Alegría y dicha
Te voglio bene assai
Ma tanto, tanto bene sai
E una catena ormai
Che scioglie il sangue dint' e vene sai
(Lucio Dalla)
Anoche me encontraba extrañamente eufórico e incomprensiblemente optimista. Así que decidí trasladar al papel estas sensaciones a fin de generar en otros espíritus, aquellos que cometiesen la imprudencia de leerme, un sentimiento de reconciliación con el mundo, la vida y los otros. No se me juzgue (o sí, poco me importa), pues, por este arrebato de alegría y dicha, un efecto sin una etiología concreta. A veces, cuando no tengo una palabra o una frase que llevarme a la boca, me anima la idea de cambiarte esta falta por el temblor invisible de un abrazo pleno, por el ritmo inefable del movimiento de tus caderas, por tu mirada honesta o lasciva -la que no me salva, la que no me condena-, por el goce en tu boca del silencio y la trama, por la tentación de ser contigo el verso imperfecto, por la rima asonante que conforman tus ojos y mis inquietudes, por los hilos que tejen nuestros olvidos y por los enredos en los que se confunden nuestros recuerdos, por tu luz y tus sombras, por el gesto que reveló los efectos que se avienen cuando sin alharacas mostramos nuestros sentimientos. Sin una palabra que llevarme a la boca, sin una frase escrita, te propongo un ir y venir de caricias que se citan en cada esquina de nuestras almas con la mirada de un cíclope que se confunde, de nuevo, con el silencio, con el tacto exento del lastre diario de mis laberintos.