All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 16 de julio de 2026

PECIO 0315: LA ESCRITURA, OTRA HERIDA

 la escritura, otra herida

 

Ancora tu non mi sorprende, lo sai

 E come stai
Domanda inutile
Stai come me
E ci scappa da ridere

(Lucio Battisti)

 

Este pecio reproduce, en traducción libérrima, la conversación entre Marcello y Marcella, un breve episodio de la obra dramática “Ancora tu” de Enzo Formaggio publicada por la editorial Vecchia Signora en 1963.


Marcella y Marcello en el centro del escenario

Marcella: Esto va de ausencia, de piel que recuerda y, a continuación, olvida, quiere olvidar, decide no recordar, y se lo impone como tarea. Olvidar ya lo que no existe, lo que dejó de existir porque fue desatendido, obviado, apartado…y se dejó morir. No más batallas, siempre gana la nostalgia. No más treguas, son argucias para no asumir la derrota.

Marcello: No se trata de querer amar, olvidar o recordar, no es una decisión, debemos aceptar el imperativo que imponen nuestras vísceras, nuestro corazón, no es posible exonerarse de una pulsión que no admite razones. Esto no va de la voluntad, sino de la insoslayable atracción que otra persona ejerce sobre nosotros

Marcella: Simplificas en exceso. Las relaciones humanas no se llevan bien con el término sencillez. Los seres humanos somos complejos y nuestras relaciones multiplican esa complejidad. No obstante, reconozco que somos especialistas en simplificar, sobre todo, la complejidad de los demás. Ocurre que busco tus manos, vuelan en la nube de los recuerdos mientras quiero pensar que buscas las mías. No hay manos, ni piel ni caricias, se perdieron en el momento en que confundimos lo importante con lo urgente. Y busco tus manos.

Marcello: No simplifico, no reduzco al mínimo, muy al contrario, soy consciente de las dificultades de sintonizar dos universos que, a veces, se muestran inconmensurables, dos microcosmos que al colisionar el más mínimo roce produce un gran malentendido, que al reconocerse el más mínimo roce produce una plenitud rayana con la dicha.

Marcella y Marcello abandonan el escenario y lo ocupa una voz en off

No hay palabra ni gesto ni abrazo ni grito que rompa el silencio de la voz que ha dejado de nombrar y de ser nombrada. No hay frase que no sea la huella que dejan en el mundo las inquietudes, no las certezas, no las verdades, no las creencias, no las ideas. Escribir no es un bálsamo, ni libera ni salva ni consuela ni orienta ni es una cura. La escritura es otra herida, la que el personaje inflige a la persona.


 

 


PECIO 1842: MAMMA

 Mamma

 

Viva la mamma perché
Se ti parlo di lei non sei gelosa!
Viva la mamma
Affezionata a quella gonna un po' lunga

Così elegantemente anni cinquanta

 

(Edoardo Bennato)

 

Mi madre dormita en el salón con el televisor encendido. En la pantalla, una pareja sostiene una mirada congelada en el tiempo, no se produce ningún movimiento, ningún gesto digno de ser captado por la cámara, una escena que corrobora la tesis de Parménides: el estaticismo del ser. Es una serie turca en la que las parejas ni se besan ni se tocan. Supongo que las relaciones sexuales se establecen a una distancia prudencial, aunque me es imposible imaginar el mecanismo mediante el cual se produce el encuentro de los gametos para dar lugar al cigoto. Sólo la música nos incita a pensar que los amantes siguen vivos, que tarde o temprano saldrán del éxtasis que manifiestan sus rostros. Mi madre cabecea, entreabre los ojos, hace un comentario y vuelve a su duermevela. La miro y pienso que mi madre nunca fue amada como merecía. De ahí el halo de tristeza que trata de disimular su rostro, incluso cuando sonríe. Apoyada sobre el codo, no sabe que la estoy mirando, no sabe lo mucho que la quiero, quizás porque nunca se lo he dicho, y si lo he hecho, cosa que no recuerdo, seguro que no lo hice con la intensidad que ella se merecía y se merece. La miro y su imagen suscita en mí la duda de si yo he sabido y sé amar como se merecen a los que se lo merecen. Mi madre es una de las razones de mi existencia, su presencia ahuyenta la nostalgia de otras presencias. Hay quien necesita venerar algo más grande que ellos mismos: la ciencia, Dios, el misterio…Yo no necesito esas exterioridades, porque aquí, a mi lado, dormitando en el salón con el televisor encendido, tengo a mi madre en su placida duermevela.