All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 20 de julio de 2026

PECIO 0733: LUCIDEZ

Lucidez

 

 

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se pinta en sus libros es una de las puerilidades que el romanticismo nos ha legado. No es imposible, muy al contrario, que un artista se interese ante todo por los demás, o por su época, o por mitos familiares. Aun cuando se ponga a sí mismo en escena, puede considerarse excepcional que hable de lo que él realmente es. Las obras de un hombre trazan con frecuencia la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia, sobre todo cuando pretenden ser autobiográficas. Ningún hombre se ha atrevido nunca a pintarse tal como es."

(Albert Camus) 

 

 Mis palabras: aproximaciones, imágenes difusas de un rostro que siempre aparece difuminado. Casi una vida en tan poco tiempo. Todo por hacer, nada está resuelto. Ninguna certeza en esta red anudada por tantas dudas, imposturas, desvaríos, escasas certezas y algún que otro acierto. En ocasiones, siento que me vive esta vida que vivo en perpetuo movimiento: del centro a la periferia, de la presencia a la ausencia, de la claridad al misterio. Me miro al espejo y pienso: ¿Quién es este tipo? El collage se va transformando en relato y la memoria va dejando huecos por donde se cuela el olvido. Estoy lleno de nombres y ritmos, de historias cuyo protagonista fue una herida o un beso. ¡Ah! La lucidez. ¡Qué extraña presencia en el escenario donde se representa el espectáculo del Orden y del Sentido! Es un relámpago que cuestiona nuestra percepción cotidiana de las cosas. Es un virus que contamina un sistema de pensamiento acomodado. La lucidez agrieta y desarticula la realidad. El resultado es lo real: el sinsentido, el caos, la indiferencia del tiempo y la constatación de que no somos más que un accidente en el devenir errático de la materia. ¿Qué somos? Quizás Cioran dio en el clavo: “Ilusiones de nuestro propio pensamiento.” Por ello, es un estado instantáneo, efímero y fugaz. Si durase sólo un poco más, el alma se agrietaría de tal modo que reanudar nuestro idilio con la vida sería algo imposible. Me permito, superado el trauma, esta larga cita de F. Nietzsche para no hacerme demasiadas ilusiones y recordarme que la lucidez siempre amenaza con hacerse presente:

"En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto”.

 


 

PECIO 1106: VIVIR

 

 Vivir

 

 Quiero que me digas, amorQue no todo fue naufragarPor haber creído que "amar"Era el verbo más bello, dímeloMe va la vida en ello

(Luis Eduardo Aute) 

 

No hay pecio que valga una vida o un beso o un abrazo o, aunque sea en voz baja, un te quiero. La escritura es “cosa” del personaje, la vida, de la persona. Escribir es poner entre paréntesis la vida, reducir lo complejo a lo inteligible, pasar la mopa sobre la superficie del alma para crear una narración que no sea excesivamente absurda. Sin embargo, leer es un proceso de inmersión en la realidad, un modo de ensanchar los límites de la interioridad, un modo de entender que lo complejo no es reductible a un proceso causal. Los pecios no están motivados por el placer de escribir. Constituyen un trabajo sobre uno mismo. Pero no nos engañemos, el trabajo lo hace el personaje sobre la persona. Y la persona debe estar siempre alerta frente a los excesos del personaje. Escribir es un acto egoísta e, incluso, ególatra. La lectura es altruista. La escritura nace de la desconfianza con respecto a uno mismo, la lectura es un acto de fe, la confianza en que hay más palabras que mi palabra, que hay más absurdos que mi absurdo. Insisto: no hay pecio que valga una vida.