All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


domingo, 30 de agosto de 2026

PECIO 1258: EL ODISEO DE NOLAN

 El Odiseo de Nolan

 

 I've seen the future, brother
It is murder 

Things are going to slide, slide in all directions
Won't be nothing
Nothing you can measure anymoreThe blizzard, the blizzard of the world
Ha cruzado el umbralHas crossed the threshold
And it has overturned
The order of the soul

When they said repent repent
I wonder what they meant

(Leonard Cohen)

 

A veces los extremos ME tocan. El término medio aristotélico no acude a la llamada. Desconfío de los apocalípticos, pero no siempre consigo apartarme de su camino. Acechan incansables en las sombras hasta que encuentran el momento propicio para hacerse notar en la calle, en los medios de comunicación, en los restos de óxido de sus mentes ruines y viles. Plantear el apocalipsis es la estrategia para presentar el mecanismo redentor. No falla. Siempre ha sido así. Nolan lo utiliza para cristianizar a Ulises. La redención mediante la culpa asumida. Nada de Homero, mucho de los Padres de la Iglesia. Troya es el apocalipsis. Con Nolan, Ulises se convierte en el mesías de la Buena Nueva. Es San Pablo cegado por la luz que lo transforma. Ulises vaga abstraído contemplando el saqueo de Troya, sin participar en la masacre. Vive una ascesis en la que Nolan sustituye al Odiseo homérico instalado en la idea de la fama como forma de inmortalidad, por el Ulises cristiano cuya asunción de la culpa lo transfigura. La justicia reparadora sustituye a la némesis. Desconfío de los que continuamente hablan de decadencia, pues su único argumento es la nostalgia. La nostalgia reaccionaria que impregna la actualidad, la que prefiere modos pretéritos de organización sociopolítica en un mundo para el que Dios o la Historia no arbitraron ningún procedimiento que permitiese ponerlo en modo “pausa”. ¿Degradación? ¿Decadencia? Los apocalípticos nos piden que aceptemos un principio injustificado e injustificable: Hubo un tiempo mejor. Nostalgia del Paraiso, mitos del buen salvaje, ¿Dónde se dieron? ¿Cómo localizarlos? Negación del tiempo. Nos seduce la idea de vivir como si el tiempo no existiese salvo en el momento de una cita puntual o cuando los imperativos de la vida cotidiana, que custodian el cómputo y el orden de las secuencias de los acontecimientos, deben ajustarse al ritmo que marcan las instituciones o los compromisos. Nos dejamos tentar por esa ciega voluntad de eternidad alojada en el seno de nuestra finitud. Nolan habla de la ley de Zeus, pero en realidad habla del propósito de enmienda y de cumplir la penitencia. El Ulises de Nolan decide desanclarse del héroe homérico, vivir a dos metros sobre la tierra, ascender hasta el punto en el que se le revela que su misión no es volver a Ítaca como vencedor de Troya, sino como mensajero de una nueva era. ¿Ulises cristianizado? Quizás más bien desnudo de su esencia griega, transmutado en héroe americanizado.