All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 2 de julio de 2026

PECIO 0525: DOLOR

 Dolor

 

I feel the pain baby
Deep down in my soul
Deep down in my soul

I feel the hurt honey
Deep down in my bones

(Lucky Lloyd)

 

Del dolor se aprende. Del placer, también. Se aprende en la tristeza y no menos en la alegría. Se aprende del fracaso, no sé si también del éxito. Somos prisioneros de nuestras propias presunciones, suposiciones o creencias. Y nos resignamos ante nuestra vocación de egocentrismo y egolatría tanto como ante nuestra disposición al altruismo y a la generosidad. Sabemos que nos hacemos daño y que dañamos a otros. Es inevitable. El problema surge cuando convertimos el dolor en sufrimiento. El dolor es parte de la vida, el sufrimiento es nuestra singular -en ocasiones, perversa- contribución a ella. El dolor es una señal, un daño físico o emocional. El sufrimiento es una respuesta psíquica o cognitiva que puede derivar en ansiedad, miedo o temor. Evitar la prolongación del sufrimiento es un modo de desactivar nuestras pulsiones autodestructivas. Si nos hemos empeñado en acabar con los dioses, no debemos abrir la puerta a nigromantes, magos o hechiceros. No debemos buscarnos allí donde nunca hemos estado. No debemos poner nuestro sufrimiento en manos de los mesías de la felicidad. No hay estremecimientos idénticos en los que converjan las voluntades. Parecería que uno es mejor por haber sufrido. Pero el sufrimiento no nos hace mejores (ni peores). No obstante, una mística del sufrimiento invade las ciudades, los barrios, las casas. El sufrimiento se hereda y crea privilegios. No importa el tiempo: si mi pueblo -nación o comunidad-, sufrió, entonces yo soy partícipe de ese sufrimiento, víctima inocente que, ante los herederos de los perpetradores -colonizadores, invasores…-, reclama sus derechos.