EL PERIÓDICO
I'll be what I am
A solitary man
(Johnny Cash)
Imagino un lugar en el mar donde se encuentran instalados toda suerte de pecios venidos de todos los lugares del mundo, de todas las personas que han ido dejando jirones de su espíritu sin saber adónde los llevaba el tiempo. Imagino un lugar llamado Criptoamnesia por el que pululan personajes de todo tipo. Unos fingen leer el periódico (en Criptoamnesia siguen existiendo los diarios en papel) para olvidarse de sí mismos. Otros, para olvidarse del mundo. El periódico, entre tanto, va y bien, de la barra a cualquier mesa, del suelo a una silla que ha quedado vacía, alguien lo ha pisado, un tipo lo recoge, lo sacude, lo hojea intentado evitar las machas de café y la ceniza adherida a sus páginas. El periódico es un especialista del tacto, lo tocan, lo doblan, unas veces con suavidad, como cuando se acaricia el rostro de una mujer, otras, lo hacen con violencia, como si fuese el responsable de las malas noticias que contiene. El periódico es dócil, se deja manipular sin exigencias ni condiciones. Miro los titulares sin prestar demasiada atención. Una pareja llama mi atención. Se besan apasionadamente sin importarle la mirada del resto de la clientela. El beso sella una alianza, se expande en el aire, nada puede detenerlo salvo la tristeza del tipo solitario que busca en su memoria la pregunta informulable. Detecta en el aire un signo de ausencia, una falta, un vacío que debería estar ocupado. No es el placer ni la dicha, es el rayo que no cesa, la persistencia de una inefable inquietud, aquella que nos hizo ser expulsados del paraíso y que jamás nos permitirá volver a él. Que el paraíso nunca haya existido no es una objeción a esta última afirmación. Me tomo la licencia de finalizar este pecio apresurado con una cita de Borges: “Un hombre se propone la tarea de dibujar el mundo. A lo largo de los años puebla un espacio con imágenes de provincias, de reinos, de montañas, de bahías, de naves, de islas, de peces, de habitaciones, de instrumentos, de astros, de caballo y de personas. Poco antes de morir, descubre que ese paciente laberinto de líneas traza la imagen de su cara”.