All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


lunes, 31 de agosto de 2026

PECIO 0806: TRAGEDIA (Y JAZZ Y ULISES Y VERSOS Y RIMAS)

 Tragedia (y jazz y Ulises y versos y rimas) 

 

Entra in questo amore buio pieno di uomini
Via, entra e fatti un bagno caldo
C’è un accappatoio azzurro
Fuori piove un mondo freddo

(Paolo Conte) 

 

Hay versos que se cruzan en las intersecciones donde se dan cita las rimas solitarias. Líneas de fuerza que se citan, se olvidan, se recuerdan, se afirman y niegan, se atraen y se repelen. Hay versos tan profundos que se citan en la superficie de tu piel. Qué superficiales de tan profundos, somos tantos que resulta difícil contener tantas vidas en un solo cuerpo. Hyde sonríe ubicado en la atalaya desde la que contempla esta esquizofrenia orgiástica para la cual no se ha inventado la letra que la escenifique o la cante. Solo un piano ebrio de soledad sabe que la vida no responde a la estructura de un relato. La continuidad la pone la memoria. Escuchen la música de K. Jarret, de B. Evans, de B. Powell, de D. Ellington o de T. Monk. Yo he aprendido que, si se renuncia a la tragedia y nos centramos en la búsqueda de una solución salvífica, solo queda la insustancialidad del drama o la levedad de la comedia. Ulises anhela el regreso al hogar, pero no menos la libertad que proporciona el mar. El drama excluye, exige proceder a la elección entre el bien y el mal, entre Dios o el diablo, entre la perdición o la salvación; la comedia concilia la levedad con la pesantez de la vida, el humor con la seriedad, la alegría con la tristeza; el espíritu trágico mantiene la tensión, ni exclusión ni conciliación, pues la herida nunca se cierra, permanece siempre abierta, nutriéndose de la paradoja y la contradicción. El espíritu trágico tiene horror al vacío en el que se resuelven todas las idealizaciones de las que son capaces los seres humanos: Via, via, vieni via con me, entra in questo anore buio, non perderti per niente al mondo, via, via, non perderti per niente al mondo. 

 


 

PECIO 1845: CUERPO, TIEMPO Y MEMORIA

Cuerpo, tiempo y memoria

 

 [Listen to me] I've got dreams, rough dreams, dreams to remember

(Otis Redding) 

 

No hay tiempo más allá del tiempo en el que se ubica este cuerpo. Cuerpo que no sé si me posee o lo poseo. Mi cuerpo dice “mi cuerpo”. Se dice en un desdoblamiento imposible. Como el tiempo. Ni siquiera este tiempo es real, es ya pasado y desaparece. Estas líneas son la prueba de que no hay tiempo aprehensible, sino tiempo que es y no es al mismo tiempo. Pero está la memoria, me dices, y te respondo que allí congelamos el tiempo y convertimos la realidad en recuerdo, esa otra palabra tan familiar y tan extraña, al mismo tiempo. La dura realidad maciza, compacta, pétrea y sólida, transformada en recuerdos blandos, esponjosos, maleables, y cuya esencia consiste en ser ellos mismos y otros -depende del lugar y del tiempo, porque ser tiempo y no ser nada es lo mismo, pero sin conciencia de ello. La memoria que inventa una biografía -biofagia, la llaman algunos-, y se resuelve en viejas fotografías o marcas que aún no se han borrado. Fotografías del poeta ante las que exclama: “ahí falto yo”. Tiempo congelado: las fotos de nosotros mismos cuando éramos otros, quizás más jóvenes, sin canas o con pelo, con aquellos vaqueros tan desgastados o desnudos en aquella playa en la que dibujamos una sonrisa en la arena para que el mar no se tragara nuestros sueños. Los sueños de aquellos que fuimos o de los que no sabían que el tiempo los haría otros, sin respetar el proceso de congelación de los recuerdos que la memoria intenta en vano perpetuar cuando olvida que ella misma es y no es, al mismo tiempo. Quizás algún día recordaré este momento o no, y se perderá, como tantos otros, allí donde va nuestro tiempo, lugar de cartografía imposible que ningún GPS puede registrar. Y es que no somos propietarios del tiempo, por mucho que hablemos de mi, tu, su…tiempo. ¿Y la memoria? Se irá sin avisar y, entonces, ya no importará el pasado, el presente o el futuro; y, entonces, quizás ya no importe el tiempo, pues será tiempo de otros, de los que sigan conservándonos en su recuerdo.