La broma
I'm a joker
I'm a smoker
I'm a midnight joker
(Steve Miller Band)
Hoy he pensado en todo aquello que es de cierta manera y que yo no entiendo. He pensado en aquella vez que negué un “te quiero”, cuando mi boca se convirtió en la prisión de las vocales y consonantes de una expresión tan manida y opaca. Es cierto, un “te quiero” congela el tiempo, detiene su fluir en un momento, y en ese instante preciso uno espera -no sé qué, no sé por qué- que las palabras suturen la herida, que nos confieran cierta existencia, que nos aseguren la subsistencia, como si la identidad personal no fuese más que un préstamo a un interés demasiado elevado, como si no fuésemos más que piezas añadidas en un puzle interminable sometido a la paradoja que genera el teorema de Gödel. Hoy, con la cabeza vacía y las entrañas llenas, saludo los huecos que las ausencias dejan en mi casa con un luminoso y, a la vez, sombrío, “Buenos días, soledad”. Si la vida tuviese la estructura de un relato, el comienzo sería un misterio irresoluble, el nudo, un elenco de azares y contingencias, y el desenlace una vuelta al principio. La felicidad no respeta los principios y las leyes de los procesos osmóticos ni se rige por los de la conservación de la energía. La esperanza no es más que una broma de nuestra psique, como tantas otras, que contrasta con el susurro del absurdo que impregna todo lo que existe: ¡qué hermoso era todo en aquellos tiempos en los que el corazón dejó de ser un cazador solitario!