All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


sábado, 31 de octubre de 2026

PECIO 1058: NÉBULOS Y CENOBIOS (LA RAYUELA Y LA VERDAD)

 Nébulos y cenobios: la rayuela y la verdad

 

Oh, I want the truth to be known

Huh, huh, huh, huh-uh, huh
I know this much is true
Huh, huh, huh, huh-uh, huh

Oh, I want the truth to be known

 (Spandau Ballet) 

 

    Un nébulo solitario y solidario pensaba que existía la rayuela y existía el cielo. Imaginó unos versos cuya protagonista era un tejo que debía recorrer el camino que iba de la mano hasta la rayuela. Sólo había que tirarlo con mucho tino y cuidado, besarlo antes de soltarlo, acariciarlo y susurrarle en su pétreo oído un verso o una rima. El gesto de arrojarlo dibujaría un espacio carente de tiempo, frío o silencio, e inventaría un cielo donde cobijar el sueño del tejo: no sentir temor ni temblor ante la vida, la misma que nos invita cada día a soltar el brazo y abrir la mano. Se pude imaginar el cielo (o el infierno), pero no debemos olvidar que la rayuela siempre se pinta en el suelo, pensó, también, el nébulo. 

Mientras tanto, un cenobio solitario y solidario según la normativa vigente, realizaba la tarea de inferir, derivar, deducir e inducir a partir de un momento concreto, de un dato coyuntural, la totalidad del universo, como si este fuese siempre algo fijo, inmutable, constante, como si no supiésemos, objetan los nébulos, que al pensar, y por tanto, deducir, inferir, inducir y no sé cuántas operaciones lógicas más no nos percatásemos de que al pensar estamos ya modificando aquello en lo que reparamos intelectualmente, aquello que dividimos, troceamos, fragmentamos, para poder aprehenderlo y deglutirlo con toda la violencia de nuestra voracidad racional.

Según la a-pistemología nebúlica, la verdad no se demuestra ni se muestra, no es desvelamiento ni revelación, la verdad no se somete a la gran tecnología creada por el gran cenobio: el discurso racional.

¿Qué es entonces la verdad?, preguntó el cenobio solitario y solidario según la normativa vigente. El nébulo solitario y solidario decidió, guitarra en mano, responder con los versos de aquella canción:

 

Tomando en cuenta lo implacable
Que debe ser la verdad, quisiera preguntar
Me urge tanto,
¿Qué debiera decir, qué fronteras debo respetar?

¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?

(Silvio Rodríguez)


 


 

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