Vaya noches
Hay noches vacías en las que las puertas de mi casa son muros tan pétreos y compactos como la irreductible dureza de una oportunidad perdida. Muros tan altos como el abúlico transcurrir del tiempo cuando pasa sin que nada pase. Y pasando se nos va la vida tras los vestigios de momentos que ya no obedecen a las leyes que pone en juego ese procedimiento tan humano denominado re-actualización de la nostalgia. Hay noches vacías de aguijón en la espalda de heridas en la boca que sangra semen desesperado sobre tu boca ausente. Hay noches de deseo inmóvil que paraliza el tiempo y se vierte en la memoria para rescatar aquel gemido que dibujó una sintaxis ingrávida sobre la piel quemada de tanto anhelo y tanto sueño y tanto alcohol y tanto miedo. Hay noches en las que la noche sin ti es una serpiente devoradora de certezas, las traga lentamente sin masticar y las tritura y las vomita al amanecer sobre los ojos insomnes de quien las forjó pacientemente durante algún día y tantas noches. Hay noches vacías en las que la vida es un muro impenetrable de ausencia.
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