Strange Fruit / Alabama
Abolir la esclavitud no significó erradicar el racismo institucional: político, económico, judicial y cultural. De hecho, la emergencia del trumpismo continúa una tradición muy arraigada en la sociedad estadounidense, en la denominada, por sabios y doctos de la politología contemporánea, mejor democracia del mundo liberal y capitalista. Abolida la esclavitud, la Corte Suprema de EEUU mantenía la separación racial bajo el lema: “Iguales pero separados” (separate but equal), una doctrina jurídica que permitía la segregación racial. En la práctica, se creaban espacios para las “razas” y la igualdad civil seguía siendo una quimera. Según las conservadoras estimaciones del Tuskegee Institute, 2.833 personas fueron linchadas entre 1889 y 1940, el 90% en los estados del sur.
Strange Fruit (Fruta rara) es una pieza musical de 1939 de la cantante afroamericana Billie Holiday. Compuesta y escrita por Abel Meeropol (Lewis Allan), la canción fue uno de los primeros lemas del movimiento por los derechos civiles estadounidense. La expresión Strange Fruit se convirtió en el símbolo de los linchamientos. En la canción se habla del cuerpo de un negro que cuelga de un árbol. La fuerza emocional de la pieza estriba en la confrontación de la imagen bucólica del lugar y la tétrica imagen del cuerpo colgado, es decir, de la disparidad entre la ficción consensuada de la placidez sureña y la luctuosa realidad de un crimen atroz.
La mañana del domingo 15 de setiembre de 1963, una docena de cartuchos de dinamita fueron colocados en el sótano de la iglesia Baptista de la Calle 16 de Birmingham, Alabama. La explosión ocasionó la muerte de cuatro niñas negras de entre 11 y 14 años. Fueron racistas blancos lo que organizaron el atentado con el propósito de acabar con las manifestaciones reivindicativas de los derechos civiles. El saxofonista John Coltrane escribió la canción Alabama como respuesta a dicho atentado. Alabama es una pieza de denuncia que imita, con su cadencia, el discurso de Luther King en el funeral celebrado con motivo de los atentados. La pieza alcanza su punto álgido cuando la batería de Elvin Jones pasa de ser un murmullo a un intenso in crescendo que transmite la rabia generada por la barbarie y el fanatismo humanos.
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