All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


jueves, 18 de junio de 2026

PECIO 0932: TIEMPO Y LITERATURA

 Tiempo y literatura

 

Domani puoi dimenticare, domani, sì
Ma adesso, adesso dimmi di sì

(Lucio Battisti) 

 

La literatura es la tecnología biomédica capaz de revitalizar las palabras muertas que yacen en los diccionarios. Les otorga una nueva vida frente al Tiempo y a la Historia.

“Nadie” fue la respuesta de Ulises al grito interrogador del Cíclope. El viajero Odiseo tuvo que ser Nadie para poder seguir siendo él mismo, para escapar mediante su treta de la furia del Cíclope. Ulises le ganó la partida al Cíclope y al tiempo. A su llegada a Ítaca, arrodillado sobre la arena de la playa, la mirada de Ulises no se dirige hacia la casa donde Penélope teje pacientemente el tiempo que la separa de su amado Odioseo, sino que sus ojos apuntan hacia el horizonte que ha dejado atrás, al mar que lo convirtió en un aliado del tiempo navegando todos esos mares y todas esas tierras de nadie. Ítaca es el final del viaje, Ulises lo sabe, y allí, de rodillas, escenifica su rendición. También el héroe homérico sucumbió a la implacable tiranía del tiempo. El tiempo es un solitario que excluye la complicidad, que quiere ser solo duración y transcurrir, que no se deja seducir por los plañideros lamentos de las almas temerosas cuando les invade la conciencia de la finitud, la certeza de que un día habrá un final. El tiempo es inhumano y por ello nos atañe, nos reclama, nos seduce con sus falsas promesas. El tiempo consolida la única certeza: toda queja está condenada a perderse en el vacío del silencio y en el frío de la nada. Conscientes de nuestra caducidad, le hacemos el juego al tiempo, le bailamos el agua, para burlar sus categóricos imperativos mientras inventamos instantes preñados de vida, amor y canciones. 
 
 

 
 
 

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