All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


martes, 26 de junio de 2018

Mi Palabra-Silencio


Mi palabra-silencio, una composición imposible, una relación inefable, un reto que lanzo al mundo con la certeza de que no obtendré ninguna respuesta. Mi palabra-silencio es un grito hacia adentro, la implosión de un verso que nunca alcanzó la rima que exigía el poema, el gesto burlón de lo normalizado que nutre las servidumbres nacidas en el pasado y que gravitan sobre el presente.

Mi palabra-silencio surge cuando me alío con el insomnio, cuando aprovecho la noche para llenar mi memoria de recuerdos y de olvido, cuando se me revela a la conciencia de un modo claro y preciso que debo amar cada vez que parpadeo, cuando los pliegues de tu piel surgen como la objeción más sólida contra el absurdo.

Mi palabra-silencio es un sortilegio para recuperar la alegría que se pierde cuando una soledad voraz envuelve la vida con el siniestro manto de la indiferencia.

Mi palabra-silencio es un trasunto de aquél verso de Benedetti que siempre llevo en mi mochila: …las cicatrices enseñan; las caricias también.

Mi palabra-silencio es el eco de las palabras de mi pied-noir más querido:
“…lo que había que hacer era reconocer claramente lo que debía ser reconocido…para espantar las sombras inútiles y tomar las medidas convenientes.”


lunes, 25 de junio de 2018

El tiempo, mis yo-es y ella.


Tiempo continuo, línea resuelta en la tríada de Cronos: pasado, presente y futuro. Tiempo narrativo que hace de una vida un relato. Pero esta continuidad que construye nuestra razón, registra nuestra memoria y construye nuestra imaginación, es más bien una ficción que una realidad. No es la lógica hegeliana la que impone una ley a la vida, sino que esta responde a una lógica de la yuxtaposición en la que los elementos experienciales son refractarios a cualquier intento de someterlos a la línea del tiempo. Sin conciencia no hay tiempo lineal. La memoria, facultad constructora donde las haya, construye, diseña, conforma, establece, edifica, crea una ficción que responde al modelo cinematográfico. 

Pero, en el fondo, y quizás en la superficie, esta tentativa vinculada a la necesidad humana de dar un sentido a la vida, no es más que una proyección de los juegos de nuestra mente. La realidad es el fruto del modo de percibir que tiene el ser humano. El tiempo no podía ser menos. 

Me percibo el mismo a lo largo del tiempo. Sin embargo, he de confesar que me siento habitado por múltiples formas de mí mismo, no todas ellas compatibles entre sí. Una de estas formas me compromete con el acto de escribir, siempre en pugna con el resto. A veces, el ruido de la lucha es ensordecedor. Aunque es inevitable. Ese yo ficticio, extraño y desubicado que me muestra ante el mundo se siente, a veces, agotado, extenuado por las batallas que se libran en sus entrañas. Sabe que en su interior no hay lugar para el acuerdo o el consenso. Este yo que trabajo como si de una obra de arte se tratase va y viene como un relámpago entre los azares que lo impulsan y las necesidades con las que se afirma. Vive desasosegado zozobrando inquieto en el proceloso mar de sus errores y de sus aciertos.

Ella es mi antídoto contra el tiempo y contra el sinsentido. Ella es el horizonte que dibuja mi alma cuando intento un nuevo verso y tropiezo con el recuerdo de un beso. Me dejo llevar por las sutiles artes seductoras de la memoria y evoco una escena: “Al ritmo de la música nos desnudamos y nos acariciamos como si la piel fuese el pentagrama en el que se dibujan las notas de un viejo Blues”. 

Porque sé que dentro de ella hay un tiempo denso en el que flotan estos versos:

El deseo navega por las huidizas notas azules
Que fluyen indiferentes al acto de amor que mis labios
                                   Dibujan en tus labios
Mi boca habla a tu boca con el lenguaje que inventan
Mis manos cuando se encuentra con tu sexo
Versos enredados en tu vello púbico
Mi lengua es una mariposa que aletea sobre Venus
Y tu rostro se inunda de tiempo denso





lunes, 18 de junio de 2018

¿Agoniza el amor?

Unas notas a vuelapluma a partir de una lectura superficial de LA AGONÍA DE EROS de Byung-Chul Han


Dicen que Eros agoniza debido a la racionalización contemporánea del sentimiento amoroso, a su mercantilización,  y a las nuevas tecnologías que posibilitan una libertad de elección casi ilimitada, una oferta que supera con creces la demanda. El amor, dicen, está en crisis, perece porque la contemporaneidad se ha rendido a sus simulacros. En el corazón de una sociedad cada vez más narcisista, la condición del amor, la alteridad, va desapareciendo, pues el otro queda reducido a una mera proyección del sí mismo.
En una sociedad narcisista y del rendimiento, en la que el mundo no es más que una proyección del sujeto y este se entiende desde la explotación de sí mismo cuando busca la realización de un ideal, en una sociedad de la negación de lo negativo, de la negación de la alteridad, el otro queda reducido a mero cuerpo susceptible de ser consumido, y la sexualidad se somete a los imperativos del máximo beneficio con el menor coste. Se trata de explotar el capital sexual que produce la relación entre Dos, que en este caso no es sino la relación de uno mismo con su proyección encarnada en un pseudo-otro.
Estas nuevas formas de Eros anulan la distancia necesaria que debe haber entre amantes. Distancia que posibilita el poder llamar al otro “Tú”, reconocerlo en su diferencia, amar lo negativo que aporta a mi positividad: el otro NO es yo.
En la sociedad del rendimiento, en la que todo es posible, pues aceptar lo imposible es un primer síntoma de fracaso, la racionalización del amor en términos de la lógica binaria del coste y del beneficio, de la inversión en forma de capital vital y los dividendos que se presume debe deparar, descarta la visión romántica de Eros como herida y pasión. Herida en el yo que se fractura al obligarse a salir de sí mismo en busca del otro, pasión por la necesidad de hacer de la vida una vida-con-el-otro. Eros, pasión, herida, distancia, son constitutivos de una diferencia que no sucumbe ante el paradigma de la igualdad y la simetría. Reconocer la alteridad es reconocer la diferencia. Eros establece una relación asimétrica: Yo y lo que no es yo. Positivad y negatividad. Y entre ambos, la tensión necesaria que escapa a toda tentativa racionalizadora. Eros no es racional ni irracional, sino el fruto de la tensión entre uno y otro. Anular uno de los elementos es anular el amor.