Palabras
(Une parole encore)
Paroles, paroles, paroles
(Écoute-moi)
Paroles, paroles, paroles
(Je t'en prie)
Paroles, paroles, paroles
(Je te jure)
Paroles, paroles, paroles, paroles, paroles
Encore des paroles que tu sèmes au vent
(Dalida)
El diccionario de los nébulos no respeta el orden alfabético de las palabras, pues es de dominio público que estos seres sienten animadversión por las taxonomías y las clasificaciones, por las filas indias y los números que expiden las máquinas, más o menos sofisticadas, en las colas de las carnicerías, de las pescaderías o en el servicio postal de Correos. Cuando al enormísimo nébulo se le formulan cuestiones relativas a la morfología, la lexicología o la semántica, responde con clasificaciones arbitrarias semejantes a las de Borges que no se someten ninguno de los protocolos académicos conocidos. Así habla de:
palabras-pájaro: libres y viajeras, amantes de los espacios abiertos
palabras-sueño: promesas de tu rostro y anagramas de tu sonrisa
palabras-humo: la alegría ingrávida de una mujer que vuela
palabras-fuego: inquietas e insatisfechas, espejos que reflejan batallas sin tregua palabras-música, sin pentagramas ni partitura, sonidos como besos que arañan el alma
y palabras-huella: tú, toda tú, desnuda.
No es la poesía un arte cultivada especialmente por los nébulos. Su mundo es lo suficientemente irreal como para perder el tiempo en uno de los múltiples géneros de la literatura de ficción. Cuando un nébulo se pone, lápiz en mano, a componer canciones con el objetivo de alterar el orden de las cosas, suele escribir listas como la siguiente:
Amor, esa palabra
Jazz, ese ruido
Amor, ese ruido
Jazz, esa palabra
Vida, ese laberinto
Siempre, esa mentira
Nunca, esa impostura
Amor, esa vida
Jazz, ese amor
Mentira, esa palabra
Pareja, esa paradoja
Amor, jazz, Vida, esas palabras
Palabra, ese amor
Pareja, ese ruido
Paradójica, esa pareja
Siempre, ese sueño
El resto de nébulos finge escuchar al rapsoda y cuando este termina le presentan sus condolencias, le tiran suavemente de las orejas mientras le tararean al oído el estribillo de una canción sin letra y sin rimas.