All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


viernes, 12 de junio de 2026

PECIO 1025: PERSONA, PERSONAJE E IMAGEN

PERSONA, PERSONAJE E IMAGEN

 

Cuéntale a tu corazón Que existe siempre una razón Escondida en cada gesto Del derecho y del revés Uno solo es lo que es Y anda siempre con lo puesto Nunca es triste la verdad Lo que no tiene es remedio

(Joan Manuel Serrat) 

 

Existen configuraciones trinitarias que emparentan lo divino y lo humano. Cada ser humano es uno y trino. Aunque se den en UNO, una cosa es la persona y otra el personaje. Y además está la imagen que provocamos en los otros. Y van tres. Persona y personaje interactúan, remiten el uno al otro, se complementan, se enfrentan, se odian, se aman, se manipulan, pero no se confunden. No es insólito que se confunda la imagen con la persona o con el personaje. Hay un cierto control de la persona sobre el personaje y un cierto influjo del personaje sobre la persona. Personaje y persona forman un compuesto (sínolon), una unidad que, al igual que la materia (hylé) y la forma (morphé) aristotélicas, son separables epistemológicamente pero no ontológicamente. Por mucha atención que pongamos en configurar la imagen que los otros tienen de nosotros, hay aspectos o elementos que escapan a nuestro control. Es un juego de presencias y ausencias. El personaje escapa al control de la persona, la persona presenta aspectos desconocidos para el personaje, y ambos, persona y personaje, se muestran, a veces, perplejos ante la imagen que vomitan los otros. Todos ellos son reales y se ubican en el mismo nivel ontológico. Ninguno es más auténtico o verdadero que el otro. Es una cuestión de perspectiva. La máscara del personaje no es menos sincera (o mendaz) que el presunto rostro auténtico de la persona. El personaje es tan complejo como la persona y la imagen se nutre de la percepción del otro, que la genera con un grado de complejidad no menor que sus referencias. Hay tantas imágenes como personas que nos miran y esa mirada influye tanto en el personaje como en la persona. No hay rostro verdadero, esencia que descubrir o yo interior que desvelar. En el contexto de la dialéctica apariencia/realidad, que conjuga ideas, miedos, contradicción, deseos…persona, personaje e imagen se retroalimentan.