trasuntos de estúpidas pesadillas. Mi biblioteca comienza a mostrarse como un lugar inhóspito, en un acto de rebeldía contra la insensatez que se deriva del tedio que genera lo cotidiano. Y todo por no encontrar la ley -hoy habría que decir el algoritmo- que resuelva las paradojas que generan los sentimientos. Así que a estas horas no me queda otro remedio que soñarme otro para seguir siendo yo mismo.