All we are is dust in the wind

All we are is dust in the wind
No hay que desperdiciar una buena ocasión de quedarse callado (Jorge Drexler: SILENCIO)

A NADIE PRETENDO COMUNICAR CERTEZA ALGUNA. NO LAS TENGO.

A lo sumo alguna conjetura, siempre desde la incertidumbre.

Hace años lo aprendí de Albert Camus. Más tarde, unas palabras de Michel Foucault volvieron a recordármelo: No hay que dejarse seducir por las disyunciones, ni aceptar acríticamente los términos del dilema: o bien se está a favor, o bien se está en contra. Uno puede estar enfrente y de pie.

"La idea de que todo escritor escribe forzosamente sobre sí mismo y se retrata en sus libros es uno de los infantilismos que el romanticismo nos legó...las obras de un hombre trazan a menudo la historia de sus nostalgias o de sus tentaciones, casi nunca su propia historia" (Albert Camus)

http://books.google.es/books?id=GiroehozztMC&pg=PA25&source=gbs_toc_r&cad=4#

PARA QUÉ SIRVE LA FILOSOFÍA. Paco Fernández.


viernes, 20 de noviembre de 2020

DREAMS

     

Eran otros tiempos, ni mejores ni peores, con sus grandezas y sus miserias, con más ilusión y menos virus. Ya se sabe, el tiempo que pasa y deja atrás esos “tiempos” se muestra indiferente ante las inquietudes humanas. No hay excusa para evadirme de mi responsabilidad: soy el asesino de mis sueños. Demasiado dura la tarea de perseguirlos, decidí, primero sedarlos, después, acabar con ellos. Aunque he de decir que me quedé con algunos. En realidad, lo que digo solo puede atribuirse a un sueño, al SUEÑO que yace inerte en el borde un verso que nunca escribí, que jamás escribiré. 

 

 


domingo, 1 de noviembre de 2020

A Javier Reverte, que también escribió sobre Albert Camus.

 Releo EL HOMBRE DE LAS DOS PATRIAS de Javier Reverte. Un relato que transita una de las patrias de Albert Camus: Argelia. Concretamente las dos ciudades en las que vivió y que fueron protagonistas de sus relatos más célebres: Argel, donde transcurrre la anodina vida de Meursault, y Oran, donde Rieux se juega la vida luchando contra la peste. La otra, fue Francia, o mejor, la lengua francesa. Pero aquí no acaba el asunto. Sin pretender corregir al maestro narrador de tantos viajes tan bien descritos, yo hablaría de una tercera patria del autor de EL EXTRANJERO: España.

 Dice Reverte: "Camus era un francés, con unas gotas de sangre española, nacido en territorio argelino, un pied-noir..".

 Tres patrias pero una única idiosincrasia. La que Camus llamó MEDITERRANEIDAD. La aludida, precisamente, por Reverte en su road movie, en su libro: una forma de vida que se nutre de la tensión entre un amor desmesurado por la vida y el dolor de existir, entre la experiencia de la mortalidad y la certeza de que la vida merece la pena ser vivida: "No hay amor a la vida sin desesperación de vivr", dice Camus. 

 


 

 

sábado, 16 de mayo de 2020

Livery Stable Blues


16 de mayo. Ráfaga de Jazz.


Livery Stable Blues, escrita en 1917, pasa por ser la primera grabación de Jazz. La Original Dixieland Jazz Band fue el grupo responsable de un acontecimiento tan transcendental para la historia de la música popular. El grupo estaba formado por: Nick LaRocca (corneta), Eddie Edwards (trombón), Larry Shields (clarinete), Henry Ragas (piano) y Tony Spargo (batería).  

La Original Dixieland Jazz Band era un grupo de New Orleans que alcanzó la popularidad tocando en el café Shiller de Chicago y el restaurante Reisenweber de New York.

Livery Stable Blues llegó a vender más de un millón de copias.

Fuente:


lunes, 6 de abril de 2020

6 de abril Ráfaga critica


Ráfagas críticas


Circula por Youtube un vídeo del profesor Antonio Campillo: 


En dicho vídeo, Campillo hace una descripción y un diagnóstico de la pandemia que nos afecta. Apunta, también, una etiología del fenómeno y formula dos imperativos que deberían regir nuestra vida post-pandémica.

Como uno lleva el veneno de la crítica en sus venas, no puede, no puedo, resistirme a la tentación de hacer un breve comentario al respecto.

Antes de comenzar, he de confesar mi admiración por quien fue mi profesor durante los años universitarios, he de celebrar el trato que me ha dispensado siempre cuando, por unos u otros motivos, nos hemos encontrado. Su trato siempre ha sido exquisito, así como su generosidad. He leído casi todos sus libros y he de decir que he aprendido de ellos. Mi ignorancia pues no tiene nada que ver con él ni con sus obras, sino con mi connatural incapacidad para la comprensión del mundo en el que estoy instalado.

Lo primero que me llama la atención es que Campillo no habla en su nombre, sino que el sujeto de enunciación de su discurso es la misma filosofía. Esto me inquieta porque soy de los que piensan que uno siempre habla desde una determinada perspectiva o instalado en una determinada tradición filosófica o cultural. El discurso nunca es neutro. No existe, al menos en las cuestiones filosóficas, un lugar reservado para los imparciales. La atalaya desde la que juzgamos, evaluamos, analizamos, etc., está apoyada en toda una serie de presupuestos que condicionan nuestro discurso y nuestras palabras –no menos nuestras acciones-

Tras calificar la situación en la que nos encontramos como una “situación de emergencia global” para lo cual se han tomado “medidas extraordinarias”, recurre de nuevo a la filosofía en tanto materia que nos permite construir mapas vitales para orientarnos en el mundo. No puedo estar más de acuerdo con él en esta función que atribuye a la reflexión filosófica, sea académica o mundana. Sin embargo, echo de menos algún comentario sobre esas “medidas extraordinarias”, sobre las cuales no hay un consenso sólido y que, en los últimos días, están siendo puestas en duda, como, por ejemplo, el manifiesto contra el confinamiento que se puede encontrar en


 Tras el diagnóstico, pasamos a la etiología. La pandemia no ha surgido al azar. Eso es evidente. ¿La actividad humana es la causa? Esto es discutible o, por lo menos, el grado de responsabilidad que hay que atribuirle. Pero la discusión no puede llevarse a cabo a partir de enunciados tan generales y abstractos como los que atribuyen la causa de la pandemia a “la religión del capitalismo” o “el poder del dinero”. El capitalismo presenta rasgos que podrían asemejarlo a una religión, secular, en todo caso, pero no es una religión. Igual que el comunismo, el consumismo o el diletantismo musical. Hablar del “poder del dinero” no es menos abstracto. Se podría pensar que el dinero es un instrumento del poder. Porque el poder utiliza el dinero y produce el dinero. Y el dinero ayuda a utilizar o producir diferentes formas de poder. La cuestión es para mí demasiado compleja como para reducir a un enunciado abstracto que simplifica la realidad.

En cuanto a los dos imperativos morales, no puedo decir sino que constituyen nuestro horizonte vital. Por supuesto que tenemos que cuidarnos, por supuesto que debemos cuidar nuestro ecosistema, el problema, y en esto la filosofía ayuda bien poco, es responder a la cuestión: ¿Cómo? 



jueves, 2 de abril de 2020

2 de abril

A propósito de una declaración del filósofo Carlos Garcia Gual: 

"Las Humanidades no han fracasado; la sociedad ha perdido el sentido de la sabiduría"

querría yo decir las siguientes palabras: 

 La sabiduría no coincide con la erudición. Hay eruditos que no llegan a ser sabios y sabios que no necesitan ser eruditos. Luego está la filosofía, que, a mi juicio, exige una cierta "erudición inútil". Inútil aquí tiene un sentido positivo, al contrario de lo que dicta un cierto sentido común. Inútil para aquellos que tiene solamente un sentido pragmático de las cosas, para aquellos que confunden utilidad y valor. ¿Cuántas cosas valiosas carecen de utilidad precisa? Las personas pueden resultarnos útiles o no, según el tipo de relación que tengamos con ellas: laboral, profesional, de amistad, etc. Ahora bien, en todas ellas hay un valor intrínseco que trasciende la historia: la dignidad. Es, precisamente, el valor sobre el que se apoya toda ética y toda moral. Además, es un valor universal que no le debemos a los griegos -que, por otra parte, tantas cosas les debemos- sino al Cristianismo, cuando formuló que "todos somos hijos de Dios". El creyente y el ateo -o agnóstico- no pueden sino coincidir en este aserto. La sabiduría o filosofía práctica no tiene sentido si no entendemos que a pesar de las diferencias que existen entre las personas, es el valor intrínseco de la dignidad el que nos une en una sola comunidad. Y se me dirá: esto es teoría, buenismo, utopía, etc. No lo niego. Pero ¿no es acaso la ética -la sabiduría- el intento permanente, constante, interminable, de domesticar nuestra naturaleza según principios que nos trascienden?