Tiempo y literatura
Domani puoi dimenticare, domani, sì
Ma adesso, adesso dimmi di sì
(Lucio Battisti)
La literatura es la tecnología biomédica capaz de revitalizar las palabras muertas que yacen en los diccionarios. Les otorga una nueva vida frente al Tiempo y a la Historia.
“Nadie”
fue la respuesta de Ulises al grito interrogador del Cíclope. El viajero Odiseo
tuvo que ser Nadie para poder seguir siendo él mismo, para escapar mediante su
treta de la furia del Cíclope. Ulises le ganó la partida al Cíclope y al
tiempo. A su llegada a Ítaca, arrodillado sobre la arena de la playa, la mirada
de Ulises no se dirige hacia la casa donde Penélope teje pacientemente el
tiempo que la separa de su amado Odioseo, sino que sus ojos apuntan hacia el
horizonte que ha dejado atrás, al mar que lo convirtió en un aliado del tiempo
navegando todos esos mares y todas esas tierras de nadie. Ítaca es el final del
viaje, Ulises lo sabe, y allí, de rodillas, escenifica su rendición. También el
héroe homérico sucumbió a la implacable tiranía del tiempo. El tiempo es un
solitario que excluye la complicidad, que quiere ser solo duración y transcurrir,
que no se deja seducir por los plañideros lamentos de las almas temerosas
cuando les invade la conciencia de la finitud, la certeza de que un día habrá
un final. El tiempo es inhumano y por ello nos atañe, nos reclama, nos seduce
con sus falsas promesas. El tiempo consolida la única certeza: toda queja está condenada a
perderse en el vacío del silencio y en el frío de la nada. Conscientes de
nuestra caducidad, le hacemos el juego al tiempo, le bailamos el agua, para
burlar sus categóricos imperativos
mientras inventamos instantes preñados de vida, amor y canciones.