Los planes de los girófagos
Luz de ocaso vacío, nido desiertoEn las geometrías de rayo ando perdíoY eso a mí no me convieneY eso a mí me vuelve loco
(Manolo García)
Todo plan de vida está condenado al fracaso: el A, el B, el C, y el abecedario entero. Esto, a diferencia de lo que piensa la mayoría, ilustrada o no, es un motivo para el optimismo. El plan lleva en sí el estigma de su descalabro: bien porque se cumplan las expectativas, bien porque se frustren. Cuando un girófago se dedica a diseñar el futuro, el resto silba y mueve la cabeza al tiempo que traza pequeños círculos en torno al girófago que trajina con sus esperanzas y expectativas. La fuerza centrífuga del baile provoca que se difumine el mapa que fija las sendas sobre la que debe discurrir la vida. Finalizada la danza, el girófago teleológico inicia un baile en el que se imagina laberinto, Teseo o minotauro. Los demás girófagos se alejan para que vuelva a perderse en el ritmo imposible de la vida, se extravían en los bosques cercanos o cantan encaramados en los tejados de sus casas.
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