La distancia
Regresaré a mis estrellasDistancia, les contaré mi secreto
(Alberto Cortez)
La distancia no es espacio que aleja, sino conditio sine qua non para identificarnos en el anonimato que produce la indiferencia. No hay relación (de amistad, erótica o social) sin la distancia que referencia dos polos subjetivos que se dirigen la mirada.
En el famoso cuento de Benedetti, la distancia entre seres incorpóreos es una ilusión óptico-lingüística. Ángel y Ángela salvan la inexistente distancia mediante un intercambio de palabras que tiende al éxtasis resuelto en un orgasmo fonético provocado por la intensidad de los significantes.
La distancia que nos separa no es ilusoria ni irreal, tampoco infinita. En la distancia que nos separa cabe la duda, lo posible, la cita, el intermedio, la mirada, la risa y la sonrisa, la tristeza y la lágrima, incluso, cierto desvarío y cierta impostura. La distancia que nos separa no es un misterio ni una anomalía cuántica en el universo. Es la distancia necesaria encalada con palabras y silencios, los mismos que podrían conjugarse para poder algún día -sin concesiones a la nostalgia- entendernos si conseguimos adaptar los significantes a los significados.