Lucidez
"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se pinta en sus libros es una de las puerilidades que el romanticismo nos ha legado. No es imposible, muy al contrario, que un artista se interese ante todo por los demás, o por su época, o por mitos familiares. Aun cuando se ponga a sí mismo en escena, puede considerarse excepcional que hable de lo que él realmente es. Las obras de un hombre trazan con frecuencia la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia, sobre todo cuando pretenden ser autobiográficas. Ningún hombre se ha atrevido nunca a pintarse tal como es."
(Albert Camus)
Mis palabras: aproximaciones, imágenes difusas de un rostro que siempre aparece difuminado. Casi una vida en tan poco tiempo. Todo por hacer, nada está resuelto. Ninguna certeza en esta red anudada por tantas dudas, imposturas, desvaríos, escasas certezas y algún que otro acierto. En ocasiones, siento que me vive esta vida que vivo en perpetuo movimiento: del centro a la periferia, de la presencia a la ausencia, de la claridad al misterio. Me miro al espejo y pienso: ¿Quién es este tipo? El collage se va transformando en relato y la memoria va dejando huecos por donde se cuela el olvido. Estoy lleno de nombres y ritmos, de historias cuyo protagonista fue una herida o un beso. ¡Ah! La lucidez. ¡Qué extraña presencia en el escenario donde se representa el espectáculo del Orden y del Sentido! Es un relámpago que cuestiona nuestra percepción cotidiana de las cosas. Es un virus que contamina un sistema de pensamiento acomodado. La lucidez agrieta y desarticula la realidad. El resultado es lo real: el sinsentido, el caos, la indiferencia del tiempo y la constatación de que no somos más que un accidente en el devenir errático de la materia. ¿Qué somos? Quizás Cioran dio en el clavo: “Ilusiones de nuestro propio pensamiento.” Por ello, es un estado instantáneo, efímero y fugaz. Si durase sólo un poco más, el alma se agrietaría de tal modo que reanudar nuestro idilio con la vida sería algo imposible. Me permito, superado el trauma, esta larga cita de F. Nietzsche para no hacerme demasiadas ilusiones y recordarme que la lucidez siempre amenaza con hacerse presente:
"En algún apartado rincón del universo centelleante, desparramado en innumerables sistemas solares, hubo una vez un astro en el que animales inteligentes inventaron el conocimiento. Fue el minuto más altanero y falaz de la “Historia Universal”: pero, a fin de cuentas, sólo un minuto”.
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